lunes, julio 04, 2005

El 4º Poder en España: entre zombies y vampiros

El otro día en la tertulia económica de Colmenarejo y Urbaneja en Onda Cero se me apareció muy claro el motivo por el cual esta cadena de radio siempre estará donde está, o sea, más cerca del batacazo final que de la recuperación milagrosa. Se comentaba el “coup” catódico del Gobierno del Presidente Rodríguez quien, con desvergonzado desparpajo, y a la clásica manera de los caciques, pagó los servicios prestados al Gran Hermano Polanco, sin disimulo alguno ante la sufrida, estupefacta y un poco tonta Nación española. Esta tertulia, cuyos componentes –los más de ellos- presumen de liberales, zanjó el tema con cuatro frases deslabazadas que se podían resumir en la idea de Urbaneja de que en este asunto lo que se necesita es transparencia judicial. Literalmente. Punto pelota. Nada que criticar. Nada que valorar. Nada de que lamentarse. Un minuto y medio para solicitar humildemente transparencia judicial en uno de los actos más repugnantes que yo le recuerdo a Gobierno alguno en este país en el período democrático.
Conclusión obvia, inevitable: órdenes de arriba. Los dueños de la asombrosa cadena menguante están cogidos ya se imaginan ustedes por dónde y ante este patético y antidemocrático espectáculo de un presidente de Gobierno pasándose los intereses generales por el forro de sus caprichosos para favorecer los intereses particulares de su valedor mediático no han acertado a decir nada, lo que se dice nada, porque estaban silbando al empedrado celeste.
A la distinguida tertulia se le ha puesto cara de Comité Independiente de Sabios Televisivos y ahora que me acuerdo no debe ser casual que Urbaneja formara parte de uno muy famoso que ya sirvió convenientemente al presidente Rodríguez al adornar con una flor en forma de voto particular un dictamen con un valor moral a la altura del papel higiénico.
¿Qué se espera en esta Zona Cero de la catástrofe mediática española del presidente Rodríguez?¿Suavidad en el golpe o pisto sabroso?¿Miedo de la capacidad de destrucción gubernamental o esperanza en su infinita generosidad para con los que se portan como es debido?
De esta anécdota es fácil extraer una consideración más amplia. Con raras excepciones –ninguna de ellas en la izquierda, por cierto-, los medios de comunicación españoles han llegado a un nivel de docilidad que hace saltar las lágrimas. Entre los que quieren una tele, los que aspiran a una frecuencia, los que mendigan una subvención, los que están conectados a la respiración artificial de la publicidad institucional, los que son indiscernibles del partido en el poder, o los que simplemente sueñan con ser invitados a cenar a la Moncloa, el panorama español del 4º Poder parece una película miedo de zombies medio de vampiros.