viernes, junio 10, 2005

La educación en España. Una dramática paradoja.

Paradoja dramática: vemos muchas noticias en los medios acerca del catastrófico estado del sistema educativo español y, sin embargo, de la evidencia no se sigue un verdadero debate colectivo en busca de soluciones. Hay un consenso generalizado respecto a que nuestro aparato nacional de formación hace aguas por todas partes. La consecuencia lógica, lo que dicta el sentido común, es que los dos grandes partidos españoles con posibilidades reales de gobernar, y que representan a cuatro quintos del cuerpo electoral, uniesen sus esfuerzos y elaborasen un gran plan a largo plazo para salvaguardar uno de los pilares fundamentales sobre los que se asienta el futuro de cualquier nación. Este hecho ni se produce ni hay esperanzas de que vaya a producirse en un plazo cercano.
Se trata de una de las grandes tragedias nacionales pero como no provoca las grandes convulsiones electorales que sí generan otros asuntos patrios se le deja ahí, en las páginas de sucesos de los media, junto a las noticias de los atracos, los alijos de drogas, la desarticulación de redes de prostitución o las bandas juveniles.
Provoca algunos respingos en el personal, algún que otro resignado movimiento de cabeza en quienes son vagamente conscientes de la gravedad del problema, pero poco más.
Los más preocupados por la cuestión, los que sabemos que la ciudadanía tiene aquí uno de los motivos más fundados para muchas manifestaciones de esas de cientos de miles participantes, miramos a nuestro alrededor con la esperanza exhausta. Mucho escándalo cuando un par de adolescentes se cosen a navajazos en un instituto, mucho rasgarse las vestiduras un par de días y chao, eso es todo hasta la próxima ocasión.
Asistimos con pasividad suicida a un goteo impresionante de noticias que apuntan coincidentemente en la misma dirección pero el gran debate nacional y, sobre todo, la búsqueda de soluciones, siguen aplazados. Es una pasividad suicida real, no metafórica.
Vemos como nuestro futuro se cuela por el sumidero y o no hacemos nada o, peor aún, le meamos encima no se entiende bien con qué objetivo, a no ser que, como sociedad, hayamos renunciado a agarrarnos al instinto de supervivencia y nos hayamos entregado, definitivamente, al más devastador nihilismo social.
Es imposible ya llevar la cuenta de las noticias que nos dibujan este dramático cuadro: un día nos encontramos con el estado deplorable de la salud mental de los profesores, de su incapacidad para afrontar las circunstancias; otro día nos encontramos con un estudio internacional y resulta que los alumnos españoles tienen un nivel de conocimiento patético, muy lejos del nivel que tenemos como nación desarrollada del primer mundo; otro día nos encontramos con noticias de violencia entre alumnos, el famoso acoso a un adolescente que acaba suicidándose; otro día peleas o extorsión de bandas juveniles; otro día violencia física contra los profesores...
Al mismo tiempo, en cada segundo, en el hogar, en el trabajo, en el grupo de amistades, en la familia y, también, naturalmente, en cualquier espacio público, empezando por los medios de comunicación, tenemos un ejemplo de las graves deficiencias formativas que padecemos, mayores cuanto más jóvenes: desde la total incapacidad para escribir sin faltas de ortografía, hasta la inferioridad absoluta en materia de idiomas con los países de nuestro entorno; desde el proceso acelerado de degradación de las normas más elementales de urbanidad, hasta la más absoluta y generalizada ignorancia en lo tocante a la vida pública (ideologías, instituciones, historia reciente...).
