lunes, septiembre 05, 2005

Katrina ¡que alegria le has dado al antiamericanismo rampante!

¡Qué miseria moral que se esconde detrás de ciertas posiciones que con un poco de imaginación podemos calificar de "ideológicas"! ¡Qué difícil de entender se hace! Mis familiares, mis amigos, gente buena que quiero, conozco y trato y que están estos días diciendo cosas que me avergüenzan como ser humano. ¿Quién no ha oído estos días comentarios del estilo de "qué sufran lo que sufren otros todos los días" o "qué paguen su petulancia y su soberbia"? ¿Quién no ha oído "si no fueran negros y pobres los habrían salvado"? ¿Quién no ha oído "a Bush le importa un pito lo que le ocurra a la gente porque lo que le interesa es ir por el mundo haciendo guerras a los indefensos? Y la cuestión de las armas ¡mamá! Casi todos los que hacen este tipo de comentarios -insisto, mi gente, no lejanos políticos- añadirán la coda de "lo siento por la gente pero me alegro por el país", como si se pudiera disociar una cosa y otra.
El antiamericanismo se ha convertido en una idea que fanatiza a la gente hasta extremos casi inexplicables. Sólo casi, claro. Es fácil de comprender que un sentimiento de esa naturaleza no nace por generación espontánea y que hay quien lo explota. Más concretamente se ha convertido en una de las bases fundamentales del corpus político de casi toda la izquierda, buena parte del considerado “centrismo” y una porcentaje no pequeño de la derecha, es decir, se trata de algo firmemente instalado en la política europea.
Vengo sosteniendo desde hace tiempo una idea que quiero compartir aquí. Un significativo sector de la izquierda es profundamente antisistema, a pesar de las apariencias. Ha aceptado el sistema capitalista por la sencilla razón de que éste se ha impuesto por sí solo, por la fuerza de la gente, por la fuerza de la historia. Pero desde un punto de vista ideológico, es evidente que subyace un odio furibundo al capitalismo, un odio disfrazo, un odio vergonzante, pero odio al fin y al cabo.
El sindicalismo autodenominado “de clase” odia al empresariado con más bien poco disimulo y huelga decir que el empresariado es una pieza básica del sistema.
La socialdemocracia no deja de anunciar a los cuatro vientos que su objetivo es la “redistribución de la riqueza”, “la creación de trabajo”, la "conservación y desarrollo del Estado del bienestar”, por citar los ejemplos más obvios, todos ellos muy claras muestras de que su aprecio por las potencialidades del sistema capitalista es mínimo.
El ecologismo no deja de recordarnos que corremos hacia nuestra destrucción y la de nuestro planeta porque nuestro sistema de producción es incapaz de comportarse con sentido común: el capitalismo es la creación material de nuestros impulsos suicidas, en su mente.
Los fanáticos del mestizaje cultureta, los amigos de todo lo que no sea cultura de raíz cristiana, de cualquier tribu africana que eduque a sus hijos en un feliz edén comunitario, de cualquier sociedad primitiva que use azadón en vez de tractor, de cualquier país anclado en tradiciones milenarias que no haya sido capaz de adaptarse a la modernidad y donde sus ciudadanos se mueran de hambre o arriesguen la vida para llegar a instalarse en un país malvadamente capitalista, estos amigos de cualquier producto humano que cumpla la doble condición de no ser ni capitalista ni cristiano, manifiestan un odio cruel contra nuestra sistema, olvidándose de que lejos de asentarse en una repugnante sociedad de ricos comeniños tiene sus cimientos en el humilde trabajo de gentes humildes que cuidan humildes haciendas familiares y que se preocupan de sus humildes tradiciones y de sus humildes derechos y que muy a menudo se comportan con una solidaridad para con los más desfavorecidos que dista mucho de ser humilde.
Para qué hablar de los restos de comunistas, anarquistas y demás antisistema vocacionales y orgullosos de serlo. Para qué hablar de ese odio enfermizo capaz de producir cantidades ingentes de miseria moral y material con sus bienintencionadas pero supremamente estúpidas ideas.
En fin, les conocemos porque, como he dicho más arriba, son nuestros padres, hermanos, amantes o amigos.
Lo sucedido estos días con el Katrina no es sino la manifestación del odio incontrolado con el país que en el subconsciente planetario representa el capitalismo. No se trata de que la administración estatal norteamericana haya hecho más o menos bien las cosas. No se trata de que las medidas tomadas hayan sido más o menos tardías. No se trata de que los diversos estadios administrativos hayan sabido coordinarse mejor o peor. Ni siquiera se trata de que el Gobierno de los EE.UU esté en manos de la derecha. No se trata de que hayan intervenido o no en el extranjero con sus tropas. La reacción hubiera sido idéntica si los demócratas estuvieran en la Casa Blanca.
No, la reacción ha sido la del odio sin matices. Lo han hecho mal por prepotentes. Lo han hecho mal porque su organización política es intrínsicamente malvada. Lo han hecho mal porque el Estado es, per se, insolidario. Lo han hecho mal porque son racistas. Lo han hecho mal porque allí hay más pobres que en ningún otro país desarrollado. Lo han hecho mal porque son americanos y los americanos son así y no tienen arreglo. Lo han hecho mal, en definitiva, porque lo que allí impera es el capitalismo salvaje, es decir, el capitalismo, porque en términos morales el sistema de vida de Europa es claramente superior. Lo han hecho mal porque es una sociedad armada (sin duda prefieren la situación europea donde los únicos armados –además de la fuerza pública- son los que están dispuestos a vivir fuera de la ley).
No importa en absoluto que toda evidencia nos indique que en Europa cuando suceden catástrofes de mucha menor magnitud tienen graves consecuencias, en vidas humanas, en heridos, en destrucción material: inundaciones en el Mediterráneo, en el centro de Europa, en las Islas Británicas; incendios en los países mediterráneos: terremotos en Italia o Grecia; una simple ola de calor que en Francia siega la vida de muchos cientos de personas; una ola de frío que nos deja las bocas de metro llenas de mendigos congelados. No importa. No importa que estemos hablando de una zona afectada que es casi como media España, no importa porque esa no es la cuestión. La cuestión es que se trata de los EE.UU y recuerdo perfectamente reacciones similares cuando unos criminales de una vesania sin límites destruyeron las Torres Gemelas y asesinaron a más de 2 mil personas ¿Se acuerdan de los mismos diciendo las mismas cosas? Yo sí. Que tomen de su propia medicina.
A la reacción visceral, esa que surge del interior de la gente porque llevan el odio a EE.UU y al capitalismo grabado al rojo en su subconsciente, hay que añadir otra reacción más fría, más metódica, más planificada, más “política” aunque no totalmente desvinculada de la otra. Medios de comunicación de orientación “progresista”, “intelectuales” y políticos del ramo, siembran metódicamente la plantación de odio del mañana. Y lo hacen de una manera precisa y profesional. Informaciones falsamente objetivas, análisis sesudos que no conducen sino a las conclusiones que no son tales porque de ellas se partía, hipócritas manifestaciones de solidaridad cargadas de veneno. Y todo ello –y más, mucho más- en dosis intensivas, telediario tras telediario, portada tras portada, actualización tras actualización en el portal de turno. El resultado, el de siempre, montones y montones de personas asaltadas en su buena fe y que ven su mente invadida y contaminada tal vez para siempre. Un espectáculo repugnante, un espectáculo que nos llena de oprobio como seres humanos y que lleva la discrepancia política a terrenos totalmente antidemocráticos e incivilizados.
Por último, aunque naturalmente podríamos escribir un libro del tamaño del Larrousse sobre este tema, añadamos una consideración más. Los humanos somos como somos y tampoco viene al caso rasgarse las vestiduras por ello. Además de los aspectos ideológicos y políticos de la reacción europea hay otros que podríamos incluir en la maleta de los defectos de las personas, esos que en una u otra medida padecemos todos. ¿No ven ustedes un algo de envidia en todo esto? Envidia al rico, al que le van bien las cosas, al que es capaz de enfrentarse a cualquier cosa. Hay una mezquindad en todo esto que resulta bastante dura de aceptar. Envidia y mezquindad agravada por el desagradecimiento: ¿a quién debe Europa su bienestar, su democracia y su libertad? Sí, a ese país, Reino del Mal, del que ahora nos reímos con mínimo disimulo.
Desde aquí sólo puedo añadir unas líneas de desagravio por si algún norteamericano lee estas líneas: somos muchos los que aquí, más allá de sus errores puntuales, faltaría más, admiramos, respetamos y sentimos un profundo agradecimiento por esa gran nación que son los Estados Unidos de Norteamérica. Vaya desde aquí un fraternal abrazo a todos los que esta terrible tragedia les ha robado sus seres queridos, su salud, sus casas, sus posesiones, su modo de vida. Mi solidaridad más sentida.

