sábado, diciembre 24, 2005

El Gobierno y la libertad de expresión: el caso CAC

Hay veces que los gobiernos se empeñan en insultar la inteligencia de los ciudadanos, añadiendo a sus decisiones, siempre discutibles y opinables, el agravio de la humillación intelectual. Este es el caso de la defensa gubernamental del Consejo Audiovisual de Cataluña y sus nuevas funciones. Se lleva la palma el argumento(?) de que su obligación pincipal es la defensa de la libertad de expresión.
Veamos.
La primera amenaza a la libertad de expresión en las sociedades modernas es el poder. De siempre, los gobiernos de todos los países y de todos los colores políticos han tratado de controlar o dirigir o manipular o coartar (o todo a la vez) a los medios y a los profesionales de la comunicación pública. Dado que disponen de muchos innstrumentos para hacerlo su amenaza es sensiblemente mayor que cualquier otra. Disponen de abundante presupuesto para desequilibrar la balanza entre unos medios y otros con la publicidad institucional, principal pero no únicamente. Los gobiernos, por ejemplo, son muy capaces de ayudar a un medio afín a no quebrar (vediéndolo como salvar puestos de trabajo o cualquier otra de sus patrañas habituales) mientras dejan caer en la banca rota a un medio crítico. También son los gobiernos los más fuertes en materia de prebendas y sobornos, digamos, "blandos", de los que saben sortear la Ley. Tienen herramientas muy poderosas, asimismo, en sus brazos investigadores y saben utilizarlas. Por supuesto son también maestros en el arte de la intoxicación con el que pueden llegar a hacer mucho daño. Disponen de un amplio caudal de noticias con las que pagar a medios afines, situándoles en mejor situación que a sus oponentes en el mercado. Y, desde luego, disponen del arma más poderosa a su favor: la capacidad legislativa. Este muy breve repaso nos sirve para demostrar que un gobierno no tiene que hacer grandes cosas para defender la libertad de expresión. Empezando por ser neutral ya se habría dado un gran paso en ese sentido. Sería una gran defensa de ese bien tan fundamental que los gobiernos no hicieran nada, ni en favor ni en contra de ningún medio de comunicación. La pasividad sería la mejor noticia.
Un segundo nivel de amenazas tiene su origen también en los gobiernos y en las administraciones. Se trata de la legislación basada en las concesiones discrecionales de licencias para el acceso a frecuencias con el fin de crear o desarrollar medios de comunicación. De hecho se trata de un nivel de amenaza que, en más de un sentido, tiene aún mayor importancia que la presión efectiva ejercida sobre los medios ya existentes, ya que se trata de una limitación de un derecho fundamental de los ciudadanos ejercida de hecho por el poder. En rigor se trata de un caso extremo de censura previa totalmente antidemocrática. Si un gobierno dado no quiere que un determinado discurso fluya entre la ciudadanía lo mejor que puede hacer, antes de meterse en el lío de tener que cerrar emisoras, es, simple y llanamente, impedir que nunca lleguen a abrirse. Si a este Gobierno le preocupa tanto ensanchar los límites de la libertad de expresión puede hacer algo muy sencillo: acabar con el régimen de concesiones. Quien quiera crear un radio o una televisión sólo debería tener que acercarse a una ventanlla administrativa, preguntar por las frecuencias disponibles y registrar una a su nombre. Punto.
Un tercer nivel de amenaza hipotético sería el de la violencia física contra medios de comunicación o personas en razón del ejercicio de la libertad a expresarse, que les asiste a ellos como emisores y a todos los demás como receptores en potencia, para tratar de acallar mensajes. En ese caso el poder no tiene que inventarse nada en particular pues basta con que se apliquen las leyes generales que defienden a los individuos -física y moralmente- y a sus propiedades. Sin embargo, hemos visto muy recientemente como el Gobierno ha hecho la vista gorda con presiones físicas muy concretas realizadas contra cierta emisora y hasta ha permitido que quien las llevó a cabo utilizara la sede simbólica de la soberanía nacional para protegerse y presumir de su antidemocrática acción.
Un cuarto nivel, a veces sutil, a veces no, es el de la presión económica sobre los medios de comunicación. En este caso, sería suficiente con que el Gobierno aplicara la ley y la jurisprudencia e impidiera que se produjeran más casos como el tristemente famoso "
antenicidio
", además de, naturalmente, cumplir con lo que los tribunales más altos del país han ordenado al respecto. De nuevo el Gobierno ha dejado públicamente claro su particular interpretación del sentido de la frase "defender la libertad de expresión".
Un quinto nivel de amenaza, íntimamente relacionado con el anterior, hace referencia a los medios de comunicación en su vertiente mercantil. Tampoco aquí el Gobierno debería tener que hacer grandes malabarismos si de verdad cree que la libertad de expresión necesita de su protección. Dado que existe un régimen basado en las concesiones administrativas éstas se convierte en un bien escaso y limitado, razón por la cual se hacen necesarias las leyes antimonopolísticas. A pesar de que, siguiendo su costumbre de insultar la inteligencia de las personas, el Gobierno pretendiera hacernos creer que recientes modificaciones normativas impedían la acumulación indebida de frecuencias en los diversos ámbitos geográficos, lo cierto es que todos sabemos que ha sido lo contrario. Es metafísicamente imposible que este Gobierno pueda tomar una decisión contraria a los interes del primer grupo de comunicación de este país y una ley anticoncentración tendría este efecto.
Resumiendo: cualquiera con dos dedos de frente sabe en este país que el CAC es un organismo de control sobre los medios de comunicación críticos con el actual Gobierno. Más concretamente aún: se trata de un medio antiCOPE. Como todo el mundo lo sabe en este país, Generalitat y Gobierno central se están volviendo locos para argumentar en defensa de algo absolutamente contrario al espíritu y a la ley de la democracia, en general, y de la democracia española fundamentada en la Constitución del 78, en particular. No hay forma de defender el CAC de una manera racional sin caer en la indignidad. Las líneas de defensa abiertas por el tripartito que gobierna en España y Cataluña son ridículas y humillantes para cualquier persona medianamente informada. El Gobierno, en la cuestión CAC está literalmente insultando a la ciudadanía española al tratarla de imbécil. Y esto incluye a sus votantes.
Hay un aspecto de la cuestión que por su complejidad, por la profundidad de los elementos implicados en el anális, merece un artículo -y extenso- por sí mismo: me estoy refiriendo al apoyo al CAC y a las funciones que acaban de serle asignadas de profesionales de la comunicación y medios afines a los gobiernos de España y Cataluña. Su quintacolumnismo en el ejército civil de la libertad de expresión revuelve las tripas. Sin matiz alguno son traidores a los valores democráticos, entre los cuales figura y muy destacadamente, la libertad de expresión.

