lunes, julio 24, 2006

Demagogias veraniegas: las causitas del buen dormir

Se ha convertido en una manía, de esas patéticas que producen vergüenza ajena. No a la guerra ¿qué guerra? Pues cualquiera. Si pensaban que en verano nuestros demagogos oficiales del Reino estarían en la playa, embadurnados en el potingue que protege del sol asesino de cambio climático es que no les conocen. Estos chicos no descansan, porque como los camellos, sus clientes necesitan su dosis para dormir. Desde que no tienen Causa, así con mayúscula, para entregar su vida a golpe de hormonas de confortable heroísmo clase media se han vuelto realmente pesados. Son esa familiar voz de la conciencia, pero como si ésta hubiese abandonado cualquier vínculo con la razón, una conciencia borracha de sí misma, encantada de ser tan pero que tan guay. La Causa, así con mayúscula, que abarcaba de manera insondable todos los recovecos de la existencia del héroe acomodado del capitalismo, se estrelló un día contra el Muro de la Crueldad Utópica y el golpe produjo una constelación de sustitutivas causitas, así con minúscula, que si bien ya no sirven para la redención secular que conducía antaño al Paraíso de los Buenos Revolucionarios, sí que permite, al menos, y de qué manera, dormir tranquilamente a los Buenos Progres de nuestra era, ya saben, los que pagan hipoteca y montan la de San Quintín por una subida de sueldo del 3%, la caridad bien entendida empieza por uno mismo.
No se han cogido vacaciones (los sueldos de la Progresía Profesional –no confundir con nuestros buenos, honrados, sinceros y equivocados amigos, familiares y amantes- dan para mucho en vacaciones; observen los Rolex con que hacen músculo los secretarios anticapitalistas de esto y aquello), es un decir, los programadores de conciencias, y entre crucigrama con sol y Martini de mediodía con arena, arman un recordatorio de lo buenos que son, juntándose los cuatro gatos sin botas pero con toquilla filoislamista (¿mantón multicultural?¿pañuelote de la Alianza entre democracias y teocracias?).
Tal vez ahora mismo, ay, el veraneo patrio tiene estas cosas, no recuerden que su heroico y utópico partido gubernamental ha dejado tirados como colillas a esos otros musulmanes que se merendará a los postres de su imperialismo tercermundista el gran sátrapa marroquí. Cosas de la moda, digamos. Hoy toca pañuelitos línea oriente medio, porque la causita, así con minúscula, de línea saharaui está pelín demodé.
Tampoco pasa nada, ya que sin el menor asomo de duda, los creativos de la Agencia Demagogia, tienen listas sus armas para la próxima causita, así con minúsculas, cotizando sus solidaridades a precio de oro. ¿Qué guerra de las muchas que hay será distinguida con su bondadosa atención? ¿Por quién dormirán tranquilos mañana? Qué importa, cualquiera del largo listado que se le ocurre enseguida hasta al menos despierto. Sabemos también, con la misma certidumbre, por quién no será. Y sé perfectamente, amable lector, que para este listado, tampoco necesita usted ninguna ayuda. La solidaridad bien entendida no empieza por tus compatriotas si éstos son agredidos por psicópatas nacionalsocialistas, incuso hasta la muerte. Se puede manifestar uno, y a diario si hace falta, por los que sufren si sufren lejos, por las agresiones a países si no es el propio, y contra fascismos si son tan lejanos como inventados, especialmente si son inventados. Son las modernas causitas del buen dormir para quienes odian todo de Occidente menos la cómoda vida que les proporciona. Para esta hipocresía, ya saben, no hay vacaciones que valgan, que ya llega con el calor para pasar malas noches.

