miércoles, marzo 29, 2006

España herida, España enferma ¿España muerta? No a la rendición

Un país enfermo: una sociedad al borde de la banca rota moral (por mayoría cualificadísima de sus miembros) y un estamento político fuera de control. Se cachondean mis amigos izquierdistas (inteligentísimos para casi todo menos para la política) con lo que ellos denominan "el asunto de la mochila bomba". Se cachondean con la obsesión que tenemos en el facherío con lo de que "España se rompe". Se cachondean de que "prefiramos que a Endesa la compren los alemanes antes que las muy españolas Gas Natural y La Caixa". Resulta que en progrelandia se ha impuesto la idea de que 1)los discrepantes del incalificable Gobierno que padecemos somos todos merluzos sin criterio que repetimos como loritos lo que nos mandan en el PP y 2)que el PP se está suicidando al actuar como un partido de derecha extrema. Falso de todo punto. La sociedad española aún adicta a la idea liberal de la ciudadanía no vive de consignas; el PP no es un partido de extrema derecha, tiene una tendencia indisimulable a las componendas y, además, hay cosas que hay que hacerlas por obligación moral, aunque no se traduzca en beneficios electorales. Dudo mucho que el PP presente semejante grado de heroísmo. En el momento decisivo siempre elegirá la supervivencia sobre las moquetas, los cargos y los coches oficiales.
Y si no, me remito al alto el fuego permanente, la foto de la agonía, Rajoy en la telaraña. Un país enfermo: una sociedad cobarde, pusilánime y poco convencida de su superioridad moral sobre los criminales organizados con coartada política (mayoría cualificada, no unanimidad) y un estamento político fuera de control.
Medio país aplaudiendo con la orejas. ¿Análisis ? Ninguno, para qué ¿verdad? Sin embargo una parte sustancial de la ciudadanía se ha quedado boquiabierta y triste. Boquiabierta, triste y sin representación política. ¿Qué hace Rajoy corriendo hacia la telaraña para quedarse pegado a ella mientras las asesinas arañas políticas se toman con calma la elección del momento del golpe final?
Sin embargo, somos muchos los que no creemos que España se tenga que rendir ni ante ETA ni ante Ibarretxe, ni ante Carod ni ante Maragall. Es como si Estados Unidos se rindiera ante Haití. Tenemos la fuerza y tenemos la razón y aún así nos rendimos. Decadencia, siempre moral antes que física. Nuestros representante políticos están fuerea de control. No hay nada de que hablar con los criminales organizados ¿tan difícil es de entender? ¿Por qué no lo dice Rajoy y acaba con la tontería? ¿Quién nos va a representar?
Y puestos ¿quién nos representará en lo del 11-M? ¿Por qué Rajoy no dice un día sí y otro también que la investigación del 11-M no se puede asumir ni con la mejor intención, que la versión oficial de lo ocurrido aquel trágico día (y antes y después) es, sencillamente, una prueba en sí misma de que casi todo lo político huele a podrido en el Reino de España?
Y puestos ¿quién nos va a representar a los que creemos que el Estado debe recuperar ciertas competencias de las comunidades autónomas?¿Quién nos va a representar en las mil cosas que en España están fuera del control del sentido común como el gasto público o la propagación de ciertas ideas profundamente antidemocráticas que viven del salvoconducto que otorga la excusa religiosa?¿Quién nos va a representar fuera de la corrección política?
España está enferma y sólo tiene una cura: rebelión cívica. ¿Quién nos va a representar? Sólo nosotros. Ciudadanos de Cataluña es el ejemplo.
Eso o empezar a trabajar sobre la base de que todo ha cambiado para siempre jamás, que se han perdido partes significativas de nuestro territorio y que un partido traidor nos ha embadurnado en mierda a todos. La revolución liberal y española es la única salida que ahora mismo nos queda a los españoles. Mandar a su casa a estos que nos están volviendo locos a todos a fuerza de destruir lo que heredamos de nuestros padres y antes que ellos de montones de generaciones y que tenemíamos la obligación de preservar para nuestros hijos. Sólo nos queda la opción de tomar nosotros mismos las riendas de nuestro destino político.
Será la diferencia entre una nación enferma y una nación muerta.
No dejo de pensar en nuestros compatriotas tras las líneas enemigas. ¿Qué haremos con ellos? No podemos abandonarles.

sábado, marzo 18, 2006

¿Qué machismo ni qué narices?¡El morro que le echan algunos!