miércoles, diciembre 14, 2005

Camino de Servidumbre

Camino de servidumbre. Escucho en la radio (SER, 14/XII/05)a un representante de los taxistas vascos pedir que la Ley haga obligatoria la instalación de la mampara protectora en los taxis. La explicación: al no ser obligatorio los taxistas pueden decidir "por la razón que sea" no instalarla. Es decir, los taxistas creen necesario que el Estado les obligue a gastarse un dinero en su propia seguridad porque si no ellos no lo harán (y, de hecho, no lo hacen en su inmensa mayoría).
Camino de servidumbre. La Comisión Europea presenta una nueva propuesta sobre contenidos televisivos (El País, 14/XII/05). La Comisión pretende modificar las estrictas leyes sobre publicidad. La normativa comunitaria decide la manera en que las empresas televisivas deben explotar su negocio, cuánto espacio de su programación pueden emplear en publicidad ¡y en qué formato! Naturalmente, la madeja viene embrollada desde el momento en que las televisiones se explotan en régimen de concesiones sobre la base del famoso y resbaladizo concepto de servicio público. Propiedad privada, estrategia empresarial y voluntad y capacidad de decisión de los televidentes, de los consumidores del producto televisivo, son aspectos totalmente ignorados. La Comisión Europea considera que debe proteger a los consumidores de un exceso de publicidad porque podría hacerles daño y ellos no son capaces de elegir por sí mismos la cadena de televisión de su preferencia o, directamente, considera que los televidentes son enfermos infantilizados incapaces de apagar los receptores. Como dándole la razón a los taxistas, la Comisión considera que sabe mejor que los ciudadanos el tipo de televisión que deben ver.
Camino de servidumbre. Debate en televisión. Un político con algún carguillo medio importante en la administración sanitaria de la Generalitat catalana afirma que hay un "consenso generalizado" en que hay legislar y reglamentar más y mejor la medicina homeopática. En el programa se preguntan cómo puede haber tanta gente que opte por las llamadas medicinas alternativas. Por supuesto, ni el político ni el programa televisivo (TVE, Pedro Piqueras, 13/XII/05)son capaces de hacerse las preguntas que sea menester desde la perspectiva de estar ante un intercambio libre de bienes entre personas libres por mutuo interés. La vieja afición de proteger a los ciudadanos de sí mismos.
Son sólo un par de ejemplos con los que me he encontrado, así como el que no quiere la cosa, del camino de servidumbre en el que nos adentramos sin apenas darnos cuenta. Son noticias pequeñas, en las páginas oscuras de los diarios, en programas televisivos minoritarios, unos segundos de radio irrelevantes a las siete de la mañana. No llaman la atención, a nadie importan. El Camino de Servidumbre es así, silencioso, firme y letal. Como el recorrido marcado con migas de pan, un día miraremos atrás y ya no sabremos encontrar el camino de vuelta...hacia la libertad.

Negociación con ETA: el sueño antidemocrático de un presidente incompetente y narcisista

