sábado, diciembre 10, 2005

Las crónicas del ciudadano: Bono-Moratinos, estrategia gubernamental, encuestas y elecciones.

Apagados los rescoldos de la bulla entre Marsé y Mari Pau, la ganadora del Planeta, con su secuela entre Reverte y Umbral a la espera de que el viejo escritor y columnista responda (o no) al joven escritor y columnista, la arena pública tiene un nuevo duelo televisado para disfrute de los adictos a la actualidad y a su versión teatral, las tertulias. Encantados andamos, pues, unos y otros, con que Bono y Moratinos se tiren –más o menos civilizadamente- los trastos a la cabeza.
A raíz de la discrepancia pública mantenida por ambos, se ha puesto de relevancia, que la derecha ha visto en el suceso una buena oportunidad para destacar ese inevitable aspecto de chapucillas que tiene nuestro Gobierno, mientras que a la izquierda le ha preocupado…vaya, lo mismo. El País lo ha dicho con la boca pequeña y con palabras diferentes, pero no debe dejarse engañar el interpretador, porque lo ha corroborado hasta Llamazares, el apéndice inflamado del PSOE (cómo debe sufrir Anguita). Pero a lo que íbamos. Si dice el mejor diario del mundo en lengua española que la derecha se aprovecha de cualquier cosa en su deslegitimadora táctica de atacar al Gobierno con o sin motivo porque aún no ha asumido su derrota electoral y ha caído en una dinámica enloquecida que le lleva hacia la derecha extrema poniendo en riesgo las instituciones al comportarse deslealmente porque están atrapados por predicadores radiofónicos que incitan al odio y rompen la convivencia pacífica con sus mentiras e insultos mientras son incapaces de generar una alternativa que ilusione a la ciudadanía que quiere progreso y libertad y redistribución de la riqueza y ecopacifismo y… en fin, ustedes ya conocen como sigue el discursillo, lo que en realidad se puede cabalmente entender de lo expuesto por el mejor diario del mundo en lengua española es que el Gobierno está ofreciendo una imagen patética con lo que ellos denominan eufemísticamente, fallos de coordinación debidos a los no sé cuántos mil kilómetros de distancia ¡En la era de internet y los satélites comunicación!
Y, claro, ya han comenzado lo que en un anglicismo que disgustaba mucho al recordado Lázaro Carreter se señala como especulaciones. ¿Ha caído ya en desgracia Moratinos? ¿Es el Morán del primer Gobierno de González?¿Se está preparando el desembarco de Solana?¿Será Bono el elegido para recomponer las relaciones con EE.UU.? Estas teorías se desgranaban en la tertulia política de La Mañana de la COPE esta semana. No es de extrañar porque tanto como los puñetazos dialécticos servidos a los hogares españoles por los dos políticos socialistas ha llamado mucho la atención la ausencia del ministro de Exteriores en Bruselas donde se están discutiendo los presupuestos de la UE y donde se celebraba una cumbre de la OTAN con la presencia de su entrañable amiga Condoleezza Rice, por algo es su “colega” norteamericana. En cualquier caso, tenemos a todo un secretario de Estado jugándose frente a docena y pico de ministros de Exteriores (entre ellos algunos de los países más poderosos del planeta) unos 48 mil millones de euros que es la cifra que podría perder España si sale adelante la propuesta de Tony Blair. Y esto no hay forma de entenderlo. Los poco dispuestos a creer en conspiraciones masónicas para acabar con España empezamos a quedarnos sin argumentos.
Llama la atención particularmente por el hecho de que en la moderna gobernación todo se hace de cara a la galería de los mass media y resulta evidente que queda muy mal que en tan importantes reuniones falte nuestro ministro. Se vende muy mal el asunto. Lo que nos lleva a la cuestión de las encuestas.
Parece haber un acuerdo general en que la ciencia demoscópica está demostrando que el apoyo al actual Gobierno cae en picado entre la población. Sin embargo, no hay reacción para corregir las cosas en la dirección del sentido común. De vuelta a las conspiraciones universales, este ciudadano se pregunta si la estrategia gubernamental no será la de correr mucho y que a las próximas elecciones se llegue con tal batería de hechos consumados que la vuelta atrás se haga ya imposible. En ese caso ya poco importaría a los infantiles iluminados (en la interpretación favorable) que arrastran al país hacia la histeria colectiva perder algo tan mundano como un Gobierno porque ellos –ay- sólo responden realmente ante la Historia. Y, por otra parte, si el desbarajuste es tan grande como se puede prever, los estrategas gubernamentales tal vez crean que al PP le resultará imposible presentar un perfil moderado, además de que sólo podría gobernar si alcanzase mayoría absoluta.
Desgraciadamente, si esta hipótesis se pareciese a la realidad, los estrategas del presidente Rodríguez no andarían muy desencaminados.

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