Reconozco que cada día estoy más y más cabreado. Nunca me había pasado, pero me cabreo al verlos. He preguntado a todos los izquierdistas que me rodean en la vida y que son muchos -no sorprende ¿verdad?- que por qué razón es machista la broma de Zaplana a la señora De La Vega. Nadie me lo ha sabido explicar decentemente. Al principio decían que hasta era racista, aunque se ve que cundió la consigna de no pasarse tanto porque se podría diluir el inegable éxito de la mascarada. Es evidente que si no se pone mucha mala voluntad en ello, no se puede encontrar el machismo por ninguna parte. No en vano, sólo se han ¿sentido? ofendidas las señoras diputadas de la izquierda.
No abundaré en la verdaera explicación del circo que montaron porque a estas alturas ya se ha repetido infinidad de veces: desviación de la atención y creerse los inmaculados dueños de la verdad, la razón y la moralidad, o sea, una chulería sin límites.
Sin embargo quisiera dejar anotado lo siguiente. La izquierda empieza ahora a perdonarnos la vida, lo cual es seguir exprimiendo el turbo en ese formula uno de la prepotencia y la hiperlegitimación que conducen como adictos a la adrenalina. He oído varios comentarios en el sentido de que tal vez no era la intención de Zaplana ofender, que, tal vez, él crea, ay, que no es un machista y un carca redomado. Pobrecito, Zaplana, debería ir a tomar unas clases acerca de qué es verdaderamente el Bien y de qué es verdaderamente el Mal. Esas clases podría tomarlas gratuitamente en Ferraz. Serían como una suprema Revelación para él. En ese partido sin mácula alguna de corrupción, de demagogia, de crímenes de Estado, de financiación ilegal, en ese partido que jamás provocó una guerra civil ni se cargó un intento de régimen liberal, en ese partido que no dejó una ocasión de ser heroico durante el franquismo, en ese partido que nunca dejó enfermos de melancolía a sus propios votantes y de indignada estupefacción a todos los demás; en ese partido, digo, debería Zaplana aprender a respetar a las mujeres, a los homosexuales, a las especies en peligro, a Castro y a Chávez, a las dictaduras teocráticas y qué se yo, a luchar contra el Mal que le ha carcomido el alma, pobrecito, él sin saberlo, con cosas horribles como el liberalismo, la patria o la curiosidad insana por algún que otro pequeño crímen con 200 muertos aún sin resolver y que tiene planteados algunos muy inquietantes enigmas.
Estos tíos nos están dando lecciones de moralidad a todos los demás ¿con qué fundamento? Por su cara bonita ¡Anda ya!

