miércoles, abril 20, 2005

¿Error Ratzinger? (y otros apuntes sobre la Iglesia y sus críticos)

Apuntes apresurados.
La recepción a Benedicto XVI me recuerda a la que la izquierda dispensó a Adolfo Suárez cuando Juan Carlos I le eligió para pilotar desde el Gobierno la Transición del autoritarismo a la democracia. Si se consulta la hemeroteca o la memoria se puede comprobar que los medios de comunicación (que, dicho sea de paso, actuaban con una libertad extraña en el furioso fascismo que los sectores progresistas nos venden un día sí y otro también como propio de la época)le recibieron con aquello de "¡Qué error!¡Qué inmenso error!". Hasta se acuñó la expresión "el error Suárez". Sobre la labor del político que fue el último jefe del partido único del franquismo existe hoy en día una rara unanimidad a la que han tenido que sumarse a regañadientes hasta quienes contribuyeron señaladamente a expulsarle del poder a batacazos. Desconozco cuál será la línea del nuevo papado pero no me extrañaría nada que el fenómeno Suárez se volviese a repetir en este caso.
Otro rápido apunte.
La campaña contra Benedicto XVI emprendida por los medios izquierdistas en España ha derivado ya hacia la indignidad, la exageración más absoluta. La gente poco preparada que se informa exclusivamente con TVE, Tele-5, El País, la SER y tantos otros debe a estas alturas estar completamente convencida de que un nazi psicópata se ha encaramado a la jefatura de la Iglesia Católica. Ya he dicho en muchas ocasiones que no soy creyente, sin embargo, esta campaña me repugna. Me repugna por múltiples razones pero señalaré una. Con el Papa polaco no se atrevían ante la magnitud de su figura. Pero con Benedicto se está aprovechando para ir de lo particular a lo general: la cuestión ya no es que la persona en concreto que reinará en el Vaticano sea un funesto retrógrado sino que se trata de que la Iglesia se ha quitado, por fin, la careta y se muestra tal y como es. Se pone de manifiesto la vitalidad del anticlericalismo, la alergia que una parte importante de los líderes de opinión sienten ante la Iglesia. Sin embargo, nunca serán demasiadas las veces en que se destaque que, entre las religiones reveladas, el cristianismo, en general, puede presumir de un "progresismo", de una capacidad para adaptarse a los tiempos, que ya quisieran para sí algunas de las ideologías que tanto presumen de ello. Y resulta de una elemental justicia destacar, asímismo, la indudable e indiscutible influencia del mensaje cristiano en el camino emprendido y andado por el hombre en su historia para que hoy seamos tantos los que disfrutamos de libertad y prosperidad, creyentes y no creyentes.
Un último apunte.
Es verdad que hay algunos "ajustes" que, en mi opinión de no creyente pero no beligerante, la Iglesia romana podría realizar sin llegar a tocar los aspectos dogmáticos de su religión. Creo que, por ejemplo en el caso de España, la Iglesia disfruta de privilegios que deben ir suprimiéndose con el debido "tempo" sin que ello sea una urgencia que obligue a piruetas políticas innecesarias (la misma Iglesia ha reconocido que debe lograr autofinanciarse). Coincidiendo con un admirado compañero liberal con el que mantengo profundas discrepancias en los temas relacionados con el Vaticano pero cuyo blog "Radicalmente liberal" recomiendo, creo que la Iglesia debería distinguir con más claridad entre los mensajes destinados a sus acólitos y los destinados a la sociedad en su conjunto. Creo, también, que hay algún que otro asunto relacionado con la moral sexual que podría ser revisable, en especial lo relacionado con la contracepción. Creo, por último, que la Iglesia debería ser muy cuidadosa en no tratar de imponer por ningún medio conductas derivadas de su Fe a quienes no la profesan (como bien ha dejado dicho Juan Pablo II "proponer y no imponer". La autonomía personal en cuestiones éticas debería ser un límite infranqueable. La Iglesia puede tener la opinión que desee en relación al matrimonio pero no puede tratar de imponer su indisolubilidad a quienes no creemos en ella, por poner un ejemplo, que sería extensible a temas como la eutanasia. No obstante y dicho lo cual, creo se le están haciendo críticas que carecen del menor rigor. Y, sobre todo, creo que se está aprovechando que el Pisuerga pasa, no por Valladolid sino por el planeta Tierra, para meter en un mismo saco un montón de asuntos que no tienen ninguna relación con la intención de hacer, una vez más, la caricatura de una Iglesia totalmente inmovilista anclada en la Edad Media. ¿Qué tiene que ver la democratización interna con el aborto o los embriones congelados con el sacerdocio femenino? La organización de la Iglesia es asunto de quienes la conforman. Es muy discutible que en el asunto del aborto los retrógrados sean los católicos. La llamada Teología de la Liberación es una excusa en manos de quienes no sienten el menor aprecio por la religión católica, además de que no debía ser un engendro muy potente cuando bastó un soplido de nada para hacerla desaparecer del mapa. Las clases de religión en España es algo que tiene que ver con nuetra Constitución y nuestro ordenamiento jurídico. Su relación con el mundo gay es una disputa entre dos colectivos sociales como hay otras tantas y en la cual los Estados tendrán que dar satisfacción a la sociedad en su conjunto atendiendo a razones y a principios, no a la capacidad de hacer ruido de unos u otros. La eutanasia es un tema similar que no se puede solventar con cuatro eslóganes baratos. Los poderes públicos tendrán que responder a las demandas sociales cuando éstas sean inequívocas; lo que no se puede hacer es acusar a una religión determinada por seguir sus propios dogmas si partimos de la base de que existe una total libertad religiosa y de tratar de extenderlos en la medida de sus posibilidades. Son parte de la sociedad y tienen derecho a defender lo que les venga en gana. Quienes opinamos de otra manera tendremos que utilizar los cauces legales a nuestro alcance para lograr nuestras aspiraciones como en cualquier otra disputa política, social o moral.
En fin, que asignarle el papel de Inquisición moderna a una Iglesia que ha mantenido vivo durante dos mil años un mensaje que es la base inequívoca de la libertad de que disfrutamos -por mucho que como cualquier otra obra humana sea susceptible de crítica- me parece, simple y llanamente, un evidente ejercicio de sectarismo en que lo de menos es la verdad de las cosas y lo de más es el intento de imposición por parte de un grupo social más o menos amplio de una determinada concepción de la realidad a la que se asigna el papel de única verdad, en un ejercicio asombroso de equilibrismo dialéctico, para hacer exactamente lo que al Vaticano se critica, como si esta concepción de la realidad -humana, demasiado humana- no fuera tan susceptible de crítica y tan falible como la de la misma Iglesia. Y este ciudadano liberal por ahí no pasa.