Interesantísima “Tercera” de ABC escrita por Mikel Buesa (14/XII/05) sobre las amnistías a terroristas en procesos negociadores. No repetiré aquí sus argumentos y sus atinadas reflexiones, así que recomiendo encarecidamente su lectura .
El Gobierno ya no es capaz de disimular sus ansias de negociación con ETA; todos conocemos la infantil obsesión del presidente Rodríguez por pasar a la Historia como el pacificador del País Vasco, literalmente a toda costa, incluso contra la opinión mayoritaria de la población española que no quiere negociar con ETA. El Gobierno pretende cubrirse las espaldas con la ridícula pretensión de que no habrá contrapartidas políticas a la banda terrorista. Carece por completo de sentido si antes se reconoce la existencia de un llamado conflicto político vasco del que formaría parte el terrorismo.
Esta evidencia viene a unirse al hecho de que las amnistías de una u otra naturaleza y amplitud forman una parte inevitable de todo proceso negociador con una banda terrorista.
La cuestión, una vez sentadas estas pocas ideas, viene a ser si un Gobierno tiene derecho a emplear las medidas de gracia que le permite la Ley como arma en una negociación. En mi opinión resulta algo no sólo repugnante desde el punto de vista moral sino un atentado en toda regla contra la esencia del Derecho democrático.
Porque ¿qué papel juega el Derecho en las sociedades civilizadas y democráticas? Como es sobradamente conocido el Estado es la forma institucional que adopta la soberanía popular. En virtud de esta realidad, los ciudadanos renunciamos al ejercicio de la violencia para resolver las colisiones entre nosotros, creamos un entramado legal que objetiva las diversas situaciones y delegamos en el Estado nuestros derechos naturales. La consecuencia es que producto de un consenso social se encarga al Estado el ejercicio de la violencia en régimen monopolístico. Renunciamos a la defensa personal de nuestros derechos porque se supone que el Estado garantiza que éstos serán defendidos. No tendremos que responder personalmente a la violencia que se ejerza contra nosotros porque hemos cedido al Estado esta función. Los beneficios que obtenemos a cambio son evidentes, y esta evidencia es, precisamente, el fundamento de que el sistema persista. Es, sin embargo, un equilibrio delicado como se puede fácilmente entender. La tendencia a tomarse la justicia por la mano propia es algo consustancial y natural en el ser humano.
El Estado goza del monopolio del ejercicio de la violencia pero no en régimen discrecional. Este ejercicio de la violencia es obligatorio. Cada ciudadano tiene el derecho a que se satisfagan legalmente las agresiones de que haya sido objeto y el Estado no puede elegir si hacerlo o no. Tiene que hacerlo y punto. En caso contrario el Derecho se desmoronaría y retornaría la Era de Lynch.
Castigar o no castigar no es una facultad que graciosamente puedan hacer efectiva los responsables de los poderes públicos. Si a usted le han matado a su esposa, padre, hermano o hija y si queremos seguir viviendo en una sociedad civilizada, debe saber que los culpables pagarán su crimen según lo estipule la Ley elaborada democráticamente por los delegados de la soberanía popular. Y ello ha de ser así independientemente de las razones esgrimidas por el infractor de la sagrada norma por la cual cada uno es dueño de su propia vida y nadie puede bajo ninguna circunstancia arrebatar esta propiedad, obviamente la más valiosa que ningún ser humano pueda poseer.
Por eso es fundamental que se corten de raíz los intentos de negociar con ETA con un perspectiva de una amnistía final. El Gobierno carece de semejante derecho porque se opone al derecho individual de las víctimas de los terroristas. Es más que una estupidez inmoral, es un suicidio: es hacer un daño irreparable a un pacto social que no admite matices. Pretender que este pacto se puede estirar o no a gusto del Gobierno de turno es actuar contra el fundamento de la sociedad democrática y la apertura de la puerta que nos devuelve a la barbarie. Las amnistías, los beneficios penitenciarios excepcionales, las reducciones de pena arbitrarias, son una burla a las víctimas, desde luego, pero también y fundamentalmente a todos los ciudadanos que ya no podremos esperar sin ningún género de dudas que el Estado cumpla su obligación de hacer cumplir la Ley cuando nuestros derechos sean atacados por alguien.
En mi opinión este tipo de comportamiento gubernamental debería estar expresamente prohibido por Ley. El derecho no puede ser algo maleable en función de las necesidades de un partido político o, peor aún, por causa del narcisismo ególatra, ciego, grandilocuente, absurdo, infantil y necio de cualquier incompetente que por las circunstancias que sea llegue a presidente de Gobierno.

lunes, diciembre 12, 2005

Un año de "El ciudadano liberal". Elogio improvisado de la blogosfera y de Red Liberal.

