viernes, junio 10, 2005

España, qué extraña sensación...

He estado un tiempo enfermo. La enfermedad provocó en mí esa especie de pasividad de espectador que muchos conocerán. De ahí a la alucinación hubo solamente un pequeño pasito. ¿Es real todo esto?, me he preguntado cada mañana. Mis problemas personales se fundían con los colectivos. Incapaz casi para concentrame en la lectura, el dolor me dejó a merced de la radio y la televisión. Las muchas horas de sofá y albornoz me permitieron una observación del mundo diferente de la habitual. Diferentes niveles de realidad a mi disposición, como en el mundo virtual, ventanas de microsoft, por así decir.
De una emisora a otra y de una tele a otra, y también la ventana a la calle física, la de los repartidores de esto y aquello, la de la cafetería de la esquina, la de las conversaciones en la puerta de la pequeña tienda de "ultramarinos" situada en el bajo de mi edificio: piezas que por separado dicen cosas diferentes en el momento en que se las une. ¿Es real todo esto? No me ido al otro lado de la galaxia, no he hecho un largo viaje temporal, estoy en mi casa de siempre, no me he movido ¿por qué, entonces, esta sensación un poco absurda?
He visto la vida transcurriendo a mis pies: nadie reclama que Europa avance hacia ningún lugar en concreto, a nadie importa lo más mínimo que Francia se haya puesto en plan nacionalista y que Holanda le haga pedorretas a los planes euromasones de Monsieur Giscard, don Valerio. Sin embargo, los medios viven apasionadamente la cuestión. Qué raro.
Los políticos parecen boxeadores sonados ¿por qué nos hacéis esto a nosostros, que sólo queremos vuestro bien?, parecen decir, desconsolados, al pueblo que no sabe lo que hace. Los nacionalistas del norte italiano, los nacionalistas son iguales en todas partes, han visto en el euro la oportunidad para ponerse estupendos y saltan con que viva la lira. Y la gente, erre que erre, ni caso. El gran fracaso europeo parece que no se vive como un gran fracaso por los europeos, qué raro. ¿Querrán los europeos una Europa diferente de la que sueñan sus oscuros representantes en las caras moquetas de Bruselas y Estrasburgo? Todo el mundo sabe que sí.
Los plurales españoles andamos más interesados por nuestras cosas, como se demostró cuando nos preguntaron por el engendro constitucional, el cual aprobamos con un entusiasmo más bien delgado y un poco por no dar problemas y seguir estirando algo ese maná de la UE que hemos disfrutado en los últimos años y que ya se está acabando. Nuestra capacidad de apasionamiento político, que es mucha, apunta a otros asuntos: la cuestión nacional, ETA, el 11-M. Aquí la calle se parece más a los medios. Hay chicha, se debate, en la familia, en el trabajo. Pero los medios... parecen hablar de países diferentes.
Escuchar la SER, por ejemplo, se ha convertido en la versión moderna de irse a un convento. España vive un gran momento, por fin tenemos democracia, se ha acabado la crispación, la economía va viento en popa y a toda vela, se están resolviendo los problemas provocados por siglos de gobiernos de derechas, se va a acabar con ETA y hasta van a heredar la Corona las mujeres. Según la SER no hay ninguna crispación social, nada que vaya más allá de cuatro dirigentes ultras del PP, los casposos obispos y sus terroristas mediáticos, lo cual no es ningún problema porque los buenos ciudadanos españoles de derechas están muy distanciados de sus dirigentes ultras, las iglesias y los seminarios están vacíos y Federico y César sólo son un detalle pintoresco del cuadro a quien nadie hace mucho caso. Además, es sabido, el PP es uno y todos los demás son... todos los demás. Qué raro.
Sin embargo, yo diría que sí pasan cosas, muchas.
El país de las maravillas ZP resulta una invención evidente y hay que estar muy fanatizado para creérsela. En algo de tanta trascendencia como la concepción que un país tiene sobre sí mismo, España se ha partido en dos. Existe una preocupación generalizada en el centro derecha nacional y en buena parte de la izquierda acerca de la posición de poder alcanzada por los partidos nacionalistas que aspiran a la desmembración de la nación, ya sin disimulo, lo que sienta una gran diferencia respecto a su actitud de otros tiempos. Y eso no es como la Constitución giscardiana, no. Eso duele de verdad, eso se vive con gran angustia, sobre eso no hay indiferencia. Las ventanitas de la realidad, la cafetería, la panadería, el colmado, el garaje lavacoches, transpiran una preocupación sincera, intensa, vital.
España está en cuestión, diga lo que diga la SER; los independendistas gobiernan el presupuesto de la nación a la que quieren echar el cierre, por mucho eufemismo que el oficialismo progresista utilice para aguar el vino con que se quiere emborrachar y anestesiar sentimientos que hunden sus raíces muchos siglos atrás; es cierto que no estamos en una guerra balcánica pero se me hace difícil creer que España se pueda ver amputada de partes tan fundamentales como Cataluña y Vascongadas de una manera indolora e incruenta. Así que no me digan que no pasa nada.
