lunes, marzo 13, 2006

El Ministerio de la Verdad (I): El 11-M y el GAL, parecidos razonables

Pero ¿qué hacen?¿Se han vuelto locos? Los comentaristas políticos de la izquierda están repitiendo de nuevo su tremendo papelón de la época del GAL y eso que algunos creíamos que todo aquello, como el 23-F para otros, habría servido de vacuna y que semejante grado de miseria moral no se volvería a dar de forma tan descarada, que al menos se habrían vuelto más sutiles en sus andanzas, que al menos una parte significativa del rebaño haría valer su condición de seres humanos y que no repetirían de ilusionados nominados al Goya por el papel de ovejas. Los carniceros y sopenas del mundo parecen muy tranquilos defendiendo que todo está muy claro en lo referente al 11-M. No hay dudas, lo que publica El Mundo y repican la COPE, Libertad Digital y poco más, es basura amarilla, producto de los delirios de grandeza de Pedro J. Ramírez y del fascismo integrista de Federico J. Losantos, detritus de la descomposición intelectual de lo que como loritos repetitivos se han puesto de acuerdo en llamar “derecha extrema”. Y ya está.
Está claro que no tenía esperanzas respecto a este sector, digamos “duro”, el cual ha hecho de la “dureza” su medio de vida, con obvios rendimientos. Un rasgo de dignidad intelectual en estos francotiradores de buen vivir acomodados en la ideología de los redentores de pobres y otras causas altamente rentables hubiera sido un milagro. Sin embargo, pensaba que entre los comentaristas políticos de la izquierda serían muchos más que en aquella época en que los ministros socialistas acusaban a los periodistas poco adictos de “perder aceite” (cómo cambian los tiempos) los que serían capaces de salir del redil y utilizar su propio caletre antes que hacer de monigotes con altavoz del argumentario ridículo de los goebbels de tres al cuatro que habitan en La Mocloa o en despachos ignotos del Grupo Prisa donde los agentes con licencia para mentir del grupo diseñan estrategias que luego refulgen en los medios de comunicación de todo el país, de costa a costa, y de un lado al otro del espectro político, por cierto.
Y es que no hay uno que diga “oiga, cuidado, aquí hay algunas cosas que no acaban de estar claras”. No. Lo apuestan todo a caballos que sólo pueden ganar si todos los demás se desmayan antes de empezar a correr. Y parece que realmente esa es la situación, como si rezaran cada noche para que un juez tontorrón o despistado o acomodaticio o miedicas o sectario o todo a la vez dictase una sentencia que les permitiera respirar aliviados (como si se pudiera poner puertas al campo, o tapar el sol con un dedo o vaciar los océanos con un cubo). Entre los comentaristas políticos zurdos se ha impuesto una tesis que sólo puede ser calificada de profundamente paranoica y que les deja a la altura del betún en su imaginario de intelectuales comprometidos: de izquierdas es creerse la versión oficial de la investigación y de derecha extrema ponerla en duda. Entre una y otra posición un desierto del tamaño del Sahara.
No dejo de preguntarme la razón de este cerrar filas y no crean que acabo de entenderla totalmente. Esta psicótica unanimidad es muy poco humana y recuerda, más bien, a un mundo robotizado, que es en lo que se ha acabado por convertir la petrificada izquierda de nuestros días. Ni uno sólo de sus comentaristas políticos tiene dudas respecto a que los hechos se han desarrollado tal y como nos lo cuentan algunos personajes que, es público y notorio, tuvieron que ver y mucho con aquella historia triste del terrorismo gubernamental, que no de Estado. Incluso alguno anda por ahí con juicios pendientes.
Pero en el colmo de la indignidad, alguno de estos pseudoanalistas de la realidad (más que analizarla contribuyen a darle forma de acuerdo con los intereses de su partido, entendiendo este término en sentido amplio) lejos de adoptar la postura del disimulo, sacan pecho, aunque al común de los mortales tal actitud le parezca asombrosa porque no se entiende bien de qué pueden estar orgullosos. El otro día Carnicero dijo en la SER que lo que el cree una terrible campaña mediática, la cual calificó de gigantesca ceremonia de la confusión, se parece cada vez más a la sufrida por el presidente González en la época del GAL. Con un par. No me resistí a llamar y, no sé cómo, un periodista de la redacción me puso en antena. Quise decirle al señor Carnicero que, efectivamente, todo se parecía cada vez más a aquella época, particularmente en las pocas ganas que tuvieron él y personajes como él de que los españoles conociéramos la horrenda realidad de que nuestro legítimo Gobierno hubiese organizado una banda criminal capaz de los más abyectos crímenes. Increíblemente el señor Carnicero negó que la prensa felipista hubiera tendido un significativo manto de silencio sobre aquella asquerosa evidencia de un Gobierno español elegido democráticamente poniéndose a la altura moral de ETA. Como todos ustedes saben, la realidad acabó por imponerse y algunos personajes muy poderosos dieron con sus huesos en la cárcel. También entonces Carnicero y sus compañeros del Ministerio de la Verdad proponían a los españoles que tragáramos con la explicación oficial. También entonces ponían a parir a quienes contra viento y marea consiguieron sacar a la luz la verdad de los hechos rindiendo un impagable servicio a la Nación y al sistema democrático. También entonces insistieron en repetir una y otra y un millón de veces que los periodistas que no se plegaban a su juego eran unos tipos malvados y con intereses inconfesables e indignos y por ello merecieron el calificativo de Sindicato del Crimen. También entonces nos dijeron que sólo sembraban cizaña y que sólo promovían el odio y la división entre españoles. También entonces nos dijeron que lo que ocurría de verdad era que la derecha pensaba que el poder era suyo y que no soportaba ver como el Pueblo, o sea, ellos, por fin gobernaba, razón por la cual practicaban el “todo vale” para recuperar el mando en el cortijo, que es lo propio de los señoritos, para expulsar a sus legítimos poseedores. También entonces nos dijeron que la derecha española se había vuelto fascista, o que nunca había dejado de serlo o que es la misma que se levantó en armas contra la democracia popular en el 36.
Efectivamente, señor Carnicero, cada día todo recuerda más al GAL y usted y toda la extensa plantilla del Ministerio de la Verdad juegan el mismo heroico papel. Sin que sirva de precedente, coincido con el señor Carnicero.