miércoles, marzo 15, 2006

Caricaturas danesas/Leo Bassi: otra reflexión sobre la izquierda social

Punto de partida.
¿Se acuerdan? No hace mucho ¿verdad? Qué falta de respeto aquellas caricaturas, nos dijeron y lo repitieron hasta la náusea. Qué atentado de la derecha extrema contra la convivencia entre civilizaciones. Qué racismo, qué eurocentrismo, qué cristianocentrismo, qué mil cosas todas muy malas, malísimas.
Ahora los católicos españoles se han sentido agraviados y ofendidos por una obra de Leo Bassi en la que, por ejemplo, se consagran condones, parodia de un sacramento de su religión.
El Gobierno socialista de Castilla-La Mancha (bien por su sensibilidad con sus compatriotas católicos)ha decidido no subvencionar el caché del cómico en un festival de teatro que se celebra en la región.
Como era esperable le han dado la vuelta a su muy usado calcetín de la tolerancia. Ahora es más importante el valor de la libertad de expresión cuando hace unos días el valor supremo era el de la convivencia. Es lo que se dice arrimar el ascua a la sardina propia.
Quede claro, mi opinión es taxativa y tiene una doble vertiente. Una, el valor de la libertad de expresión es un pilar insustituíble de la democracia. Esto es innegociable. El límite es el código penal fruto del soberano poder legislativo. Y dos, el arte no debe ser subvencionado. Leo Bassi debe tener el derecho a representar su obra, pero arriesgando su dinero o arriesgándolo sus promotores. Pero, claro, estos héroes de la provocación, estos campeones de la libertad creativa, son muy suyos con sus cuartos. Yo, como cualquier ciudadano, debo tener el derecho a no financiar las obras que no me gusten por cualquier razón.
Es de un totalitarismo indescriptible que me quiten dinero a la fuerza para dárselo a Leo Bassi o a cualquier otro artista: que se juegue su patrimonio, no el mío, que ya decidiré yo en qué obra de arte me lo quiero gastar si es que me gusta el arte, porque a lo mejor prefiero el bingo o los videojuegos o cualquier otra asquerosidad capitalista.
Pero es que, además, es profundamente inmoral que se lo quiten a un católico para dárselo a un cómico cualquiera para que se cachondee de sus creencias más profundas, las más íntimas y esenciales de su ser.

El trayecto
Dense cuenta de cómo cambiaría todo si los ofendidos por la obra del italiano comemierda (y no es insulto sino descripción, aviso para navegantes) fuesen los musulmanes. Se han constituído en una mayoría hegemónica los que dentro del pensamiento oficialista de nuestros días, el pensamiento de la correción política, que es izquierda más márketing, los que tienen un morro político gigantesco. Sí, y casi daría risa si no fuese una auténtica tragedia que un determinado partido social de Occidente (sin el cual la democracia liberal, es decir, nuestro modo de vida, es imposible) se haya metido en esa dinámica de auténtica podredumbre intelectual.

Punto de llegada
La democracia liberal, nuestro modo de vida, necesita que quienes dentro de eso que llamo partido social sean conscientes de esa decadencia se tomen en serio el trabajo de una regeneración y fomenten lo que en el campo ideológico de enfrente es una evidencia, esto es, un rico y fecundo debate que contribuye eficazmente a mantenerlo lejos de la esclorosis moral y de la parálisis intelectual.
Ese partido social, la izquierda, necesita (y es una necesidad también de los que no formamos parte de él) una revolución liberal contra la demagogia. La izquierda necesita romper ese cordón umbilical que aún la une con Marx y con Lenin y con el Che y con toda esa caterva de insanos farsantes: la mentira no es un arma política, el capitalismo no es el mal absoluto, el cristianismo no es el opio de los pueblos, las personas son más importantes que las sociedades y los pueblos, y los Estados son peligrosos, mantengámolos bien atados. Sólo eso, nada más que eso. Y nada menos.

El Ministerio de la Verdad (III): lo raro no es raro, el sentido común es delirio, los TEDAX no saben nada de explosivos

