martes, marzo 14, 2006

El Ministerio de la Verdad (II): el librepensamiento progresista no duda, se chotea y practica la Fe del laico

Me he hartado de preguntar a mis muchos amigos "progresistas" acerca de qué es lo que tanta gracia les hace de lo publicado por "El Mundo" estos días. Pocas respuestas he obtenido, la verdad.
En primer lugar, casi nadie ha leído las informaciones y casi todos los izquierdistas que conozco, por no decir todos, hablan de oídas. Se puede comprobar fácilmente que en la base social de la izquierda existe un conocimiento muy somero de los acontecimientos del 11-M.
En segundo lugar, casi todos consideran que lo publicado por "El Mundo" forma parte de la paranoia de la derecha más carca que no ha aceptado los resultados del 2004.
En tercer lugar, a esta parte de la población española le resulta muy gracioso que sean los que mandaban en las fuerzas de orden público en el momento del salvaje atentado de ese año los que pongan en duda la labor de las diversas policías.
En cuarto lugar, existe una escandalosa unanimidad respecto a que la actitud de Mariano Rajoy supone en la práctica su suicidio político.
Quede claro que harían mal en creer que me estoy refiriendo a personas particularmente obtusas. No, fuera del ámbito de la política son indviduos bastante razonables y en todo caso, buena gente. Sin embargo, con todo el dolor de mi corazón, he de decir que con ellos el Ministerio de la Verdad ha hecho un buen trabajo.
En primer lugar porque ha conseguido que sus fuentes de información provengan de una sola dirección y obedezcan a un único interés. Si bien con dificultades, el Ministerio de la Verdad está consiguiendo entre sus parroquianos algo mucho más efectivo que una contraargumentación (que dadas las circunstacias es muy difícil): esto es, ridiculizar, la estrategia de la mofa y la befa, imprimiendo en las mentes predispuestas la idea de que las informaciones discrepantes son tan estúpidas que ni siquiera merece la pena echarles una ojeada. Por si acaso, claro, algún fiel flaquea.
Por otra parte, para qué argumentar si está claro que todo es el producto de un delirio provocado por la frustración de la pérdida del poder por parte de la derecha más extremista.
En tercer lugar, consiguen dar la vuelta al hecho de que los responsables políticos del PP quieran saber qué ocurrió a pesar de que les puede hacer quedar mal para convertirlo en una prueba más del delirio político en el que han caído.
En cuarto lugar, por el método de la repetición hasta convertir cualquier cosa en verdad se deja claro que todo es tan pero tan absurdo que Rajoy no hace sino suicidarse. La razón por la cuál esto es así es un misterio. Se supone, contra toda evidencia, que la base electoral del PP cree en la tesis oficialista de los hechos y considera que sus líderes políticos se han vuelto locos.
Pero el Ministerio de la Verdad no repara en gastos sobre todo cuando se ahorra tanto en equipos de investigación. Están intentando convencer al país y a la mitad parece que ya lo han conseguido (por el momento) de que es una gran deslealtad y un comportamiento contra el honor de las instituciones el hecho de siquiera llegar a sospechar que pueda haber personas corruptas, o idiotas o incompetentes o cualquier otra hipótesis en el seno de las fuerzas de seguridad o en el poder judicial. Por primera vez en la historia de la Humanidad un grupo humano bastante amplio ha conseguido ser inmune a cualquier tipo de defecto ofreciendo un ejemplo asombroso de incorruptibilidad absoluta. De nuevo contra toda evidencia.
Sin embargo, lo más asombroso es que la gente de un país en el que ha pasado lo que aquí pasó el 11-M conozca el hecho de que hay personas que ponen en duda la versión oficial de los hechos y no tenga interés en salir corriendo al kiosko para averiguar por sí misma si existe un razonable fundamento para la duda o no.
A estas horas, las ocho y media del día 14 de marzo del 2006, el Ministerio de la Verdad sigue trabajando sin desmayo. Dice la SER en todos sus informativos horarios que Rajoy ha rectificado sus declaraciones de ayer respecto a que las informaciones de "El mundo", de confirmarse, podrían hacer necesaria la anulación de toda la instrucción del 11-M hasta el momento. Para ello cortan la primera parte de una frase que no se entiende demasiado bien pero lo suficientemente amputada para hacer posible casi cualquier lectura. Sin embargo, la frase concluye con un rotundo "parece que se quiere que en este país no se pueda opinar" y "no tengo por qué rectificar nada" de lo dicho ayer. Pues la parroquia del Ministerio se lo traga y aplaude con las orejas. Creer a ciegas lo que defienden los líderes políticos de la izquierda, fe de laicos, es lo progresista en la España de nuestros días. Es lo que solemos conocer como libertad de pensamiento e independencia. Esta es la idea de la liberación según lo entienden los tataranietos ibéricos de Carlos Marx.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Si desde escolar.net a los ugarte y compañia(Tambien arcadi )estan histericos.