martes, abril 19, 2005

Un nuevo Papa para la progresía

La progresía mundial cargó toda su potencia de fuego en la campaña contra Ratzinger. Los electores de la Iglesia parecen haber correspondido la deferencia como se debe. Es curioso, casi misterioso, el repentino interés mostrado por los sectores sociales más laicos, más anticlericales, por las cosas de la Iglesia. Un gran interés, sin duda, nacido de la querencia por mejorar una institución a la que si no rinden una mayor simpatía no es por su culpa, sino debido a la propia Iglesia, la cual comete el impresentable pecado de ser muy católica y amante de sus tradiciones. Además, increíblemente, la Iglesia regida por Juan Pablo II no se ha dejado dirigir por los dictadores de la corrección política, es decir, la versión publicitaria y melíflua del pensamiento nacido de esa eterna fuente de la verdad que es el marxismo (al que se ha añadido algunas pizcas muy diluidas de liberalismo democrático para hacerlo más digerible).
Me puedo imaginar que a Benedicto XVI le van a llover infinidad de sopapos, los de él y los que no se atrevieron a propinarle al Papa polaco.
Mis escasos pero distinguidos lectores saben que no soy creyente pero deben saber que también espero de todo corazón que la Iglesia católica tenga suerte en su nueva etapa porque se trata de una institución fundamental para la Humanidad. Aunque no cometeré la estupidez de pontificar acerca de lo que debe hacer o dejar de hacer una Iglesia a la que no pertenezco sí que en mi interior me gustaría ver algunas cosas en un sentido liberal. Porque si bien no soy creyente si que me considero hijo ideológico del cristianismo -consideración que extiendo al propio liberalismo- y, por tanto, sí que me siento muy concernido por cómo el nuevo Papa Benedicto pueda llevar a cabo su función.
En cualquier caso no puedo ocultar que me lo estoy pasando muy bien imaginando la cara de muchos. La carcajada se me ha escapado ante la premura del telegrama zapateril al nuevo Papa, confesión implícita de que el silencio ante la muerte de Juan Pablo II fue una colosal metedura de pata. También indica qué importa en la Moncloa: la cáscara de las cosas. Los católicos españoles se enfadaron ante la fría reacción del presidente Rodríguez ante la muerte de Juan Pablo y, claro, algunos de ellos votan al PSOE. ¡Cuanta banalidad! Así que estoy contento. Si no quieres caldo, toma siete tazas, se dice en mi tierra. Si no quieres Juan Pablo, toma Benedicto, querida progresía.