Leyendo "La Hora de Todos" me he dado cuenta de que El Ciudadano Liberal" lleva ya un año existiendo. Quiero aprovechar para agradecer a todos los que se han pasado por este humilde blog su interés. Quiero agradecer especialmente a los que con sus comentarios lo han enriquecido y hecho más interesante. Quiero agradecer ¡y mucho! a los que habéis recomendado esta mi pequeña bitácora, y/o la tenéis enlazada en la vuestra. Os estoy proundamente reconocido a todos.
Hace un año ni siquiera sabía lo que era un blog. He tardado siglos en comprender algunas de sus rutinas. Muchos mecanismos todavía se me escapan y me parece que hay aspectos de esta afición que no entenderé nunca, como poner imágenes, por ejemplo.
Sin embargo he descubierto en la blogosfera un ejemplo perfecto de eso que los liberales llmaríamos un orden espontáneo y un ejemplo maravilloso de democracia o, más bien, de un ejercicio maduro, real, comprometido, consciente del hecho de ser ciudadanos. Me siento feliz de participar en un proceso imparable que está permitiendo que la democracia sea mejor democracia y los ciudadanos seamos cada vez más libres.
La blogosfera ha conseguido romper el tradicional monólogo de los medios de comunicación al hacer de la comunicación, del flujo de información y opinión, algo más democrático, más vital, más sano.
La blogosfera liberal por su parte, no sólo ha colaborado en la democratización de la comunicación y la información sino que lo ha hecho desde una perspectiva que pone en el centro de toda reflexión política e ideológica al individuo, a las personas de carne y hueso, no a entelequias idealizadas como hace la izquierda mejor (de la otra para qué hablar). Al situar a las personas en el centro de nuestras reflexiones estamos contribuyendo decisivamente a dificultar que la partitocracia que pervierte la idea democrática siga ignorando a los ciudadanos. Creo que los partidos políticos están tomando en consideración cada vez con mayor interés lo que se cuece en la blogosfera liberal. Al menos no les va a quedar otro remedio que elaborar mejor sus mentiras.
En este año, además, he tenido la fortuna de oír cómo suenan mis palabras a los demás, ejercicio saludable que permite curarse contra el narcisismo onanista de la soledad ideológica, pues confieso que me rodea la izquierda por los cuatro costados, en lo profesional, en lo emocional y en lo familiar, además de socialmente, como a todos.
También compruebo al leer viejos comentarios como viven y fluyen las opiniones, elaborándose, cambiando suavemente, mutando apenas imperceptiblemente. Es el resultado de la experiencia en libertad.
Libertad, sí, en definitiva ése es el concepto que me viene a la cabeza cuando pienso en "El ciudadano liberal", en su año de existencia, en las polémicas mantenidas,en las cosas aprendidas de los demás, en la reflexión compartida con la información y la reflexión de otros...
Libertad que tenemos gracias a este sistema imperfecto pero perfectible que disfrutamos y que desde la izquierda tanto se cuestiona...(en libertad). Modestamente, este blog es también mi pequeña contribución a la lucha por que la libertad no se nos vaya a esfumar un día de tanto ignorar que es un bien que no nos cae del cielo.
No estaría completo este apresurado comentario sin una referencia a Red Liberal. Recuerdo la polémica surgida a raíz del abandono de un blogger. Ya entonces defendí el ambiente de libertad y la diversidad de opiniones que se cubren en el paraguas de Red Liberalal. Quiero renovar esa defensa diciendo como en el logo que acompaña estas palabras que soy un orgulloso blogger de Red Liberal, que lo llevo a gala. Sin este paraguas (donde las consignas no existen) la difusión de las bitácoras aquí alojadas sería infinitamente menor. Cuando hablé de orden espontáneo lo hice sin pretender que las empresas se hacen sin esfuerzo. El esfuerzo que hay detrás de Red Liberal es digno de la mayor admiración y tiene poco de espontáneo o gratuito: hay un esfuerzo obvio y digno del mayor encomio. Agradezco profundamente el poder estar aquí aprovechando la iniciativa valiosa de los responsables de este sitio.
En fin, que espero volver a pensar sobre estos y otros temas el próximo año, pronunciando similares agradecimientos.
Por el momento deseo a todos una Feliz y Liberal Navidad así como un próspero y liberal año 2006.

Xabier Cereixo, Vigo

Un Estatuto nacionalsocialista contra la gente de Galicia. Cuidado, la situación es peligrosa.