Por la ventanita he visto también estos días que la pérfida COPE y el manipulador "El Mundo" ha convencido a medio país de que ZP anda en oculto cortejo con ETA. La izquierda suele considerarse la verdadera representante del pueblo pero tiene una opinión de sus conciudadanos muy mejorable: siempre han creído -contra toda evidencia- que se puede convencer a cualquiera de cualquier cosa.
No se puede convencer a medio país de que este Gobierno nuestro anda en oscuras coyundas con ETA y Batasuna si no hay nada de nada.
El presidente, que además de sus posiciones ideológicas, tiene una personalidad muy obvia para quien quiera verla donde hay un componente muy significativo de infantilismo, nos ha mostrado a todos, sin acordarse de disimular, que sería el tipo más feliz del mundo si ETA dejara de matar y que cree poder conseguirlo.
El drama, más allá de los muchos aspectos de la cuestión comentados en todas partes, es que hay una convicción terrible en esa creencia suya: ETA está equivocada en su actuar pero algo de razón tiene en el fondo. Así se deduce -fácilmente por otra parte- del lenguaje empleado por nuestro primer ministro: conflicto político, paz, final dialogado, oportunidad para...Es este PSOE un partido convencido de que la tensión territorial de España ha sido generada por... España, especialmente, pero no sólo, sino -sobre todo- por la derecha española que ha gobernado desde siempre. Es este PSOE un partido convencido de las políticas de apaciguamiento: las concesiones al nacionalismo darán como fruto su "encaje" definitivo en el marco constitucional. Es este PSOE un partido convencido de la existencia de derechos nacionales de partes de España con mayor legitimidad que los derechos nacionales de España sobre sí misma porque, uno, España como nación es una idea discutible y por determinar y, dos, su territorio ha sido alcanzado por la fuerza y la imposición sobre otras nacionaes preexistentes. Es este PSOE un partido que, además y muy intensamente, desprecia la misma idea de España, apuntándose a un internacionalismo, cosmopolitismo de pacotilla, cuando afecta a lo español y a un nacionalismo muy militante cuando se trata de las pulsiones antiespañolas. Este complejo evidente ha sido percibido por fin por ETA y está dispuesto a explotarlo. Hambre y ganas de devorar, que no me digan que no está pasando nada porque sí está pasando.
9 semanas de enfermedad, dan para mucho y, claro, en esta España nuestra sería raro que uno no se levantase de la cama tras un período así y no se viera inmerso en pleno proceso electoral. Para más inri esta vez se trata de mi "nacionalidad histórica". De esto hablaré en un próximo artículo. Pero diré alguna cosa.
Si el PSOE consigue otra comunidad autónoma y en ella tiene una influencia el nacionalismo como la que se puede observar en Cataluña -o incluso mayor- todo lo comentado en estos párrafos se vería incrementado o por lo menos consolidado. Por primera vez las elecciones gallegas tienen una dimensión nacional. Qué raro.
Ojalá los gallegos no seamos tan negligentes de darle otro monstruo de pesadilla a nuestra vieja patria. La tragedia es que la alternativa no puede ilusionar a nadie. La verdad es que empiezo a estar más que harto de tener que votar con las narices tapadas. El PP se ha pasado mucho de la raya no habiendo hecho la sucesión de Fraga, lo que en las circunstancias actuales puede significar una auténtica tragedia para el país. Su responsabilidad es enorme: ha sido un comportamiento totalmente antipatriótico. ¿Qué raro? Tal vez no tanto, el gran partido del centro derecha español deja muchísimo que desear en muchísimas cosas.
En fin, que no hay como una convalecencia para reafirmarse en esa extraña sensación de irealidad que produce el mero hecho de haber nacido en este extraño país llamado España.

4 comentarios:

narpo dijo...

Welcome back.

¡Ya era hora! ;)

Nomotheta dijo...

Excelente exposición. Espero que estés del todo recuperado....y que se recupere también España.

Anónimo dijo...

¿Cómo se puede justificar desde un punto de vista liberal la negación del derecho a decidir por si mismos a un pueblo como el catalán o el vasco?

Que conste que no soy ni de un lugar ni del otro pero este tema me plantea una contradicción bastante intensa...

Muchas gracias y felicidades por su escritura

Gladstone dijo...

Siento mucho decirlo, pero no hay liberales en España, sólo socialistas/socialdemócratas y la derecha religiosa y autoritaria.

Es bastante incongruente llamar liberal a un blog que defiende la iglesia y niega cualquier derecho de autodeterminación a los catalanes y vascos.

Me gustaría poder votar a un partido en España que ni defiende políticas económicas obsoletas y el poder de los sindicatos, ni que se obsesiona con el Papa y los homosexuales. Sigo buscando...