País Vasco, Carrillo, ultras y otros apuntes

Notas apresuradas:
Escucho en la tertulia de la tarde de la SER que la agresión a Carrillo y sus adláteres de la intelectualidad progresista es la primera a un político en la historia de la democracia. Y lo dice Herrero de Miñón. Hay que estar muy mal para decir eso. Mi abuela recomendaría alguna hortaliza para la memoria, seguro. En el caso de que se refiriera a agresiones de carácter fascista, qué sino eso son las padecidas por políticos de todo signo a manos de ETA y qué sino eso son las padecidas por innumerables políticos del PP a manos de la ultraizquierda en los últimos dos años del Gobierno Aznar. Hay que dejar claro, de una vez por todas, que ultraderecha y ultraizquierda son dos etiquetas de lo mismo y que, en contra de lo que se dice habitualmente, ya tiene una gran presencia electoral. Sólo que, al parecer, a muchos les parece más respetable la dictadura marxista que la de Cristo Rey. A mí ambas me ponen los pelos de punta.
Ojo, por otra parte, a este Gobierno que no disimula sus ansias por repetir la jugada de Miterrand y ayudar a la creación de un partido de ultraderecha, creyendo que así le plantea un problema al PP. Doblemente estúpida aspiración. Primero, porque, al final, la ultraderecha, como es lógico, acaba bebiendo electoralmente de los abrevaderos de la ultraizquierda y, segundo, porque en vez de hacer daño al PP, se lo hace a todo el país. Se crea el monstruo pero no se puede amaestrar.

Elecciones vascas. Mucho cachondeo en amplios sectores progres por el resultado del PP. También se han apresurado a dar por muerto el Plan Ibarreche. Evidentemente su opinión sobre la inteligencia popular es manifiestamente mejorable. Es conocido que el PSOE ha manifestado su intención -condescendiente ad nauseam- de hablar "hasta con el PP", peligrosos radicales extremistas. No acaba de verse el beneficio de que el País Vasco no disponga de una saludable opción de derecha nacional y democrática. Ese sería el pensamiento lógico desde una izquierda nacional democrática...no sectaria. La Secta progresista daría por bueno, se deduce, que España entera se hundiera en los océanos si con ella desapareciera la casposa y filofascista derecha, aunque ella misma se ahogara. Resulta repugnante que el PSOE no distinga al PP vasco con un trato preferencial, un trato que en otras circunstancias debería ser recíproco. Pero no, en pleno delirio criminal, cachondeo porque les va mal en las elecciones. Qué locura, hasta el instinto de supervivencia han perdido. Deberían apenarse. Pero ya se sabe que en esta extraña normalidad democrática todo puede pasar, incluyendo que parte de los "demócratas" prefieran que cada vez haya menos en su supuesto bando.
Y en cuanto al Plan Ibarretxe, no se entiende por qué razón está muerto, cuando la presencia nacionalista no sólo ha aumentado sino que se ha radicalizado. Seguramente el presidente Rodríguez, que está por encima del Bien y del Mal, sabrá desentrañar el dilema inaccesible al común de los mortales.

domingo, abril 17, 2005

II República: la sociedad se revela contra la propaganda (un comentario sobre la agresión a Carrillo)