1.- Todos sabemos cómo es un vagón de un tren de cercanías. No es como un trasatlántico, está claro.
2.- En el famoso tren, vamos a ponerlo fácil, habría unas 50 o 60 bultos entre bolsas y mochilas.
3.- ¿Cuántos miembros de fuerzas de seguridad habría dedicados a este asunto en concreto? Pongámoslo fácil otra vez y dejémoslo en 10 aunque con casi toda seguridad habría más. Es decir, exagerando muchísimo tocarían a 6 bultos por policía.
4.- ¿Qué es lo primero que hacen las fuerzas de seguridad cuando llegan a la escena de un crimen con bomba, después de, los más heroicos, ayudar a los heridos a abandonar el lugar? Pero, lo primero, primerísimo. Pues, naturalmente, asegurarse de que no les está esperando una bomba trampa. Saben perfectamente que el riesgo de que haya una nueva explosión es altísimo.
5.- Quien está al mando de la recogida de bultos recuerda una sola bolsa pesada.
6.- Los bultos se reunen en varias bolsas grandes para su transporte.
7.- Como todos sabemos ha aparecido una bolsa en una de esas bolsas más grandes de la que parte toda la instrucción del sumario del 11-M. Se ha constituído en una prueba básica, al parecer.
8.- Dadas estas circunstancias hay una pregunta elemental: ¿cómo esperan que nos creamos que unos profesionales de los explosivos, profesionales cualificadísimos, llegaron a un sitio donde se había producido un salvaje atentado con bombas con el resultado de un montón de muertos -lo que evidencia que los responsables no tenían escrúpulos en quitar vidas- y se dedicaron a pasear una bolsa que pesaba nada menos que 12 kilos y a tirarla a un montón formado por otras bolsas y mochilas, sin aplicar las rutinas del máximo riesgo, que era lo que allí había, como si fueran unos memos descerebrados que no hubieran visto una bomba en su vida, ni hubieran llegado nunca a un lugar sospechoso de albergar bombas, ni hubieran estudiado una y un millon de veces la mejor forma de actuar en esos casos? ¿Eran TEDAX o un grupito de vendedores de enciclopedias que pasaban por allí? ¿Cómo quieren que nos creamos que un miembro de un cuerpo de élite como es el TEDAX coja una bomba de 12 kilos y sin sospechar que lo es, como quien maneja jamones, se la pase a un compañero al grito de "¡Pepe, bolsa va!" mientras el otro le responde "¡La pillé, Manolo, si te parece la dejo en este montón de aquí que en el otro ya hay muchas¡"? Y todo eso con muertos, heridos y destrucción por doquier y seguramente con el miedo en el cuerpo de que en cualquier momento pudiera producirse una nueva explosión.
No tengo ni idea de lo que pasó pero para tragarse esta versión de los hechos hay que echarle mucha buena voluntad y una fe a prueba de...bueno, ya saben.
9.-Pero es que para rematar la jugada, el policía al mando de la recolección de bultos ha afirmado ante el juez que había una única bolsa con un peso similar a esa prueba básica de la instrucción y ambas no eran ni parecidas.
10.- Nos están pidiendo que renunciemos al sentido común.
11.- Nos están pidiendo que nos parezca natural que al Gobierno, a la izquierda española, y a los medios de comunicación que creen a pies juntillas la versión oficial de los hechos del 11-M, toda esta historia de la mochila no les resulte ni remotamente, pero ni remotamente, rara. Todo es normal. Nos dicen que España tiene unos TEDAX que son gilipollas y nos tenemos que quedar tan tranquilos.
12.- Por último (es un decir). Todos sabemos que la famosa bomba era imposible que estallara por la colocación de algunos de sus cables. Pues bien, el órgano oficial del Ministerio de la Verdad, El País, ha dicho a sus lectores durante varios días seguidos que esa bomba fue desactivada. Y ellos se quedan tan anchos y su parroquia lo asume sin más. El Ministerio de la Verdad crea la realidad. Esa es su función.

martes, marzo 14, 2006

El Ministerio de la Verdad (II): el librepensamiento progresista no duda, se chotea y practica la Fe del laico