No cometamos el típico error de que un árbol no nos deje ver el bosque. He visto estos días que se montaba una gorda con el presunto expansionismo de la propuesta estatutaria del BNG. Francamente, me parece asunto trivial, sin trascendencia, sin repercusión en la realidad. En último extremo, tampoco tendría ninguna importancia que un par de municipios pasasen a formar parte de la Comunidad Autónoma de Galicia. Hay otras cuestiones mucho más peliagudas y que deberían preocupar mucho más.
El Bloque propone lo que propone porque es el Bloque y está en la naturaleza del escorpión el usar su aguijón. Por otra parte, el escorpión lleva siendo escorpión mucho tiempo.
El problema real es que por primera vez el Bloque anda sobre finas moquetas y asienta su culo en los distinguidos despachos que todos pagamos. Y esto es así única y exclusivamente porque un PSOE ávido de poder ha visto en el Bloque la única manera de alcanzarlo en Galicia, lo cual, además, se ajusta perfectamente a la realidad.
Lo más grave es que el PSOE de Galicia ha tenido que dar una pirueta ideológica absolutamente circense para dar este paso. En la historia reciente han sido varios los intentos de una parte minoritaria de la militancia socialista gallega para empujar hacia el nacionalismo al partido, siguiendo el ejemplo catalán. Sus fracasos han sido sistemáticos. El PSOE gallego ha sido tradicionalmente un partido militantemente hostil al nacionalismo. La consideración y estima que el PSOE ha tenido siempre hacia el Bloque ha sido mínima, nula en realidad. Sirva como ejemplo -y qué significativo- que el presidente Touriño ni siquiera sabe hablar gallego y que oírle hablar en la lengua de Rosalía produce auténtica vergüenza ajena.
No sólo el PSOE sino, en general, los ciudadanos gallegos han sido y son absolutamente refractarios al nacionalismo como ya he señalado aquí en otras ocasiones. Sin embargo, la política de "normalización lingüística", aquí muy suave por no contar con el apoyo de padres, alumnos y buena parte de los profesores, ha acabado pariendo un ratón que ya se está volviendo rata hoy y quién sabe lo que será mañana. La cosa puede ir a peor porque las instituciones educativas, empezando por las tres universidades gallegas, están en manos del nacionalismo. Por su parte, el PSOE ha perdido su identidad para siempre al vincular su suerte a la del nacionalismo. Un paso atrás como el que en su momento dió el PSE de Redondo Terreros saliéndose del Gobierno vasco se irá haciendo cada vez más improbable.
El pintoresco sueño de una Galicia creciente hacia El Bierzo o más allá del Río Eo o quién sabe, hasta esas comarcas extremeñas que hablan una suerte de gallego, no debe hacernos caer en la trampa. El ridículo vice-presidente de la Xunta no debe hacer que menospreciemos el peligro que se avecina. España ha visto desgraciadamente a dónde conducen las antidemocráticas políticas de reversión lingüística cuando se practican con convicción fanática y desde el poder.
La realidad es que PSOE (¡sí el PSOE de Paco Vázquez!) y el BNG nos van a meter en la dinámica enloquecida de un período constituyente a imagen y semejanza del nacionalsocialismo catalán. (Es curiosa y reveladora, por cierto, la evolución del Bloque que nació como copia de HB y acabó siendo la copia de ERC). Y nos van a meter en un proceso constituyente a pesar de que en Galicia nadie, a parte de los nacionalistas, lo ha pedido ni ha dado muestras de quererlo. La tragedia es que, por primera vez, tienen el apoyo del PSOE y del Erario.
El virus letal nacido hace siglo y pico en Cataluña se ha ido extendiendo hasta llegar hoy aquí, a Galicia, tierra donde jamás había prendido. Hoy se infecta con la connivencia culpable de un socialismo que no va a hacer nada porque su única ideología es el poder. Pero también gracias a la pasividad culpable del PP.
El PP ha hecho una política idiota al creer que darle unas migajas de galleguismo con una normalización lingüística suave tranquilizaría los excesos nacionalistas y no tendría consecuencias. Se ha visto que la política de apacigüamiento no funciona con el nacionalismo. Así que es hoy, ahora, cuando la histeria constitucional del nacionalismo gallego aún no se ha desatado ni contaminado el entramado ciuadadano del viejo reino del noroeste español, cuando hay que poner freno a la sinrazón. El PP puede parar en seco ese proceso que quieren iniciar los cuatro pelagatos del Bloque. Es la mitad del Parlamento y no hay razón alguna para que se deje arrastrar. Los gallegos no necesitamos un nuevo estatuto y mucho menos una Constitución porque ya tenemos una, la del 78, que garantiza nuestra libertad en un régimen de derechos y deberes bajo el imperio de la Ley y la democracia. No queremos ningún invento de fanáticoas antihistóricos y compinches resabiados.
¿Será el PP capaz de responder, por una vez, con la debida dignidad? No hay nada que discutir. Que no se abra esa puerta. Porque tras esa puerta está el bosque que hoy tantos se niegan a ver.