Si usted tiene un agujerito con mierda tapado y lo destapa, vendrán las moscas, es inevitable. Se ha extendido por España la fiebre de los destapa-mierda y los menos legitimados para protestar por las molestias causadas por las moscas son quienes se dedican a buscar los mentados excrementos para arrojárselos a los demás a la cara. ¿Hasta dónde quieren llegar? A saber, porque hay gente en este país que no siente el más mínimo vértigo al acercarse al abismo. No lo tuvieron los ancestros en ese régimen de los años 30 que tanto reivindican y que tanto nos venden en una melíflua versión cuyo parecido con la realidad es pura casualidad y no lo iban a tener ahora sus descendientes políticos. Mucha recuperación de la memoria histórica, mucha bandera tricolor (recuérdese, la de un solo bando en un muy breve período histórico), mucha fundación Largo Caballero y Pablo Iglesias y nada, pero nada, de autocrítica o perdón (que tanto reclaman en los demás), ni bandera bicolor(la de todos en prácticamente toda la historia del país), ni fundaciones Besteiro (única corriente del PSOE contraria a la Revolución y a su frentismo "popular").
¿Para qué? Ellos a lo suyo. El País vomita una editorial en la que ni siquiera disimula: la culpa de que unos energúmenos que se dicen falangistas quieran linchar a ese prócer de todas las bondades cívicas, éticas y morales que es Don Santiago Carrillo, es, faltaría más, de F. Jiménez Losantos, C. Vidal, I. Villa y compañía. Punto. ¿Para qué más finura en los análisis?¿Verdad?¿Para qué intentar afinar un poquito más cuando sus lectores ni lo reclaman ni lo necesitan? En esta película de buenos y malos que se han montado las cosas están tan claras que ¿para qué hacerse preguntas acerca de la propia actitud, tan repugnantes como son los otros?
Durante cuarenta años la propaganda izquierdista acerca del período de nuestra historia que va desde la I República y el régimen de la Restauración hasta la II República, la Guerra Civil y el Régimen de Franco ha penetrado en nuestra sociedad como un cuchillo caliente en la mantequilla. La película de buenos y malos fue asumida por todos, incluídos los herederos del bando derechista de la Guerra Civil, o sea, los malos. Sin embargo, por primera vez, el cuchillo de la propaganda se ha enfriado y la sociedad es menos mantequilla que nunca. Cada vez más gente, también en la izquierda sabe, o al menos sospecha, que las cosas no fueron exactamente como nos las contaron los buenos: que ni la II República fue el régimen idílico que nos hicieron creer a tantos, ni el Alzamiento fue exactamente contra una democracia liberal y que, ni siquiera el Régimen del General Franco fue exactamente como nos lo contó la Secta.
Así que ¿cómo extrañarse de que la reacción ante el revival reivindicativo de la República no sea exactamente la misma que la que se ha podido ver desde los años sesenta hasta nuestros días? Es lo que tiene la democracia, y más en la era de internet: la información fluye libremente y como semilla al viento acaba por encontrar tierra fértil donde germinar. Ya no se puede esconder que el PSOE y el PCE estaban allí, eran parte, y clamaban por la Guerra Civil de la que después, cuando ya la perdían o cuando ya la habían perdido, querían abjurar y desentenderse. Y hoy, quieren ser también juez y montan sus chiringuitos republicanos y sus estatuas a Largo y a Prieto ¡estatuas, señores! ¿Cómo va a haber afición a la neutralidad en uno de los bandos? ¿Es un contrasentido o no?
Claro que hoy una parte considerable de la sociedad no quiere hacer más de mantequilla. Claro que medio país no va a seguir callado eternamente mientras los iluminados le acusan de ser o de apoyar al partido de los asesinos de García Lorca. Porque hoy, quien quiera, puede conocer qué hacían por la República los que pasaron por "republicanos" a la historia y qué es lo que por ella hacían los partidos mayoritarios de la derecha y el centro, y que fueron motejados de fascistas para la historia precisamente los que para sí se reservaron el nombre de "republicanos".
Siguen pensando estos señoritos de la Secta que con hacerse los agraviados y exhibir indecentemente sus extraordinarias virtudes democráticas ya todos nos sentiremos tocados por la mágica mano de la Verdad. Pues no. Si quieren que sus tesis sobrevivan van a tener que hacer algo más que llamar fascistas a los intelectuales que nos les dan la razón. Eso ya lo hemos visto, conocemos la vieja táctica stalinista, tendrán que probar con algo nuevo, ya no cuela. Con patéticas editoriales de su "órgano ofcial de expresión" no van a conseguir convertir otra vez en mantequilla a una sociedad cada vez más indócil. No se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo. Es sabido.

