viernes, junio 09, 2006

Presidente Rodríguez, fútbol, pan y circo, y...¡Aúpa España!

Comienza el Mundial y como siempre la sociedad de todos los países se dividirá entre futboleros y antis. Entre los cultos o, más bien, entre los aficionados a las churriguerescas dialécticas se establecerá otra línea fronteriza entre aquellos que ven en el balompié el cénit de la democracia hecha práctica deportiva y los que, en cambio, no aprecian sino una versión moderna y maquiavélicamente perfeccionada del pan y circo romano. También podemos constatar la existencia de los que no siendo radicalmente anti-futboleros sienten que el deporte del balón en nuestros días se ha vuelto muy feo y aburrido, especialmente cuando lo comparan con otras prácticas deportivas –ese baloncesto en que en menos de medio minuto hay que tratar de lograr la canasta- o, incluso, con el mismo fútbol de otros tiempos.
Tengo que decir con toda solemnidad que no encuentro excluyentes todas estas ideas y que, personalmente, me apunto a todas. ¿Cómo no llegar a cierto hartazgo cuando los creativos publicitarios parecen víctimas de un virus que les impide tener idea alguna fuera de la de relacionar el producto que quieren vender con el Mundial? Y, sin embargo, qué ganas acumuladas de cuatro años, qué hambre atrasada, en fin, qué felicidad puesto que empieza ya a rodar el balón.
Por otro lado ¿cómo negar que algo de razón tienen quienes dicen que el fútbol moderno se está volviendo aburrido? Es cierto que hay muchos partidos en que dan ganas de prohibir a sus protagonistas que se vuelvan a acercar a un balón. Pero la verdad es que no siempre es así, y hay muchos encuentros magníficos, o regulares, en los que se pueden rescatar muchas de esas bellas acciones que han convertido a este deporte en un lenguaje universal, en un auténtico parlamento de los pueblos que hace realidad lo que utopías como el esperanto soñaron un día.
No obstante hay algo más: encuentro una belleza profunda en el hecho de que un equipo modesto, sin recursos técnicos o físicos, sea capaz, con las armas de la táctica, la disciplina colectiva y el entusiasmo individual, de bloquear la superioridad del contrincante.
Los aficionados recordarán cómo se le dio estopa a selección griega cuando ganó el Europeo de Portugal, críticas injustas pues fue vencedor en buena lid y ateniéndose a las reglas. Todos los demás fueron peores. El campeonato hizo justicia. Por eso somos muchos los que vemos en el fútbol una especie de metáfora de la democracia y de la vida, donde nada está escrito de antemano, donde todos nos podemos hacer un hueco si explotamos nuestras pocas o muchas habilidades innatas con esfuerzo, incluso si éstas no son tan claras y espectaculares como las del vecino. Cuántas veces el esforzado obtiene un éxito que se le niega al más inteligente, al más fuerte, al más guapo. Esa maravillosa lección, que debiera ser la más importante en el proceso de educación de cada niño, se la dio al mundo la selección de fútbol de Grecia: el orgullo y el esfuerzo del humilde hizo besar la lona al rico y acomodado.
No cabe duda, a pesar de todo, de que la situación política en España da para que el “pan y circo” sea una tentación irresistible para el stablishment zapateril, el cual viene utilizando la táctica de la tinta del calamar con mucha profusión, sea con forma de sellos, muertes famosas o mafias urbanístico-municipales. Así que no es nada raro que nuestro vacuo pero osado presidente Rodríguez prefiera ir a despedir a la Selección que aburrirse en el Parlamento. No, no cabe duda, tendremos el intento de anestesiar a una plebe que desde el poder no se respeta con “pan y circo” y sin embargo el circo seguirá siendo bello.
Por mi parte, aunque disfrutaré todo lo que pueda de ver tanto a Brasil como a Trinidad y Tobago, a Inglaterra como Ecuador, a Argentina como a Japón, eso no me hará olvidar qué está haciendo el Gobierno de mi país con el apoyo de la izquierda pero con la exclusión de todo lo que no lo es, y no en términos de siglas de partido sino en términos sociales. Fútbol sí, pero de pasotismo y anestesia nada, que se olvide el zapaterismo. Y creo saber que somos muchos en mi posición.
Por cierto, hoy más que nunca: ¡Aúpa España!