2 comentarios:

richard51 dijo...

Pues si. Vaya orgía que se ha montado la progresía europea y norteamericana con los pobres del Katrina en todas las televisiones del mundo. Se mueren de alegría cuando hay catástrofes humanas que puedan utilizar a su favor. Pasó con Katrina y pasó con los atentados de las torres gemelas y el atentado de Madrid. La izquierda es experta en técnicas de manipulación, superando con creces a la derecha en demagogia, fraude y engaño. Con las torres gemelas, alegría porque se atacó al símbolo del capitalismo, alegría porque USA necesitaba una lección por ir por el mundo pisoteando a los paises pobres; en el atentado de Madrid, porque murieron obreros por culpa del facha de Aznar (primo hermano de Bush el de la guerra de Irak) y en el Katrina porque murieron pobres por culpa del Presidente de EEUU, un facha ultraconservador que permite la pobreza de millones de compatriotas.

Vamos, que no hay por donde coger tanto cúmulo de mentiras, prejuicios y manipulaciones. Esta progresía es incapaz intelectualmente de hacer un análisis serío de la realidad, aunque saben perfectamente que todavía hay un montón de gente a la que pueden hacer llegar sus mentiras a través de las emociones y las tripas.
Manolo

Anónimo dijo...

Son personas, e incluso en su mayoria latinos.

Pero que golpe bajo para el supuesto mejor gobierno del mundo... ha resultado el peor...

Millones de dolares en armas nucleares y apenas miles en vidas humanas...

De ahi que se critique a la pobre gente, el problema real es con el gobierno ese de mierda que tienen.