viernes, abril 08, 2005

TVE y la muerte del Papa. Una polémica

Creo interesante la cordial polémica surgida en “Radicalmente Liberal”, en su anotación "Luto por la libertad", blog alojado en Red Liberal que tengo en alta estima, acerca del tratamiento televisivo de la muerte del Papa. Publico aquí una de mis respuestas, pues fija mi postura sobre algunos asuntos. Recomiendo en cualquier caso que se visite el blog original, pues se trata de una crítica al tratamiento televisivo de la muerte de Juan Pablo II realizada desde el campo liberal y, por tanto, supone una riqueza para los que en él nos sentimos situados, coincidamos o no con ella. Llamo la atención sobre ello, porque discusiones de tanto calado no se pueden encontrar, por ejemplo, en el mundo izquierdista, como tantas veces he denunciado. La riqueza de matices del liberalismo actual es para mí un orgullo.

No era mi intención publicitar una polémica interna, ya que daba por públicamente conocido el slogan que equipara al Vaticano y al talibanismo [No Vatican/no Taliban]. Espero no haberme equivocado al respecto. En cualquier caso, yendo de lo particular a lo general, insisto en que se juzga a la Iglesia con una dureza totalmente desmedida, injusta y arbitraria. Me parece de una deshonestidad brutal comparar el hecho de que se pretenda penalizar la práctica abortiva legalmente -con lo que no estoy de acuerdo- con rebanar pescuezos a quien osa comprarse un televisor o vestirse a lo occidental. Hay que estar muy alterado por el anticlericalismo para hacer semejante cosa. Yo he escrito muy duramente contra la Iglesia respecto a su postura en el uso de medios anticonceptivos. Pero me resulta imposible encontrar cualquier parecido de esa postura que considero totalmente fuera de lugar y nulamente humanista con el talibanismo.
Respecto a la cuestión de la televisión pública diré lo siguiente. 1)Soy un firme partidario de su privatización, ya, con urgencia. 2)Nada de lo que ocurra en una situación que considero perversa de cabo a rabo puede sorprenderme. 3)Decir que el tratamiento adecuado para una televisión pública del asunto que em cuestión es equiparable al de la muerte de cualquier otro jefe de Estado no me parece muy juicioso. Constitucionalmente, los católicos de este país tienen derecho a un tratamiento de la muerte de su líder, digamos excepcional. No es el momento para la objetividad informativa, por otra parte difícil de alcanzar incluso en la normalidad más absoluta. Es el momento del homenaje, tan sencillo como eso. ¿Por qué? Muy sencillo. Cuando se elaboró la Constitución que -toda ella, no sólo lo que nos gusta- nos permite mantener esta discusión en total libertad, católicos y no católicos pactaron un estatu quo que innegablemente supone una serie de privilegios, pero no fue a cambio de nada. La historia tiene su peso. Después de la terrible experiencia de la II República, después de una terrible Guerra Civil, después de cuarenta años de un terrible autoritarismo, lo lógico es que se pactara una situación que impidiera que los sangrientos sucesos del pasado se repitieran. El producto tal vez, a los ojos de la razón, a los ojos de liberalismo, no sea el ideal. Pero, en mi opinión, un liberal lo primero que tiene que ser es demócrata y luego legalista. Muchos podemos aspirar a incrementar el grado de aconfesionalidad de nuestra democracia, e incluso, hacerla derivar hacia los idílicos campos de la laicidad. Sin embargo, no podemos, ni debemos, hacerlo sin el acuerdo social que se requiere para ello y que debe ser al menos, tan amplio como el que tuvo y tiene la actual Constitución. Y dudo mucho que, en el momento actual o en el corto o medio plazo, eso pudiera lograrse porque por mucho que le duela a nuestros espíritus libres de la "histeria católica", los católicos disponen de una fuerza social que ya quisiéramos nosotros, minúsculos como somos. 4)Pasado el momento del homenaje al que tienen derecho -en mi opinión- los muy mayoritarios católicos de este país, mucho me temo, que no habrá ningún problema en que los que algunos echan ahora tan en falta se vuelvan a hacer amos y señores de nuestra televisión pública, la cual, supongo que nadie ignorará, está en manos de un sector sociopolítico nada afecto al catolicismo y más bien hostil a él.