jueves, junio 08, 2006

Héroes de mentira en Chez Polanco

Tertulia del 7 de junio en La Ventana de Gemma Nierga, muelen a palos a un representante del PP. Pero no unas lumbreras de premio Nobel, no, sino la poquita cosa de Trinidad Jiménez, el demagogo insolente de Ignasi Guardans y Rosa Aguilar, que aunque para ser comunista tiene un pase, lo cierto es que como polemista deja bastante que desear. Un tal José Luis Ayllón, creo que diputado, es incapaz, pero totalmente incapaz, de defender ya no las tesis de su partido sino los simples argumentos básicos del, digamos para entendernos, centroderecha social. Cierto que todo la tertulia se desarrolla en un escenario con aroma a encerrona, pero nuestro triste diputado contribuye con su candor a que la encerrona sea todo un éxito.
De siempre me he preguntado el porqué de estas actuaciones patéticas en casa del enemigo, no consigo entenderlo. Comprendo que se defiendan los principios y las ideas aunque sea en casa del Diablo, pero hágase con todas las consecuencias, no con un miedo incomprensible en quien cree tener razón, no con la actitud mendicante de quien quiere hacerse perdonar no se sabe qué. Pienso ahora en Mercedes de la Merced con ese temor desmedido a que le llame facha su amigo Carlos Carnicero. Si se hay que ir a luchar ideológicamente a ciertos sitios hay que hacerlo con todas las consecuencias, incluidas las de parecer antipático y quedarse en estrepitosa minoría. Si no, mejor quedarse en casita con las pantuflas puestas, el coñac y el partidito de fútbol en la tele.
Desgraciadamente es inevitable formularse la pregunta de si estamos ante un problema de actitud o ante un problema de convicción. Demasiados de estos centristas con tarjeta VIP en Chez Polanco expelen por todos sus poros una actitud vergonzante que ya no es sólo una tendencia al pactismo más desmedido y humillante sino pura inconsecuencia intelectual.
Mientras tanto cómo no sentir una inmediata admiración por un Arcadi Espada que defiende en condiciones de extrema dificultad sus ideas, ya no en una situación de encerrona sino encerrado en la cárcel del pensamiento único en que se ha convertido la Cataluña de nuestros días.
Cómo no sentir una admiración instintiva por Gotzone Mora y con ella por cada militante disidente del PSOE y por cada uno de los militantes del PP en las Vascongadas, auténticos héroes que han de vivir en la más pura hostilidad, hostilidad de verdad, no sólo la mala baba “amiga” del sin par Carnicero.
Haciendo comparación, sin duda odiosa para quien ella palidece hasta esfumarse, la actitud de estos representantes de esta derecha tan educada resulta cualquier cosa menos heroica. Su gran gurú, el alcalde más guay del universo y de parte del extranjero, ya se ha aprendido la lección hasta el punto de tomarse la vida política como si transcurriese en un estudio de la cadena SER. Cada vez que abre la boca da la impresión de llevar a cuestas, como en una condena mitológica, las miradas severas (¿o colegas?) de Gabilondo, de Nierga, de Cebrián, de Polanco
Tal vez recuerden, amigos lectores, aquella afirmación que aseguraba que el perfecto estado policial es aquel en que la policía ya no es necesaria porque todos han interiorizado la coerción y nadie se sale de las líneas marcadas. Esto es lo que me sugieren estos luchadores heroicos, felices en sus cárceles sin barrotes, con sus principios de chicle estirándose a conveniencia de quien manda.

miércoles, junio 07, 2006

Víctimas y traición

(Este artículo fue publicado originalnmente en DEBATE 21, el día 6/6/06)