Me he hartado de preguntar a mis muchos amigos "progresistas" acerca de qué es lo que tanta gracia les hace de lo publicado por "El Mundo" estos días. Pocas respuestas he obtenido, la verdad.
En primer lugar, casi nadie ha leído las informaciones y casi todos los izquierdistas que conozco, por no decir todos, hablan de oídas. Se puede comprobar fácilmente que en la base social de la izquierda existe un conocimiento muy somero de los acontecimientos del 11-M.
En segundo lugar, casi todos consideran que lo publicado por "El Mundo" forma parte de la paranoia de la derecha más carca que no ha aceptado los resultados del 2004.
En tercer lugar, a esta parte de la población española le resulta muy gracioso que sean los que mandaban en las fuerzas de orden público en el momento del salvaje atentado de ese año los que pongan en duda la labor de las diversas policías.
En cuarto lugar, existe una escandalosa unanimidad respecto a que la actitud de Mariano Rajoy supone en la práctica su suicidio político.
Quede claro que harían mal en creer que me estoy refiriendo a personas particularmente obtusas. No, fuera del ámbito de la política son indviduos bastante razonables y en todo caso, buena gente. Sin embargo, con todo el dolor de mi corazón, he de decir que con ellos el Ministerio de la Verdad ha hecho un buen trabajo.
En primer lugar porque ha conseguido que sus fuentes de información provengan de una sola dirección y obedezcan a un único interés. Si bien con dificultades, el Ministerio de la Verdad está consiguiendo entre sus parroquianos algo mucho más efectivo que una contraargumentación (que dadas las circunstacias es muy difícil): esto es, ridiculizar, la estrategia de la mofa y la befa, imprimiendo en las mentes predispuestas la idea de que las informaciones discrepantes son tan estúpidas que ni siquiera merece la pena echarles una ojeada. Por si acaso, claro, algún fiel flaquea.
Por otra parte, para qué argumentar si está claro que todo es el producto de un delirio provocado por la frustración de la pérdida del poder por parte de la derecha más extremista.
En tercer lugar, consiguen dar la vuelta al hecho de que los responsables políticos del PP quieran saber qué ocurrió a pesar de que les puede hacer quedar mal para convertirlo en una prueba más del delirio político en el que han caído.
En cuarto lugar, por el método de la repetición hasta convertir cualquier cosa en verdad se deja claro que todo es tan pero tan absurdo que Rajoy no hace sino suicidarse. La razón por la cuál esto es así es un misterio. Se supone, contra toda evidencia, que la base electoral del PP cree en la tesis oficialista de los hechos y considera que sus líderes políticos se han vuelto locos.
Pero el Ministerio de la Verdad no repara en gastos sobre todo cuando se ahorra tanto en equipos de investigación. Están intentando convencer al país y a la mitad parece que ya lo han conseguido (por el momento) de que es una gran deslealtad y un comportamiento contra el honor de las instituciones el hecho de siquiera llegar a sospechar que pueda haber personas corruptas, o idiotas o incompetentes o cualquier otra hipótesis en el seno de las fuerzas de seguridad o en el poder judicial. Por primera vez en la historia de la Humanidad un grupo humano bastante amplio ha conseguido ser inmune a cualquier tipo de defecto ofreciendo un ejemplo asombroso de incorruptibilidad absoluta. De nuevo contra toda evidencia.
Sin embargo, lo más asombroso es que la gente de un país en el que ha pasado lo que aquí pasó el 11-M conozca el hecho de que hay personas que ponen en duda la versión oficial de los hechos y no tenga interés en salir corriendo al kiosko para averiguar por sí misma si existe un razonable fundamento para la duda o no.
A estas horas, las ocho y media del día 14 de marzo del 2006, el Ministerio de la Verdad sigue trabajando sin desmayo. Dice la SER en todos sus informativos horarios que Rajoy ha rectificado sus declaraciones de ayer respecto a que las informaciones de "El mundo", de confirmarse, podrían hacer necesaria la anulación de toda la instrucción del 11-M hasta el momento. Para ello cortan la primera parte de una frase que no se entiende demasiado bien pero lo suficientemente amputada para hacer posible casi cualquier lectura. Sin embargo, la frase concluye con un rotundo "parece que se quiere que en este país no se pueda opinar" y "no tengo por qué rectificar nada" de lo dicho ayer. Pues la parroquia del Ministerio se lo traga y aplaude con las orejas. Creer a ciegas lo que defienden los líderes políticos de la izquierda, fe de laicos, es lo progresista en la España de nuestros días. Es lo que solemos conocer como libertad de pensamiento e independencia. Esta es la idea de la liberación según lo entienden los tataranietos ibéricos de Carlos Marx.

