miércoles, marzo 08, 2006

Convencion del PP/Ciudadanos de Cataluña

Este artículo ha sido escrito para mi Blog "La Atalaya liberal", alojado en Lorem-Ipsum (http://www.lorem-ipsum.es/blogs/atalaya/).

Me pregunto: convención del PP y nacimiento de Ciudadanos de Cataluña ¿anverso y reverso de la misma moneda? Dicen los Ciudadanos que quieren expulsar al nacionalismo de la política y Arcadi Espada incluso afirma algo así como que no le importaría que el nacionalismo quedara reducido a la categoría de vicio privado (creo que citando a un compañero de aventura política). Sé que se ha convertido en un síntoma archirepetido de la grave enfermedad que padecemos (el imperio mediático de la corrección política, o sea, la conversión en paradigma ideológico de la sociedad moderna del pensamiento izquierdista pasado por las manos de los especialistas en márketin y ventas de cualquier cosa, cuanto más etérea mejor), pero aún así me lo preguntaré en alta voz una vez más: “¿qué pasaría si en el PP alguien –pongamos por caso alguno de sus tres principales tenores- hubiera proclamado tales intenciones en el circo romano del periodismo declarativo -verdadero parlamento de la sociedad contemporánea-? No hay que ser adivino, la reacción sería tremenda y por eso a nadie en el partido conservador-liberal español (el único que hay, para bien o para mal) se le ocurre ser tan claro. De lo que se deduce que el PP no es un partido libre en términos ideológicos y que su voluntad está secuestrada por la gran potencia de fuego mediático que tiene la izquierda en España (como en otros países).
Así las cosas se puede colegir, uno, que la democracia cojea por falta de representación ideológica, dos, que los ciudadanos liberales, conservadores y pro-españoles padecen un serio déficit en su libertad política. Suele decirse que esta es la situación típica en las comunidades donde el nacionalismo es hegemónico o tiene mucha fuerza. Es cierto, pero también es lo habitual –obviando los rasgos de confrontación nacional entre España y los partidos antiespañoles- en el mundo occidental. El imperio de la izquierda, cada vez más dominante ha llegado a producir una situación de auténtica autocensura en los partidos de la derecha, de modo que la única elección ideológica posible es entre la izquierda, la muy izquierda o la poco izquierda.
Ciudadanos de Cataluña es una opción antinacionalista y resulta muy saludable que esa etiqueta se haya despojado de su naturaleza vergonzante y, sin embargo, no lo podemos olvidar, es una opción ideológica de izquierda, única razón que ha impedido -por el momento- que haya sido tildada de “fascista”, “franquista” o, simplemente de facha, término éste siempre en la boca de quienes odian a España pero que resulta espectacularmente español.
En opinión de este humilde observador de la realidad, se hace imprescindible que las ideologías que no son hijas del marxismo se liberen de esta autocensura y comiencen a hacer pedagogía ciudadana de sus propuestas independientemente de cómo se pongan los acomodados sindicatos, los retroluchadores antifranquistas, los “países”, las “seres”, o el coro de bienpensantes subvencionados. Es el momento de explicar claramente por qué la legislación laboral como la española es perniciosa para los trabajadores, por qué el salario mínimo tira de los sueldos hacia abajo, por qué el “cheque escolar” da más libertad de elección a los padres y más calidad educativa a los alumnos, por qué bajar los impuestos a las empresas beneficia a los consumidores y provoca una mayor recaudación a la Hacienda Pública, por qué la liberalización del suelo permitiría un descenso del precio de la vivienda y, por tanto, un más fácil acceso a ella. Es el momento de explicar que la ideología liberal no tiene por qué pedir perdón por existir y que es obviamente mejor defensora de los ciudadanos que las políticas intervencionistas y estatalistas. Es eso o el descenso a los infiernos de la expulsión del sistema de partidos y representación política, es decir, la total orfandad política de buena parte de la ciudadanía.
Aún desde la izquierda, Ciudadanos de Cataluña ha demostrado que esta actitud es posible, necesaria y hasta imprescindible. Que esconderse es otra forma de dar la razón a los cazadores de brujas de la izquierda. Que el liberalismo tiene muchísimas más razones para sentirse orgulloso de su historia que cualquiera de las versiones más o menos edulcoradas del marxismo. Que la democracia es para los demócratas dispuestos a ejercerla sin tapujos y vergüenzas.
En el otro extremo de la actitud de los Ciudadanos de Cataluña se situó la Convención del PP proclamando a los cuatro vientos pero sin que nadie le escuche que el PP no es lo que dicen que es, que es tan correcto políticamente como cualquiera, que es tan moderno como cualquiera, que es tan de centro como cualquiera. O sea, que, y para eso sí que no hay vergüenza, se proclamó orgulloso partido de la poco izquierda.
Tras el ejemplo de la Convención y del nacimiento del partido antinacionalista, aparece una pregunta fundamental: ¿ha llegado el momento de que los ciudadanos liberales hartos de la infrarrepresentación política sigamos el ejemplo de Boadella, Espada y Carreras? Cada día mi opinión se inclina más a responder afirmativamente.

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