Hace uno, diez, veinte o treinta años, ETA me mató en una calle de Bilbao, Madrid o Barcelona. Seguramente no fui sino un daño colateral, la bomba estaba dirigida a un teniente coronel o a un político. Sin embargo, mi muerte, mi asesinato, no difiere en nada del que se llevó las portadas de periódicos e informativos televisivos o radiofónicos: nuestras vidas fueron arrebatadas, el peor crimen posible. Formo parte de la Asociación de Víctimas del Terrorismo porque, además de muerto, también fui gravemente herido, con secuelas terribles en lo físico y en lo psicológico, puesto que también perdí a un ser muy querido.
No hubo motivos para aquello salvo el de ser un habitante de esta desventurada patria, ni tenía ni adquirí mérito alguno, era y soy una amenaza, un disparo para la socialización del sufrimiento. ETA dispara a España en el cuerpo y en el alma de los españoles, o,más bien, en el de los habitantes de España.
Hace uno, diez, veinte o treinta años tuve que irme del País Vasco, no me sentía legitimado para arriesgar las vidas de mis seres queridos, que no me pertenecían, especialmente las de los más pequeños. Tampoco puedo afirmar que me hubiera quedado aunque estuviera solo, no creo haber nacido para héroe. En cualquier caso, sentimos que nos teníamos que ir y como muchísimos otros, nos fuimos. A pesar de ser nuestra tierra, a pesar de amarla profundamente, a pesar de haber sido ilegítima y criminalmente expulsados de ella, hoy no tenemos derecho a decidir sobre su destino. Primero nos echaron y luego, sin nosotros, están decidiendo: a eso le llaman democracia, derecho a decidir, autodeterminación.
Vivo en el País Vasco. Desde hace más de treinta años soporto la amenaza de muerte sobre mi vida, el secuestro de mis derechos más elementales como humano, la ausencia de libertad. No puedo andar sin ser amenazado, no puedo explicar mis ideas en la Universidad, me es imposible garantizar la integridad de mis bienes personales. Sufro. No obstante he decidido quedarme a luchar no por una vocación heroica de la que carezco sino por simple instinto de supervivencia. Muchos otros se han ido, muchos otros han muerto, muchos han enmudecido terriblemente porque le han secado el alma.
Son las consecuencias de pertenecer a un pueblo que está luchando por su libertad. Cuando los vascos luchamos por nuestra libertad muchos vascos la pierden, paradoja repulsiva.
También son las consecuencias de pertenecer a un pueblo como el español que ha conseguido vivir en libertad. Cuando los españoles somos libres, muchos españoles pedemos la libertad, síntoma de un enfermedad social que muchos se niegan a ver.
Muchos españoles, además, creen que lo mejor es abandonarnos a nuestra suerte. Démosle la independencia a los vascos y que se dejen de joder. Se olvidan de nosotros, sus compatriotas. Son muchos los que nos quieren abandonar, dejar en manos de quienes nos han matado, secuestrado, silenciado, amenazado 24 horas sobre 24, 365 días sobre 365, año tras año en los últimos 35 o más.
Dicen algunos que estamos demasiado implicados emocionalmente para que nuestras opiniones tengan valor político. Hace uno, diez, veinte o treinta años, a mí no me pasó nada: la pura casualidad. Estaba en Hipercor, pero la bomba me cogió lejos. Estaba cerca en los miles de veces que ETA ha cometido estragos y segado vidas y causado heridos, pero tuve suerte. Y sin embargo, soy una víctima del terrorismo, pero con suerte. Soy español, habitante de España, con libertad camino por las calles de las ciudades de esta desventurada patria. Podía ser tranquilamente cualquiera de los casi mil asesinados por ETA o cualquiera de los miles de heridos con o sin secuelas, o cualquiera de los afectados psicológicamente por su presión criminal. Si los padezco o no en la Universidad o en el periódico en que trabajo sólo depende de haber nacido en un sitio o en otro. Sí, no cabe duda, soy una víctima y no sólo en potencia. Soy una víctima de hecho, todos lo somos.
El Gobierno del Estado que contribuyo a mantener y que es expresión de lo acordado entre todos para vivir civilizadamente no tiene ninguna autoridad para hacer ninguna otra cosa que perseguir y meter en la cárcel a quienes cometen crímenes, los justifiquen como los justifiquen. El Gobierno de mi nación no tiene ningún derecho a hacer ninguna otra cosa que contribuir a que se aplique la Ley y a que su peso caiga con todo el rigor sobre aquellos que la vulneran.
Si el Gobierno de mi patria hiciese cualquier otra cosa que las señaladas se pondría fuera de la Ley. Y, efectivamente, estaría traicionando ignominiosamente a las víctimas de los criminales, o sea, a todos y cada uno de los habitantes del Reino de España. Y, efectivamente, dicha traición se está cometiendo ya, desde el punto y hora en que se concede valor de interlocutor político a una banda de criminales y asesinos, incluso, antes, de negociar y en su caso conceder, nada.