lunes, marzo 13, 2006

El Ministerio de la Verdad (I): El 11-M y el GAL, parecidos razonables

Pero ¿qué hacen?¿Se han vuelto locos? Los comentaristas políticos de la izquierda están repitiendo de nuevo su tremendo papelón de la época del GAL y eso que algunos creíamos que todo aquello, como el 23-F para otros, habría servido de vacuna y que semejante grado de miseria moral no se volvería a dar de forma tan descarada, que al menos se habrían vuelto más sutiles en sus andanzas, que al menos una parte significativa del rebaño haría valer su condición de seres humanos y que no repetirían de ilusionados nominados al Goya por el papel de ovejas. Los carniceros y sopenas del mundo parecen muy tranquilos defendiendo que todo está muy claro en lo referente al 11-M. No hay dudas, lo que publica El Mundo y repican la COPE, Libertad Digital y poco más, es basura amarilla, producto de los delirios de grandeza de Pedro J. Ramírez y del fascismo integrista de Federico J. Losantos, detritus de la descomposición intelectual de lo que como loritos repetitivos se han puesto de acuerdo en llamar “derecha extrema”. Y ya está.
Está claro que no tenía esperanzas respecto a este sector, digamos “duro”, el cual ha hecho de la “dureza” su medio de vida, con obvios rendimientos. Un rasgo de dignidad intelectual en estos francotiradores de buen vivir acomodados en la ideología de los redentores de pobres y otras causas altamente rentables hubiera sido un milagro. Sin embargo, pensaba que entre los comentaristas políticos de la izquierda serían muchos más que en aquella época en que los ministros socialistas acusaban a los periodistas poco adictos de “perder aceite” (cómo cambian los tiempos) los que serían capaces de salir del redil y utilizar su propio caletre antes que hacer de monigotes con altavoz del argumentario ridículo de los goebbels de tres al cuatro que habitan en La Mocloa o en despachos ignotos del Grupo Prisa donde los agentes con licencia para mentir del grupo diseñan estrategias que luego refulgen en los medios de comunicación de todo el país, de costa a costa, y de un lado al otro del espectro político, por cierto.
Y es que no hay uno que diga “oiga, cuidado, aquí hay algunas cosas que no acaban de estar claras”. No. Lo apuestan todo a caballos que sólo pueden ganar si todos los demás se desmayan antes de empezar a correr. Y parece que realmente esa es la situación, como si rezaran cada noche para que un juez tontorrón o despistado o acomodaticio o miedicas o sectario o todo a la vez dictase una sentencia que les permitiera respirar aliviados (como si se pudiera poner puertas al campo, o tapar el sol con un dedo o vaciar los océanos con un cubo). Entre los comentaristas políticos zurdos se ha impuesto una tesis que sólo puede ser calificada de profundamente paranoica y que les deja a la altura del betún en su imaginario de intelectuales comprometidos: de izquierdas es creerse la versión oficial de la investigación y de derecha extrema ponerla en duda. Entre una y otra posición un desierto del tamaño del Sahara.