sábado, diciembre 10, 2005

Jiménez Losantos: un discurso para las personas

No sé si se habrán dado cuenta, pero la COPE está recortando a toda velocidad la distancia que le separa de la SER gracias a que toda la izquierda se ha puesto a escuchar a Jiménez Losantos. Es maravilloso lo que está consiguiendo este tipo. Reconozco que le envidio tanto como un ser humano puede envidiar a otro. Tiene a todo un país soliviantado simplemente opinando. Y es sólo una persona, un simple individuo. Cada día un montón de pequeños funcionarios pegan la oreja al transistor y se ponen a transcribir sus diatribas para su jefe, que puede ser de profesión Rey o subsecretario de un ministerio fantasma, estilo vivienda. Y todos los grados intermedios, claro. Resulta divertido imaginarse a Montilla o a Rubalcaba en el trance de leer algunas líneas, con las venillas de su cara inflamándose de ira contenida. Más divertido aún resulta imaginárselos escuchándole a escondidas, hasta que alguien le interrumpe y vuelve a poner rápidamente a Francino mientras trata de ocultar el gesto de niño cogido in fraganti en alguna travesura.
De pequeño me reía a carcajadas leyendo a Mortadelo y a Super López. Mi madre solía entrar en mi habitación para preguntarme si me pasaba algo. Bien, ahora me pasa lo mismo leyendo lo que escriben sobre el director de La Mañana de la COPE un Luis del Olmo o un Matías Antolín. Por no hablar de lo bien que deben caer sus peroratas en Génova o en la sede de la FAES, concretamente en su despacho más importante.
El caso es que Jiménez Losantos ha montado una tremenda con la sola arma de la palabra, lo que es digno de admirar, más allá de coincidencias o discrepancias concretas.
A algunos los tiene al borde de la histeria, y ya manifiestan tics como el de aquel tipo de la película de Hichtcok que se disfrazaba de negro en aquella escena del travelling divino. Otros se atragantan a la hora de hablar (véase la vicepresidenta, que, bien es verdad, se atraganta con casi todo). A otros muchos les ha dado por parecer menos sectarios de lo que en realidad son y hasta critican a Castro (se nota la influencia de don Federico). Todos, en cualquier caso, se han instalado en la consigna única, como salida de la misma pluma: fomenta el odio y transgrede los límites de la libertad de expresión. Dicen. Qué risa.
Yo me río mucho con Federico Jiménez Losantos, la verdad. Aunque reconozco que algunas cosas me chirrían, en especial, cuando hace bromas con el físico de las personas. Eso no debería hacerlo. Tampoco me gusta el excesivo empeño en destacar la ignorancia o incultura de personajes públicos. Se puede hacer una buena gestión política sin ser doctor en La Sorbona o en Oxford. Aunque no es un dato irrelevante lo indocumentados que son algunos responsables públicos, y debe conocerse, lo cierto es que creo que no debe hacerse escarnio de ello, salvo que exista relación entre este hecho y alguna actuación determinada. Pero eso sólo ocurre de vez en cuando. Y además, eso me molesta a mí, pero sé bien que no se le odia por eso.
Se le odia porque consigue convocar a un montón de gente cada mañana ante la radio con un discurso que se sale de la raya a la cruz del monótono e imperial de la corrección política, que es fundamentalmente un discurso de izquierda disfrazado de presunta objetividad democrátrica (como si tal cosa fuese posible). Se le odia no porque provoque odio, gran mentira, sino porque ha devuelto el orgullo a muchos cuyas opiniones son apartadas de las tribunas públicas, denigradas, avergonzadas pero nunca, nunca rebatidas. No se suele molestar nadie en ello.
Jiménez Losantos respeta al ciudadano común, al trabajador sufrido, al que vive en los barrios, al que de verdad lleva a sus críos a los colegios públicos. No los trata como tarados. Un discurso que da un lugar preponderante a los impuestos del ciudadano normal y corriente que cobra una nómina o es un autónomo con cinco empleados o tiene un par de kilos ahorrados esforzadamente en acciones del Santander. Un discurso que gira alrededor de la persona, del ciudadano, español para más señas. Un discurso que se opone a eso que se ha dado en llamar buenismo con acierto y que se opone con rigor, con entusiasmo, con pasión. Antes el ciudadano del barrio que el de algún país exótico. Pero, en contra de lo que escupe la demagogia izquierdista oficial, en contra de los postulados unánimemente asumidos por los socialistas de todos los partidos, también se preocupa y se acuerda, y mucho, del ciudadano del país exótico. De diversas maneras. En primer lugar porque defiende la apertura de los mercados y el fin de las barreras proteccionistas a la globalización, porque se opone a la economía subvencionada del estilo de la agricultura europea, única idea que realmente puede ayudar a erradicar la pobreza. Es un discurso radicalmente partidario del capitalismo, sistema que ha llevado a la humanidad más cerca que nunca de la libertad y la prosperidad, tan lejos de las pesadillas en que se convirtieron las utopías redentoras.
Y en segundo lugar, porque se opone al camelo que representan muchas de las llamadas ONG’s y que en realidad están haciendo más mal que bien a los que se supone que quieren ayudar. Las critica duramente porque se lo merecen, digan lo digan desde los altares de la corrección política. Organizaciones como Greenpeace son auténticos monstruos que ya no pueden parar de ser lo que son porque se han convertido en un modo de vida para mucha gente, en un soberbio negocio, en una gran multinacional de los buenos sentimientos. Antes la fábrica de las afueras que Kioto, ahora y siempre.
Y se extrañan del éxito de Jiménez Losantos. Y dicen que hace un discurso para las vísceras, ellos los racionales. Los racionales que si pueden no mandan a sus hijos a la enseñanza pública, que si pueden no viven en un barrio de inmigrantes sin papeles y sin trabajo, que no tienen que trabajar en la maderera que Greenpeace quiere cerrar, que llegan tranquilamente a fin de mes y que rebajar un poquito los impuestos no les hace diferencia, que son tan distinguidos, cosmopolitas y cultos que no tienen problemas en ver desmembrada su patria.
Ay, porque eso tampoco gusta de Jiménez Losantos, que sea orgullosamente español. En fin, como si nuestras libertades no estuvieran todas y cada una de ellas basadas en el hecho de ser españoles y tener la fortuna de vivir bajo soberanía española, esa soberanía que disgusta a tantos y en la cual se basa la Constitución del 78 que nos ha permitido vivir como en ningún otro momento de nuestra historia. Ni siquiera eso se le perdona.
Pero son tan, pero tan pobres los argumentos esgrimidos contra el periodista de la COPE que nadie ha tomado la iniciativa y le ha denunciado absolutamente por nada, lo cual es un milagro si damos por bueno todo aquello de que se le acusa. Son tan pobres los argumentos en su contra que hasta se ha visto a uno de Esquerra irritado porque presuntamente el aragonés había ¡injuriado al Rey!
Hay algo que a Jiménez Losantos no le pueden perdonar: critica a diestra y a siniestra, algo que está totalmente fuera del alcance de las mentes sectarias que dirigen intelectualmente hablando este país. Pero es algo que encanta a sus oyentes. Considera a Aznar el mejor presidente de la democracia, un gran presidente. No obstante, le critica sin piedad y ya lo hacía cuando aún estaba en el poder, lo que le hizo ganarse su enemistad eterna. Esta independencia de criterio es un valor que ninguno de sus enemigos puede esgrimir. Es la garantía y el fundamento de su éxito.
En definitiva, son tan, tan pobres los argumentos esgrimidos contra él que se basan exclusivamente en llamarle esto y aquello.
Pues yo me río y hago un fácil pronóstico. A no mucho tardar se comerá a Francino como antaño la Antena 3 de Antonio Herrero se merendó a todos sus competidores sin frecuencias de onda media. Porque, en contra de lo que piensan en la izquierda, a la gente no se la puede convencer absolutamente de todo y –oh sorpresa- a veces las personas hasta ponen la radio que les sale de las narices.