lunes, julio 10, 2006

El Ministerio de la Verdad en la Nueva España

“Saber popular”: varios millones de personas en el día del Orgullo Gay colapsan Madrid. Personas cercanas, muy cercanas, me lo dicen. De hecho no sabían que había tanto homosexual en España. Lo cierto es que nadie lo sabía. Zapatero, en cualquier caso, sí debía saberlo y por su cuenta y riesgo ha querido asegurarse su apoyo electoral. No tiene tanto interés en el par de docenas de fachas que se han acercado a Valencia a rendir pleitesía al líder de esa pequeña secta católica, algo bien extraño en un político. A no ser que delante de sus necesidades electorales sienta las de su secta, sin duda mayor que la apostólica y romana. Y, con todo, sigue siendo bastante raro.
Todo un personaje nuestro presidente. Ahí le tenemos, pacificando España por la vía de darle la razón a quienes han despreciado desde hace 40 años la paz y la democracia. Esto, sin embargo, no es tan raro, puesto que hablan el mismo idioma y asientan sus aspiraciones sobre los mismos pilares. Tal vez haya una diferencia en los medios pero pertenecen al mismo mundo por sus fines: odian el capitalismo, odian España y odian la gente que no les da la razón (unos los matan y otros los borran del sistema). Consideran que su función es cambiarlo todo para llegar al mundo ideal de sus respectivas utopías. ¿Que es dudoso que exista una clara mayoría que esté de acuerdo con esas aspiraciones suyas? ¿Y qué? No van a parase en ese pequeño detalle sin importancia. Nuestro presidente se maneja así: si tiene que despreciar la bandera de unos cuantos cientos de millones de personas, pues se desprecia si eso tranquiliza su conciencia; si tiene que despreciar la religión mayoritaria del país que preside, pues se desprecia; si tiene que despreciar a los millones de personas que sienten un vínculo indisoluble con las víctimas del terrorismo al considerarse ellas mismas víctimas, pues se las desprecia; si tiene que despreciar a las propias víctimas, pues se las desprecia; si hay que despreciar a los millones de personas que consideran que todos los españoles deben opinar acerca de los estatutos que cambian el orden legal de todo el país e incluso inician un cambio de régimen, pues se les desprecia. La lista sigue largamente: es interminable y agotadora. Ignominiosa.
Se puede argüir naturalmente que ese desprecio no equivale a una muerte, y es verdad. Pero ello no resta ni un ápice de importancia a la profunda violencia subyacente que se puede reconocer en ese desprecio.
Gracias a la propaganda las cifras de gays engordan exponencialmente mientras nos dicen que las iglesias, los seminarios y las catequesis están vacíos. Se nos presenta al catolicismo como una reliquia del pasado que sólo mantiene viva el empeño de cuatro fanáticos ultrafachas.
En frente la modernidad de las drag-queens, los muchachotes ”village people”. Fotos del pasado, nos dicen, obispos frente al Caudillo con el brazo en alto; fotos del futuro, nos aleccionan, los chicos del socialismo vasco en feliz orgía con la pandilla del tiro en la nunca y los coches siega-vidas. El futuro, qué futuro.
El saber popular dice que si al presidente Rodríguez le sale bien la apuesta, le tendremos para rato en la Moncloa. Puede ser. Pronto todos los telediarios de todas las televisiones de la antigua España nos informarán de que el terrorismo es considerado por los españoles como el cuadragésimo quinto problema en importancia según las encuestas del Ministerio de la Verdad. También nos informará de que tres quintas partes de los españoles son, por fin, ateos y homosexuales. También que se dará un premio sustancioso a los niños que denuncien a sus padres por hablar castellano en los Países Catalanes, las provincias vascongadas, Galicia, Asturias, Aragón, Andalucía…etcétera y que la población aprueba por un 95% tan eficaz medida.
Es cierto, es un poco mejor el Ministerio de la Verdad orwelliano que el tiro en la nunca o la bomba en el supermercado, pero sólo un pueblo atontado aceptará elegir entre semejantes opciones.
Mientras tanto se han oído rumores, bien que sin confirmar, respecto a que en España existe un partido de oposición depositario de los votos de casi la mitad del electorado. De confirmarse el rumor, lo publicaré en esta su columna, por ahora sigamos ejerciendo nuestra libertad de ciudadanos, seamos los que seamos.
Y una aclaración para despistados: quien estas líneas escribe ni es católico ni ha sido tocado por la gracia de la Fe en Dios y aún así Jesús es uno de sus héroes ¿Podrán comprender semejante desatino nuestros adalides de la modernidad casposa?