No dejo de preguntarme cómo podemos actuar de este modo; no dejo de cuestionarme acerca de esta locura colectiva; y, sobre todo, no dejo de interrogarme sobre esta culposa y negligente dejación en nuestras responsabilidades históricas. Estamos condenando a nuestro país, [que es nuestro sólo en calidad de usufructo, porque mañana será de nuestros hijos, quienes, a su vez, habrán de dejárselo en las mejores condiciones posibles a sus herederos (esto significa para mí el concepto de patria)], como si se diera ya todo por perdido, con la actitud del condenado a muerte que ya está más allá de las cosas de esta tierra.
España puede presumir de ser una nación exitosa en muchos parámetros en el último medio siglo. El franquismo tuvo éxitos económicos y sociales al coste de la libertad. En democracia el país supo abrirse al mundo e instaurar un período de libertad y progreso prácticamente sin parangón en su historia. Sin embargo, España corre el peligro de creer en que esto se ha logrado como por generación espontánea, lo que nos acercaría al vértigo del espejismo histórico.
En estos cincuenta años de progreso constante hemos perdido también algunos haberes por el camino. El desprestigio intelectual del autoritarismo provocó un vendaval pendular que nos ha llevado a un corrimiento conceptual aparentemente leve, pero trascendental: el desprestigio del autoritarismo (identificado con el franquismo por el paradigma intelectual dominante desde los años sesenta, el izquierdismo en cualquiera de sus grados, particularmente imperial desde la victoria en círculos intelectuales del sesentayochismo) se extendió hasta la mera autoridad.
El hedonismo combinado con el nihilismo, herencia del hippysmo y la presunta revolución del flower power, ha ido minando la base de una pedagogía del esfuerzo que ha ido siendo substituida por otra basada en el juego, la pedagogía del aprendizaje lúdico.
Estas líneas, aquí expuestas muy someramente, han impuesto sus reglas en buena parte del mundo occidental, pero en España su daño ha sido más intenso que en cualquier otro lugar. Ello es debido, en mi opinión, a factores relacionados con nuestro carácter de país milagro, por un lado, lo que fomenta la falsa impresión de que todo nos irá bien siempre, sin que seamos capaces -como nación- de percatarnos de que estamos olvidando las razones por las que se ha dado ese milagro español y que son previas a las actuales circunstancias; y, por otro, debido a que el paradigma dominante en la intelectualidad española padece de forma muy intensa algunos complejos. Entre éstos destacan la escasa intensidad de la oposición al régimen franquista, cuyo líder murió en la cama, de pura ancianidad y con un sólido apoyo popular; y la inexistencia de una versión autóctona del hiperprestigiado "mayo francés", tanto como la ausencia de un amplio movimiento contracultural como los que triunfaban en Estados Unidos, Holanda, Reino Unido y otros países del primer mundo y que desde aquí se veían con arrobada admiración e indisimulada envidia.
El franquismo impidió que en España estos movimientos tuvieran una amplia repercusión, así que como una ola tardía, y cuando ya no significaban nada en casi ningún sitio, vivieron aquí su esplendor con formas muy cambiadas pero aún reconocibles. Toda la transición sirvió a este empeño de socavamiento de una pedagogía del esfuerzo con un papel determinante de la autoridad con capacidad sancionadora y disciplinar. Empezó ya antes de la democracia, se instauró como política de Estado con los gobiernos de UCD, llegó al paroxismo con los del PSOE felipista, y se mantuvo sin más durante la época de José M. Aznar al frente del poder ejecutivo. Ha sido una política nacional en sentido estricto y el intento de la Ley Castillo a muy última hora no puede ni siquiera matizar este veredicto. En ocho años de gobierno liberal-conservador no se hizo el menor intento de corregir una situación que era muy evidente para casi todo el mundo y mucho más para quienes observan la realidad desde una perspectiva de centroderecha.