Las crónicas del ciudadano: Bono-Moratinos, estrategia gubernamental, encuestas y elecciones.

Apagados los rescoldos de la bulla entre Marsé y Mari Pau, la ganadora del Planeta, con su secuela entre Reverte y Umbral a la espera de que el viejo escritor y columnista responda (o no) al joven escritor y columnista, la arena pública tiene un nuevo duelo televisado para disfrute de los adictos a la actualidad y a su versión teatral, las tertulias. Encantados andamos, pues, unos y otros, con que Bono y Moratinos se tiren –más o menos civilizadamente- los trastos a la cabeza.
A raíz de la discrepancia pública mantenida por ambos, se ha puesto de relevancia, que la derecha ha visto en el suceso una buena oportunidad para destacar ese inevitable aspecto de chapucillas que tiene nuestro Gobierno, mientras que a la izquierda le ha preocupado…vaya, lo mismo. El País lo ha dicho con la boca pequeña y con palabras diferentes, pero no debe dejarse engañar el interpretador, porque lo ha corroborado hasta Llamazares, el apéndice inflamado del PSOE (cómo debe sufrir Anguita). Pero a lo que íbamos. Si dice el mejor diario del mundo en lengua española que la derecha se aprovecha de cualquier cosa en su deslegitimadora táctica de atacar al Gobierno con o sin motivo porque aún no ha asumido su derrota electoral y ha caído en una dinámica enloquecida que le lleva hacia la derecha extrema poniendo en riesgo las instituciones al comportarse deslealmente porque están atrapados por predicadores radiofónicos que incitan al odio y rompen la convivencia pacífica con sus mentiras e insultos mientras son incapaces de generar una alternativa que ilusione a la ciudadanía que quiere progreso y libertad y redistribución de la riqueza y ecopacifismo y… en fin, ustedes ya conocen como sigue el discursillo, lo que en realidad se puede cabalmente entender de lo expuesto por el mejor diario del mundo en lengua española es que el Gobierno está ofreciendo una imagen patética con lo que ellos denominan eufemísticamente, fallos de coordinación debidos a los no sé cuántos mil kilómetros de distancia ¡En la era de internet y los satélites comunicación!
Y, claro, ya han comenzado lo que en un anglicismo que disgustaba mucho al recordado Lázaro Carreter se señala como especulaciones. ¿Ha caído ya en desgracia Moratinos? ¿Es el Morán del primer Gobierno de González?¿Se está preparando el desembarco de Solana?¿Será Bono el elegido para recomponer las relaciones con EE.UU.? Estas teorías se desgranaban en la tertulia política de La Mañana de la COPE esta semana. No es de extrañar porque tanto como los puñetazos dialécticos servidos a los hogares españoles por los dos políticos socialistas ha llamado mucho la atención la ausencia del ministro de Exteriores en Bruselas donde se están discutiendo los presupuestos de la UE y donde se celebraba una cumbre de la OTAN con la presencia de su entrañable amiga Condoleezza Rice, por algo es su “colega” norteamericana. En cualquier caso, tenemos a todo un secretario de Estado jugándose frente a docena y pico de ministros de Exteriores (entre ellos algunos de los países más poderosos del planeta) unos 48 mil millones de euros que es la cifra que podría perder España si sale adelante la propuesta de Tony Blair. Y esto no hay forma de entenderlo. Los poco dispuestos a creer en conspiraciones masónicas para acabar con España empezamos a quedarnos sin argumentos.
Llama la atención particularmente por el hecho de que en la moderna gobernación todo se hace de cara a la galería de los mass media y resulta evidente que queda muy mal que en tan importantes reuniones falte nuestro ministro. Se vende muy mal el asunto. Lo que nos lleva a la cuestión de las encuestas.
Parece haber un acuerdo general en que la ciencia demoscópica está demostrando que el apoyo al actual Gobierno cae en picado entre la población. Sin embargo, no hay reacción para corregir las cosas en la dirección del sentido común. De vuelta a las conspiraciones universales, este ciudadano se pregunta si la estrategia gubernamental no será la de correr mucho y que a las próximas elecciones se llegue con tal batería de hechos consumados que la vuelta atrás se haga ya imposible. En ese caso ya poco importaría a los infantiles iluminados (en la interpretación favorable) que arrastran al país hacia la histeria colectiva perder algo tan mundano como un Gobierno porque ellos –ay- sólo responden realmente ante la Historia. Y, por otra parte, si el desbarajuste es tan grande como se puede prever, los estrategas gubernamentales tal vez crean que al PP le resultará imposible presentar un perfil moderado, además de que sólo podría gobernar si alcanzase mayoría absoluta.
Desgraciadamente, si esta hipótesis se pareciese a la realidad, los estrategas del presidente Rodríguez no andarían muy desencaminados.