2 comentarios:

Ignacio dijo...

No se si sabes, que este Carnicero es uno de los elementos que iba a Montejurra y esas cosas ; de los desorientados del postfranquismo que no sabían a que lado arrimarse; simplemente, nada más, y ahí es donde se sustancia el pensamiento de toda esta gente : ¿cuanto al mes en que puesto?
a, no sabías que iba de Carlista ?
pues eso es lo que hay, no da para mas

Xabier Cereixo dijo...

Pues no, no lo sabía. Aunque ahora mismo me parece recordar...Qué mas da, lo esencial es que resulta totalmente coherente con su actitud y la de tantos otros. Cuando hablan, cuando escriben, es evidente que no tienen ni idea de lo que significa democracia pero su desfachatez es tal que hasta nos dan lecciones a todos sobre ella. Son capaces de decir que tuvieron una actitud heroica en el franquismo, en la época del GAL... o en la Revolución Francesa. Todo les importa un comino salvo su secta, de la cual viven y muy bien. Ya me gustaría que existiese una izquierda con la que se pudiera debatir noblemente. Pero no, es difícil debatir con quien te mira por encima del hombro y encima te considera lo peor del mundo porque no comulgas con sus gigantescas ruedas de molino.
Y han conseguido contagiar su actitud por todo el país. No hago sino escuchar por todas partes que no hace falta ni leer las patrañas que publica "El Mundo" o que escupe Losantos. Lo peor de todo es que España no puede sobrevivir sin una izquierda honrada y leal. Por eso la situación es cada vez más dramática. Es todo muy triste.
Muchísimas gracias por participar en este tu blog. He visitado el tuyo y me parece muy gracioso así visto por encima. Ya lo veré con más detenimiento. Un saludo.
X.C