lunes, junio 05, 2006

Javier Ortiz, ejemplo de pregonero de laFiesta de la Rendición ante ETA

Javier Ortiz es columnista de “El Mundo” desde hace mucho tiempo. A pesar de que discrepo totalmente de la mayoría de sus análisis por razones más bien obvias, lo cierto es que siempre había apreciado una cierta independencia en lo que escribía. Recuerdo que en la funesta época de la descomposición del régimen felipista, se mantuvo en una posición de cierta dignidad al no caer en el patético sectarismo de la mayoría de sus compañeros de profesión e ideología. Sin embargo, hoy no puede presumir de tal cosa y no se puede encontrar gran diferencia entre lo escrito por él y lo evacuado por, digamos, un Enric Sopena y si ha transformado en un ejemplo muy triste de en qué se han convertido algunos al alistarse en el ejército de los pregoneros de la fiesta de la derrota ante ETA y la gloria que nos aguarda sin el PP en el futuro mundo perfecto.
Tengo en mis manos la columna que ha redactado el día 5 de junio de 2006 y digo redactado porque parece que la haya producido un autómata a base de clichés, por un lado, y desde una posición palmariamente sectaria, por otro. Es uno de tantos articulitos inanes contra el PP, de esos que pueblan las páginas de los periódicos nacionales de forma masiva.
Según Ortiz el PP niega la realidad y el PSOE la acepta, aunque le disguste, de ahí que no tenga problemas en negociar con lo que el denomina “izquierda abertzale”. Afirma Ortiz que el PP pretende remediar una situación político social que le disgusta prohibiéndola, en referencia a la famosa Ley de Partidos que consensuaron PP y PSOE, y señalando la presunta evidencia de que el PP no extrae la obvia conclusión de que dicha Ley no ha cambiado nada en el País Vasco. Finalmente Ortiz niega que el PSOE se haya vuelto condescendiente con Batasuna como cree el PP, sosteniendo que simplemente son realistas al considerar al partido ilegal como interlocutor necesario, y defendiendo que tanto PSOE como Batasuna están en la misma situación teniendo que aceptar como interlocutor a quien le disgusta.
Para Ortiz este empecinamiento del PP está basado en un dogmatismo aún más radical que el de Franco cuando se negaba a aceptar la existencia de la URSS.
En fin, lo terrible del artículo es que denota una total pérdida de independencia intelectual, inscribiéndose en la cohorte de aduladores y tontos útiles del actual Gobierno.
Uno tiene derecho a pensar lo que le de la gana y hasta ahí no hay nada que decir, sin embargo un analista político debería asentar sus tesis en cierta finura y dejar los eslóganes electorales para los partidos, que funcionan con otros parámetros. Cuando quien se pretende analista político afirma que un partido que representa, al menos, a la mitad de la ciudadanía española considera que la existencia de la denominada, por propios y acríticos, “izquierda abertzale” como un problema que se soluciona con una férrea prohibición no sólo está cometiendo un error de enfoque intelectual sino que está pervirtiendo y falseando la realidad, es decir, está mintiendo a sus lectores.
Uno puede estar de acuerdo o no con la Ley de partidos, apreciar en ella señales liberticidas, considerarla inútil o perniciosa, pero lo que no puede afirmar es que pretenda prohibir una determinada ideología, porque sabe perfectamente que tal cosa en España no se da, ni siquiera con el nazismo.