Llegado este punto cabe preguntarse acerca del papel de la ideología y de la política de partidos en este gran desastre nacional que es nuestro sistema educativo. Y más allá de las declaraciones, más allá del discurso público de los partidos políticos españoles, y ahora que ya hemos tenido gobiernos de signo político muy diverso, lo cierto es que la acción del Estado en materia educativa parece haber apuntado en una sola dirección: se ha rebajado el nivel de exigencia; se ha incrementado la masa de estudiantes hasta el absurdo; se ha permitido la pérdida de autoridad disciplinar del profesorado; se ha rebajado el prestigio profesional de los profesores y los títulos que se expiden; se ha rebajado el nivel de formación de los profesores a ojos vista; se ha fomentado un sistema educativo en que lo público pierde grados de excelencia a velocidad de vértigo; se ha buscado la manera de que la educación privada no escape al control estatal, la concertación, que impide su auténtica independencia y le hace presa fácil para el contagio de los mismos problemas e insuficiencias que la educación pública.
A día de hoy no existe un verdadero debate público entre dos concepciones educativas, más allá de los matices. El partido que presuntamente defiende los ideales liberales ni se ha planteado propuestas elementales como el cheque escolar.
En el campo de la izquierda, como en tantos otros asuntos, la educación vive atrapada en una telaraña de indefinición, desconcierto ideológico, populismo y demagogia barata. Es especialmente preocupante el caso de la izquierda porque son muchísimos los profesionales de la educación situados en este ámbito ideológico que son plenamente conscientes de que tiene que ponerse fin a los experimentos tipo "LOGSE" y sin embargo no acaban de decidirse a entonar un "mea culpa" y dar un golpe de timón.
La derecha representada por el PP parecía haberse decidido a hacer algo en un sentido conservador con la Ley Castillo que no pudo desarrollar en la práctica. No es el ideal desde una óptica liberal pero era mejor que seguir haciendo como que no llueve porque no sólo llueve sino que nos está arrasando un huracán y hay que ser muy cazurro para ponerse el bañador y salir a ponerse moreno.
En otra ocasión escribiré acerca de lo que personalmente considero deseable en cuanto a la educación se refiere, pero no era ese el objeto de este artículo. Hoy, ahora, se trata de denunciar la pasividad de nuestra sociedad con esta cuestión abierta y sangrante. Es injustificable, es inmoral, que dadas las circunstancias en que el sistema educativo español se encuentra, lo que se le ocurriera hacer a este gobierno absurdo que nos ha caído en suerte, sea insistir en la línea de la "LOGSE", en una línea que ha fracasado y que todo el país sabe que ha fracasado y que cada momento que se pierde sin corregirla supone un incremento de su fracaso. Repugna al sentido común y tienen que ser legión los profesionales de la educación ideológicamente adscritos a la izquierda que no lo comprendan y no lo compartan. Su pasividad es una pasividad criminal: están asesinando nuestro futuro.
El PP debe convertir la educación en una de sus grandes batallas y debe trabajar en un proyecto serio y claro sobre la materia para cuando vuelva al gobierno. Debe provocar un gran debate nacional y debe convocar a todos a participar en la creación de este proyecto. Y debe intentar por todos los medios atraer a este gran debate nacional a todos los sectores de la izquierda que no comparten el espíritu de la "LOGSE" para que hagan sus aportaciones.
Y el PP debe, además, y ahora que no está preso de las necesidades siempre difíciles provocadas por la labor gubernamental con más fundamento, hacer una gran labor de concienciación y hacer lo posible porque la sociedad española comprenda lo que nos jugamos con esto, lo dramático de la situación, y lo desesperadamente urgente que es para España el detener el deterioro de su sistema educativo. No es una obligación de partido, es una obligación patriótica. No hacer nada -que parece la decisión de este Gobierno alucinante y alucinado- no es una opción.
La paradoja dramática es que casi todos lo sabemos.

