miércoles, diciembre 07, 2005

Política española ¿qué ha pasado? Sobre la crispación y el extremismo ideológico

Está caliente el país. Una parte significativa de él ha acumulado un odio terrible contra el PP, otra lo ha hecho contra el PSOE y la progresía en general o
la progresía adherida. Y creo que no nos hemos interrogado suficientemente por la razón de este fenómeno.
El PSOE cometió todo tipo de tropelías en la época de González pero no generó el odio que sí produjo el aznarato. ¿Cómo se explica?
Se entiende la discrepancia ideológica, se entiende que los más partidarios de la intervención estatal en la vida pública y en la economía prefieran que no gobierne un partido liberal-conservador. En sentido contrario, la mitad del país, la que no comulga con las ideas estatalistas que moran en la tradición izquierdista, es lógico que prefiera que el conglomerado "progresista" no esté en el gobierno. Hasta ahí todo normal. Tenemos una democracia para que esta discrepancia se pueda manifestar sin que corra la sangre, pacíficamente. ¿Qué pasó, entonces, para que el país se calentara como lo ha hecho?¿Qué pecado tan grave cometió el PP en el Gobierno para que nos veamos en la situación en que nos vemos?
Mi teoría es sencilla. Su pecado fue estar en el Gobierno y con mayoría absoluta. No hubo una corrupción generalizada. No hizo nada parecido a los contratos-basura socialistas. No hundió la economía del país ni multiplicó el paro hasta límites insoportables. Su medida concreta más impopular fue su apoyo a la invasión de Irak no demasiado diferente de Yugoslavia o la primera guerra del Golfo. Fue un período de una relativa calma social. Que el primer ministro no fuese simpático no es razón suficiente.
¿Qué cambió, pues? La actitud de la oposición, sin duda. Se inventó una huelga general sin motivos reales y a partir de ahí, la pendiente de la crispación. Calle y más calle. El 11-M fue la cristalización de un estado de ánimo creado a lo largo de una legislatura, no un motivo. El PSOE y sus amigos consiguieron que se llegara a una situación en la que era posible lo que antes era inimaginable: manifestaciones ante las sedes de un partido democrático.
Se arrancó la espoleta. El odio de la progresía encendió la imagen especular en el liberal-conservadurismo. Algo que era exclusivo de la izquierda se contagió a la derecha.
Está en el ánimo del país entero que el cambio ideológico en la gobernación del país no se correspondió con lo normal en una democracia.
A día de hoy nos encontramos con algo que no se produjo ni con la corrupción, ni con el GAL, ni con los contratos-basura, ni con las varias huelgas generales que padeció el Gobierno González, más que justificadas por una situación sociolaboral que incluía una masa de parados sin parangón en la europa desarrollada. Ni entonces existía ese odio que ahora se aprecia en las cafeterías, en los centros laborales, en el seno de las familias.
La izquierda carga con un pecado que ya cometió en el pasado traumático de España y del que se había hecho perdonar en la Transición. González cometió muchos errores de Gobierno y es difícilmente discutible que intentó manejar el sistema en su propio beneficio de manera tirando a antidemocrática. Sin embargo no pecó de extremismo ideológico sino todo lo contrario, sus correligionarios le acusaron de gobernar a la manera de la derecha. No se le ocurrió romper el consenso constitucional, expulsando a medio país de la elaboración de las normas fundamentales. No se le ocurrió remover las cenizas de una guerra ni los rescoldos de la confrontación ideológica que tan mal acabó en su momento. Tampoco abusó -aunque sí utilizó eventualmente- de la identificación de la derecha con el franquismo, táctica irresponsable y mezquina donde las haya. Y en todo momento marcó distancias con el nacionalismo y los herederos del comunismo.
En la desesperación de verse en la oposición, maduró en la izquierda la necesidad de una reedición moderna del Frente Popular, algo que ya comenzó el heredero directo de González, Almunia, sin ninguna convicción. Pero madurando madurando, al final cuajó. Y ese Frente Popular necesitaba lo que siempre necesita una solución como esta, la mixtificación ideológica, el trazo grueso, la política primaria, el eslogan, la consigna, la expulsión del matiz. Ya no es socialdemocracia contra conservadurismo. Esas definiciones caen en desesuso para transformarse en progresismo contra la caverna cripto fascista, contra los postfranquistas, contra el cristofascismo. El regreso de un retroantifranquismo patético y envenenador que pretende cubrir de oprobio a todos cuantos opinan diferente de los sucesos históricos recientes desde la Guerra Civil en adelante, incluyendo Franquismo y Transición. La política, en definitiva, convertida en una película de buenos y malos.
Insulto tras insulto, la mitad del país no identificada con la ideología izquierdista (versión de nuestros días de aquella afirmación de tiempos de guerra de que la mitad del país no se resigna a morir) acabó por reaccionar con una violencia intelectual y emocional que no se había dado desde la muerte de Franco. La izquierda siempre ha sido mucho más agresiva que la derecha en este país, tal vez por sus propios fantasmas, derrota en la Guerra, derrota en la Transición, derrota ante UCD y derrota ante el que ella consideraba un enano mental, Aznar.
Y ahora nos encontramos con un país dividido, ideológica, intelectual y emocionalmente. Y en una coyuntura política sin parangón. Desgraciadamente creo que las cosas van a ir a peor. Con la actual clase dirigente, a la izquierda, después de habernos conducido hasta aquí, no le queda salida por la puerta de la cordura. Sólo puede huir hacia adelante.
Sin embargo, la derecha sí tiene la posibilidad de convertirse en la opción política racional que el país va a necesitar. Rajoy parece estar intentándolo. Ojalá persevere, tenga suerte y lo consiga. Racionalidad y modernidad frente al odio y la sinrazón, frente a la incompetencia que inevitablemente se deriva de todo extremismo ideológico.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Sin un 11-m ZP no hubiera ganado.
Sin crispacion hay abstencion y con abstencion zp no volvera a ganar ni con mayoria simple.
Sin un 11-m Rajoy hubiera sacado mayoria simple y estaria pactando con algun nacionalismo para gobernar.
El sistema es asi.
En las proximas elecciones la gente estara fatigada de acudir a las urnas por el tema de la reforma constitucional.
Creo que acabaremos como en Alemania con un pacto P3Soe,pero primero Prisa tiene que sacrificar a zp.
Bono deberia estar calladito y no quemarse.

Isidoro Lamas Insua dijo...

Media España no se resigna a morir