No dejo de preguntarme la razón de este cerrar filas y no crean que acabo de entenderla totalmente. Esta psicótica unanimidad es muy poco humana y recuerda, más bien, a un mundo robotizado, que es en lo que se ha acabado por convertir la petrificada izquierda de nuestros días. Ni uno sólo de sus comentaristas políticos tiene dudas respecto a que los hechos se han desarrollado tal y como nos lo cuentan algunos personajes que, es público y notorio, tuvieron que ver y mucho con aquella historia triste del terrorismo gubernamental, que no de Estado. Incluso alguno anda por ahí con juicios pendientes.
Pero en el colmo de la indignidad, alguno de estos pseudoanalistas de la realidad (más que analizarla contribuyen a darle forma de acuerdo con los intereses de su partido, entendiendo este término en sentido amplio) lejos de adoptar la postura del disimulo, sacan pecho, aunque al común de los mortales tal actitud le parezca asombrosa porque no se entiende bien de qué pueden estar orgullosos. El otro día Carnicero dijo en la SER que lo que el cree una terrible campaña mediática, la cual calificó de gigantesca ceremonia de la confusión, se parece cada vez más a la sufrida por el presidente González en la época del GAL. Con un par. No me resistí a llamar y, no sé cómo, un periodista de la redacción me puso en antena. Quise decirle al señor Carnicero que, efectivamente, todo se parecía cada vez más a aquella época, particularmente en las pocas ganas que tuvieron él y personajes como él de que los españoles conociéramos la horrenda realidad de que nuestro legítimo Gobierno hubiese organizado una banda criminal capaz de los más abyectos crímenes. Increíblemente el señor Carnicero negó que la prensa felipista hubiera tendido un significativo manto de silencio sobre aquella asquerosa evidencia de un Gobierno español elegido democráticamente poniéndose a la altura moral de ETA. Como todos ustedes saben, la realidad acabó por imponerse y algunos personajes muy poderosos dieron con sus huesos en la cárcel. También entonces Carnicero y sus compañeros del Ministerio de la Verdad proponían a los españoles que tragáramos con la explicación oficial. También entonces ponían a parir a quienes contra viento y marea consiguieron sacar a la luz la verdad de los hechos rindiendo un impagable servicio a la Nación y al sistema democrático. También entonces insistieron en repetir una y otra y un millón de veces que los periodistas que no se plegaban a su juego eran unos tipos malvados y con intereses inconfesables e indignos y por ello merecieron el calificativo de Sindicato del Crimen. También entonces nos dijeron que sólo sembraban cizaña y que sólo promovían el odio y la división entre españoles. También entonces nos dijeron que lo que ocurría de verdad era que la derecha pensaba que el poder era suyo y que no soportaba ver como el Pueblo, o sea, ellos, por fin gobernaba, razón por la cual practicaban el “todo vale” para recuperar el mando en el cortijo, que es lo propio de los señoritos, para expulsar a sus legítimos poseedores. También entonces nos dijeron que la derecha española se había vuelto fascista, o que nunca había dejado de serlo o que es la misma que se levantó en armas contra la democracia popular en el 36.
Efectivamente, señor Carnicero, cada día todo recuerda más al GAL y usted y toda la extensa plantilla del Ministerio de la Verdad juegan el mismo heroico papel. Sin que sirva de precedente, coincido con el señor Carnicero.