10 comentarios:

islote dijo...

Los frutos más rentables para los poderes a la hora de recolectar son los tontos.
Un tonto es muy util manejado convenientemente, en politica, sociedad, consumo, religion, etc.
Por eso no cejan de sembrar.

Wonka dijo...

Estoy totalmente de acuerdo con el análisis. Lo que me temo es que no somos tantos los que estamos dispuestos a decirnos las cosas con tanta claridad. Llueve, vaya si llueve, diluvia, pero las gotas nos resbalan por la capa coriácea de indolencia y pensamiento mágico ("país milagro") que nos hemos colocado. Otros países ya se la han quitado y algunos (Japón, China, otros países asiáticos) nunca la han tenido. Así nos va a lucir el pelo en el futuro.

Anónimo dijo...

http://www.uib.es/premsa/novembre00/dia-22/284242.htm

Anónimo dijo...

La izquierda domina la educación a todos los niveles. Al nivel más alto de influencia y de poder siguen contemplando el experimento social que emprendieron en su día. Observan en "plan científico" y hacen los cambios que les parece como respuesta a lo observado. Tienen las riendas del sistema educativo y se dedican a lo que les gusta sin la más mínima consideración: padecen de la fatal arrogancia y nada les hará ceder por las buenas, lo han demostrado a satisfacción. Creen que tienen derecho por encima del de los padres, sólo basta leer cualquier cosa o escuchar con atención las consignas que pasan a los de medio pelo..

En el segundo nivel, el del profesorado de izquierdas, numerosísimo, están obnubilados. Ven el lamentable fracaso del sistema y que cualquier cambio va exactamente en la dirección equivocada. Sin embargo, obedecerán porque su extravío está en los principios: creen que el igualitarismo es la orientación correcta de la enseñanza y que no se ha encontrado la fórmula para que este sea compatible con la transmisión de conocimientos. Ni se les ocurre criticar el paternalismo básico de la enseñanza obligatoria ni su igualitarismo. Se ven como una élite para educar al pueblo una gran mayoría. Estos han llegado a ver con alivio la LOCE del PP porque estaba lo suficientemente bien diseñada (desde el punto de vista de estrategia política) como para no obligar a este numerosísimo grupo a oponerse: les obligan, no les gusta, pero "tampoco es tan malo". Estaban encantados. Con los sociatas en el poder, el sectarismo se impone y, no lo olvidemos, son gente extraordinariamente obediente a sus líderes, aunque los aborrezcan.

Existe un grupo de "mandos intermedios", muy influyentes, para asegurar el control de la élite: los psicólogos y psicopedagogos. Las leyes fueron diseñadas para darles toda la influencia posible. Piensan exactamente igual que la élite y son clientes suyos: no tendrían trabajo en un sistema educativo más sensato.

El debate no existirá porque está obstruido por la élite de la izquierda. Una prueba de ello es que el PP, en efecto, tenía una aplastante colección de encuestas que apuntaban a que la opinión mayoritaria del profesorado y de los padres estaba a favor de los cambios en la dirección de la valoración del esfuerzo y de la transimisión de conocimientos, pero tenían siempre un aire de clandestino, de haberse realizado con un, digamos, exceso de confidencialidad, que se les preguntaba a los profesores demasiado en la "intimidad". La consigna era que estaban falsificadas y eran opacas.

Por cierto, hay mecanismo muy sutiles para "avisar" al profesorado adicto de que no debe moverse. Por ejemplo, la publicación en los diarios de artículos y entrevistas claramente falaces. Repito, claramente. No hay nada que amedrente más que la descarada construcción de una falacia diseñada para defender los "principios fundamentales del movimiento". Cuanto más se nota más claramente indica que están dispuestos a todo para preservar su posición de privilegio y que no dudarán en emplear a sus "mandos intermedios" para lo que haga falta.

Dodgson

Xabier Cereixo dijo...

Lo que yo digo: es un tema sobre el que existe una amplia coincidencia y que, sin embargo, ahí está, pudriéndose y empozoñando nuestro futuro como país y, por tanto, nuestro futuro como individuos.

Anónimo dijo...

La izquierda nunca renunciará a controlar la educación desde el estado ni permitirá que se le arrebate ese control al estado. Ahí fue donde estuvieron a punto de plantarse en 1978.

La educación, a su juicio, sirve ante todo para colonizar las conciencias. Todo lo demás es secundario. Si llega la violencia, la in-empleabilidad de bastantes o algo peor, mala suerte. Pero mala suerte para todos, no solo para ellos.

Me alegro de que te encuentres mejor. -Naixin.

Roberto Iza Valdes dijo...
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Roberto Iza Valdes dijo...
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Roberto Iza Valdes dijo...
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Iza Firewall dijo...
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