miércoles, abril 06, 2005

La Secta se venga de Juan Pablo II (y se convierten en enanos)

Mi entorno está rebosante de indisimulado regocijo. Muerto el perro se acabó la rabia. Lástima que esta rabia tenga dos mil y pico años y que vaya a ser difícil de matar, según se infiere de su longevidad.
Dejar el culo pegado al escaño es innegablemente un derecho. Ser un perfecto maleducado, mientras no se transgreda la ley, también. Ser incapaz de distinguir entre la firmeza en las propias convicciones y el respeto a las de los demás tampoco es ilegal pero denota un sectarismo a prueba de bomba. En este país son legión los que arrastran imaginarias cuentas pendientes.
Estoy cansado de escribir contra la Secta y, sin embargo, qué remedio queda. Demasiados entienden la democracia a la contra. Demasiados (también fuera de la Secta). Pero su indisimulada alegría por la muerte de Juan Pablo II les explotará, les explota ya, en la cara. Su pequeñez, su mezquindad en la hora de esas ridículas venganzas será cada día más evidente. Al ocaso, heroicamente, con las venas de sus ojos a punto de estallar, con las ventanas de sus narices abiertas al límite buscando el aire que calme el pulso acelerado de su corazón, retiran la estatua del General que les arrumbó allí abajo, en los pies de página de la historia. Ese General que tanto desprecian se debe estar partiendo de risa con la patética venganza. Pues bien, después del ensayo, el Destino les da otra oportunidad. Pues bien, demostrado queda que le han cogido el gusto a vengarse de quienes les han vencido... uno vez muertos los vencedores. ¡Y qué venganzas! "Pues ahora no me levanto, chúpate ésa".
Le imagino a él, sin embargo, tendiéndoles su mano, sonriéndoles, perdonándoles, llamándoles con la imbatible razón del amor verdadero, el amor por el hombre, por todos los hombres, por cada uno de los hombres, y en cada uno de sus gestos volviéndoles más y más pequeños. ¿No se reducen a la categoría de animales gregarios quienes sólo ven hombres de verdad en quienes comparten su carnet? La grandeza de quien no teme frente a la pequeñez de quien no tiene a qué agarrarse. Porque ¿qué sustento para el alma son cuatro esloganes, dos medias verdades, tres mitos zarapastrosos, una colección de grandísimas palabras, tan grandes como huecas, y muchos odios, todos los odios del mundo, porque no soportan ni al ser humano ni a sus obras quienes están por encima de todo y de todos, quienes con ridícula grandilocuencia y ninguna humidad se promocionan y se venden como los buenos, los razonables, los salvadores de los humildes del mundo. Y no admiten competencia. Así que el culo bien sentado, bastante es que se queden calladitos porque -se ha argumentado hasta la saciedad- podían haberse puesto a producir pedorretas, o pancartas, o camisetas, o risas, que es lo que verdaderamente le producen los ritos católicos. Su sentido del respeto para quien no piensa como ellos, para quien se aleja del dogma verdadero, no da para más. El Papa como hereje, traficante de opio para ese pueblo al que envían a la Revolución pero del que escapan en cuanto pueden para esconderse en sus chalets de la Moraleja.
Cómo cansa, realmente cómo cansa. La Secta, en España, anda desmadrada. Y uno, que quisiera meditar y escribir sobre otras cosas, tiene que intentar desenmascarles un día sí y otro también. Qué remedio. Son las ciscunstancias que nos ha tocado vivir, qué le vamos a hacer. Obligación moral, histórica. En otros tiempos habría que coger el fusil. Hoy armamos el blog y disparamos palabras contra ese regocijo enfermo, contra esa miseria hipócrita, contra ese veneno que inoculan sin descanso allí donde llegan y llegan a mucho. Una vez más lo digo, necesitamos un pensamiento de izquierdas elevado y digno y tenemos, en cambio, una resentida multinacional de la demagogia, una Secta de la insustancialidad.