miércoles, marzo 08, 2006

Convencion del PP/Ciudadanos de Cataluña

Este artículo ha sido escrito para mi Blog "La Atalaya liberal", alojado en Lorem-Ipsum (http://www.lorem-ipsum.es/blogs/atalaya/).

Me pregunto: convención del PP y nacimiento de Ciudadanos de Cataluña ¿anverso y reverso de la misma moneda? Dicen los Ciudadanos que quieren expulsar al nacionalismo de la política y Arcadi Espada incluso afirma algo así como que no le importaría que el nacionalismo quedara reducido a la categoría de vicio privado (creo que citando a un compañero de aventura política). Sé que se ha convertido en un síntoma archirepetido de la grave enfermedad que padecemos (el imperio mediático de la corrección política, o sea, la conversión en paradigma ideológico de la sociedad moderna del pensamiento izquierdista pasado por las manos de los especialistas en márketin y ventas de cualquier cosa, cuanto más etérea mejor), pero aún así me lo preguntaré en alta voz una vez más: “¿qué pasaría si en el PP alguien –pongamos por caso alguno de sus tres principales tenores- hubiera proclamado tales intenciones en el circo romano del periodismo declarativo -verdadero parlamento de la sociedad contemporánea-? No hay que ser adivino, la reacción sería tremenda y por eso a nadie en el partido conservador-liberal español (el único que hay, para bien o para mal) se le ocurre ser tan claro. De lo que se deduce que el PP no es un partido libre en términos ideológicos y que su voluntad está secuestrada por la gran potencia de fuego mediático que tiene la izquierda en España (como en otros países).
Así las cosas se puede colegir, uno, que la democracia cojea por falta de representación ideológica, dos, que los ciudadanos liberales, conservadores y pro-españoles padecen un serio déficit en su libertad política. Suele decirse que esta es la situación típica en las comunidades donde el nacionalismo es hegemónico o tiene mucha fuerza. Es cierto, pero también es lo habitual –obviando los rasgos de confrontación nacional entre España y los partidos antiespañoles- en el mundo occidental. El imperio de la izquierda, cada vez más dominante ha llegado a producir una situación de auténtica autocensura en los partidos de la derecha, de modo que la única elección ideológica posible es entre la izquierda, la muy izquierda o la poco izquierda.
Ciudadanos de Cataluña es una opción antinacionalista y resulta muy saludable que esa etiqueta se haya despojado de su naturaleza vergonzante y, sin embargo, no lo podemos olvidar, es una opción ideológica de izquierda, única razón que ha impedido -por el momento- que haya sido tildada de “fascista”, “franquista” o, simplemente de facha, término éste siempre en la boca de quienes odian a España pero que resulta espectacularmente español.
En opinión de este humilde observador de la realidad, se hace imprescindible que las ideologías que no son hijas del marxismo se liberen de esta autocensura y comiencen a hacer pedagogía ciudadana de sus propuestas independientemente de cómo se pongan los acomodados sindicatos, los retroluchadores antifranquistas, los “países”, las “seres”, o el coro de bienpensantes subvencionados. Es el momento de explicar claramente por qué la legislación laboral como la española es perniciosa para los trabajadores, por qué el salario mínimo tira de los sueldos hacia abajo, por qué el “cheque escolar” da más libertad de elección a los padres y más calidad educativa a los alumnos, por qué bajar los impuestos a las empresas beneficia a los consumidores y provoca una mayor recaudación a la Hacienda Pública, por qué la liberalización del suelo permitiría un descenso del precio de la vivienda y, por tanto, un más fácil acceso a ella. Es el momento de explicar que la ideología liberal no tiene por qué pedir perdón por existir y que es obviamente mejor defensora de los ciudadanos que las políticas intervencionistas y estatalistas. Es eso o el descenso a los infiernos de la expulsión del sistema de partidos y representación política, es decir, la total orfandad política de buena parte de la ciudadanía.
Aún desde la izquierda, Ciudadanos de Cataluña ha demostrado que esta actitud es posible, necesaria y hasta imprescindible. Que esconderse es otra forma de dar la razón a los cazadores de brujas de la izquierda. Que el liberalismo tiene muchísimas más razones para sentirse orgulloso de su historia que cualquiera de las versiones más o menos edulcoradas del marxismo. Que la democracia es para los demócratas dispuestos a ejercerla sin tapujos y vergüenzas.
En el otro extremo de la actitud de los Ciudadanos de Cataluña se situó la Convención del PP proclamando a los cuatro vientos pero sin que nadie le escuche que el PP no es lo que dicen que es, que es tan correcto políticamente como cualquiera, que es tan moderno como cualquiera, que es tan de centro como cualquiera. O sea, que, y para eso sí que no hay vergüenza, se proclamó orgulloso partido de la poco izquierda.
Tras el ejemplo de la Convención y del nacimiento del partido antinacionalista, aparece una pregunta fundamental: ¿ha llegado el momento de que los ciudadanos liberales hartos de la infrarrepresentación política sigamos el ejemplo de Boadella, Espada y Carreras? Cada día mi opinión se inclina más a responder afirmativamente.