Uno puede tener la idea que quiera acerca de los resultados de dicha Ley y considerarlos buenos, malos o regulares, pero decir que su aplicación no supuso cambios sustanciales en la política vasca es mucho más que un error de enfoque intelectual, es un falseamiento de la realidad, una mentira que se demuestra simplemente observando el muy evidente interés de Batasuna por cambiar esta Ley y sus consecuencias y por romper la dinámica política que la había producido.
Uno puede tener la opinión que le de la gana sobre la situación política española en relación a la actividad de la banda terrorista ETA pero lo que no puede hacer sin dejar en evidencia en qué se han convertido la mayoría de los columnistas de izquierdas de este país es trufar un artículo de una mentira tras otra para ayudar al Gobierno y desgastar a la oposición: Javier Ortiz como la inmensa mayoría de sus compañeros de profesión e ideología se han convertido en propagandistas sin ningún disimulo.
En contra de lo afirmado por Ortiz, la Ley de partidos sí cambió sustancialmente la situación política.
En contra de lo afirmado por Ortiz dicha Ley no se ha aplicado “prolongadamente” sino que más bien en la historia de la Democracia lo que se ha aplicado prolongadamente es la consideración de Batasuna como algo distinto de ETA.
En contra de lo afirmado por Ortiz, la Ley de Partidos no pretende la prohibición de una ideología y mucho menos de un grupo social, sino que pretende que una banda terrorista mantenga una sucursal legal en las instituciones democráticas.
En contra de lo afirmado por Ortiz, la Ley de Partidos no se hizo con el “apoyo” del PSOE sino que el partido socialista –especialmente el partido socialista vasco de entonces- tuvo una participación mucho mayor que lo que indica esa expresión y dirigentes como Redondo, Díaz, personalidades próximas como Savater y otros muchos, así como otras tantas organizaciones cívicas, la defendieron como si tratase de una idea propia y el propio Zapatero la hizo suya.
En contra de lo afirmado por Ortiz, la pérdida de apoyo social a ETA sí se había transformado en pérdida de influencia y sólo el cambio de la situación política generado por el Gobierno Zapatero ha permitido que ETA vuelva a tener una gran influencia que es, insólita y absolutamente, regalada, y va más allá de la influencia real en la sociedad vasca.
En contra de lo afirmado por Ortiz, el cambio de postura del PSOE no se basa en un principio de aceptación de la realidad ni tiene como objeto la consecución de objetivos más ambiciosos, sino que es precisamente el cambio radical de los objetivos que se pretenden lo que ha provocado un cambio igualmente radical en la estrategia estrategia. Ya no se pretende la derrota total de ETA sino que se persigue un cambio total de la organización territorial de España y para eso el PP no sólo sobra sino que es un problema. Los objetivos no son más ambiciosos son, sencillamente, distintos, por lo que el consenso con el PP, por otra parte prohibido en el pacto del Tinell, está fuera de lugar.
Y en contra de lo afirmado por Ortiz, de lo que intenta demostrar, la realidad no tiene por qué ser aceptada de manera inmutable y se puede cambiar. Por ejemplo, se puede derrotar a ETA, por mucho que los agoreros como Ortiz, los voceros del pacto con el Diablo, los propagandistas de la rendición, los tontos útiles de la destrucción de la nación española y el pacto constitucional nos digan que no e intenten demostrarlo con perfectas piezas de la manipulación como el artículo de Javier Ortiz en “El Mundo” el día 5 de junio de 2006 que no es sino una auténtica indignidad intelectual.