miércoles, diciembre 07, 2005

Política española ¿qué ha pasado? Sobre la crispación y el extremismo ideológico

Está caliente el país. Una parte significativa de él ha acumulado un odio terrible contra el PP, otra lo ha hecho contra el PSOE y la progresía en general o
la progresía adherida. Y creo que no nos hemos interrogado suficientemente por la razón de este fenómeno.
El PSOE cometió todo tipo de tropelías en la época de González pero no generó el odio que sí produjo el aznarato. ¿Cómo se explica?
Se entiende la discrepancia ideológica, se entiende que los más partidarios de la intervención estatal en la vida pública y en la economía prefieran que no gobierne un partido liberal-conservador. En sentido contrario, la mitad del país, la que no comulga con las ideas estatalistas que moran en la tradición izquierdista, es lógico que prefiera que el conglomerado "progresista" no esté en el gobierno. Hasta ahí todo normal. Tenemos una democracia para que esta discrepancia se pueda manifestar sin que corra la sangre, pacíficamente. ¿Qué pasó, entonces, para que el país se calentara como lo ha hecho?¿Qué pecado tan grave cometió el PP en el Gobierno para que nos veamos en la situación en que nos vemos?
Mi teoría es sencilla. Su pecado fue estar en el Gobierno y con mayoría absoluta. No hubo una corrupción generalizada. No hizo nada parecido a los contratos-basura socialistas. No hundió la economía del país ni multiplicó el paro hasta límites insoportables. Su medida concreta más impopular fue su apoyo a la invasión de Irak no demasiado diferente de Yugoslavia o la primera guerra del Golfo. Fue un período de una relativa calma social. Que el primer ministro no fuese simpático no es razón suficiente.
¿Qué cambió, pues? La actitud de la oposición, sin duda. Se inventó una huelga general sin motivos reales y a partir de ahí, la pendiente de la crispación. Calle y más calle. El 11-M fue la cristalización de un estado de ánimo creado a lo largo de una legislatura, no un motivo. El PSOE y sus amigos consiguieron que se llegara a una situación en la que era posible lo que antes era inimaginable: manifestaciones ante las sedes de un partido democrático.
Se arrancó la espoleta. El odio de la progresía encendió la imagen especular en el liberal-conservadurismo. Algo que era exclusivo de la izquierda se contagió a la derecha.
Está en el ánimo del país entero que el cambio ideológico en la gobernación del país no se correspondió con lo normal en una democracia.
A día de hoy nos encontramos con algo que no se produjo ni con la corrupción, ni con el GAL, ni con los contratos-basura, ni con las varias huelgas generales que padeció el Gobierno González, más que justificadas por una situación sociolaboral que incluía una masa de parados sin parangón en la europa desarrollada. Ni entonces existía ese odio que ahora se aprecia en las cafeterías, en los centros laborales, en el seno de las familias.
La izquierda carga con un pecado que ya cometió en el pasado traumático de España y del que se había hecho perdonar en la Transición. González cometió muchos errores de Gobierno y es difícilmente discutible que intentó manejar el sistema en su propio beneficio de manera tirando a antidemocrática. Sin embargo no pecó de extremismo ideológico sino todo lo contrario, sus correligionarios le acusaron de gobernar a la manera de la derecha. No se le ocurrió romper el consenso constitucional, expulsando a medio país de la elaboración de las normas fundamentales. No se le ocurrió remover las cenizas de una guerra ni los rescoldos de la confrontación ideológica que tan mal acabó en su momento. Tampoco abusó -aunque sí utilizó eventualmente- de la identificación de la derecha con el franquismo, táctica irresponsable y mezquina donde las haya. Y en todo momento marcó distancias con el nacionalismo y los herederos del comunismo.
En la desesperación de verse en la oposición, maduró en la izquierda la necesidad de una reedición moderna del Frente Popular, algo que ya comenzó el heredero directo de González, Almunia, sin ninguna convicción. Pero madurando madurando, al final cuajó. Y ese Frente Popular necesitaba lo que siempre necesita una solución como esta, la mixtificación ideológica, el trazo grueso, la política primaria, el eslogan, la consigna, la expulsión del matiz. Ya no es socialdemocracia contra conservadurismo. Esas definiciones caen en desesuso para transformarse en progresismo contra la caverna cripto fascista, contra los postfranquistas, contra el cristofascismo. El regreso de un retroantifranquismo patético y envenenador que pretende cubrir de oprobio a todos cuantos opinan diferente de los sucesos históricos recientes desde la Guerra Civil en adelante, incluyendo Franquismo y Transición. La política, en definitiva, convertida en una película de buenos y malos.
Insulto tras insulto, la mitad del país no identificada con la ideología izquierdista (versión de nuestros días de aquella afirmación de tiempos de guerra de que la mitad del país no se resigna a morir) acabó por reaccionar con una violencia intelectual y emocional que no se había dado desde la muerte de Franco. La izquierda siempre ha sido mucho más agresiva que la derecha en este país, tal vez por sus propios fantasmas, derrota en la Guerra, derrota en la Transición, derrota ante UCD y derrota ante el que ella consideraba un enano mental, Aznar.
Y ahora nos encontramos con un país dividido, ideológica, intelectual y emocionalmente. Y en una coyuntura política sin parangón. Desgraciadamente creo que las cosas van a ir a peor. Con la actual clase dirigente, a la izquierda, después de habernos conducido hasta aquí, no le queda salida por la puerta de la cordura. Sólo puede huir hacia adelante.
Sin embargo, la derecha sí tiene la posibilidad de convertirse en la opción política racional que el país va a necesitar. Rajoy parece estar intentándolo. Ojalá persevere, tenga suerte y lo consiga. Racionalidad y modernidad frente al odio y la sinrazón, frente a la incompetencia que inevitablemente se deriva de todo extremismo ideológico.