jueves, septiembre 14, 2006

11-M: extrema derecha y efectividad gubernamental.

Permítanme el tratamiento de un par de puntos relacionados con el 11-M, uno de naturaleza ideológica y otro sobre praxis propagandista, ambos íntimamente e indisolublemente relacionados.
Atención, preguntas: ¿qué tiene que ver lo que uno piense acerca del 11-M con su adscripción ideológica?¿Cómo se puede explicar de manera intelectualmente aseada que lo que los indecentes que cabalgan a lomos del caballo principal de la progrelandia española llaman "conspiranoia" sea cosa de la extrema derecha?
ABC (acompañante), El País (solista) y el resto de palmeros gubernamentales hacen lo posible por asentar en la sociedad española este vínculo pero, no hay sorpresa en ello, sin explicación alguna, esperando el éxito de su táctica por la vía de la repetición constante, entregándose así en brazos de los descubrimientos de Goebbels sobre la materia. Más aún, el ABC ya no sólo vincula a quienes dudamos de la versión oficial de lo ocurrido en el 11-M con la extrema derecha sino ya, y olé, con el extremismo antisistema.
Sin embargo, es tan evidente que lo ideológico no pinta aquí nada que uno se pregunta acerca de la efectividad de este tipo de propaganda. No pienso, ya quisiera poder hacerlo, como muchas personas contrarias a la actitud gubernamental en este asunto: las páginas de "El País" de estos días (como todas las realizadas en estos dos años y medio) están siendo muy efectivas, ya que están causando furor entre el público al que van dirigidas al tiempo que logran crear ese clima de "todos son iguales" que perjudica claramente los intentos de hacer aflorar la verdad de los hechos y que ésta sea conocida y admitida por una mayoría de ciudadanos. O, al menos, que el caudaloso río de incongruencias sobre el que intenta mantenerse a flote la tesis del Gobierno sobre los atentados de aquel infausto día de la primavera más sangrienta vivida por los ciudadanos de España tras la Guerra Civil sea conocido y permita a los hombres libres llegar a sus propias conclusiones, con la independencia que otorga el librarse de esa retorcida forma de manipulación que es la ocultación de los datos o la desacreditación de los que ya han visto la luz.
Quienes sin conocer qué ocurrió realmente el 11-M del 2004 nos hemos convencido de que algo raro y muy sospechoso está pasando en la "investigación" y de que el Gobierno y sus cómplices mediáticos mantienen una actitud incompatible con la voluntad de desentrañar la realidad de lo ocurrido no deberíamos desestimar sin más la posibilidad de que los empeñados en esa ocultación acaben por triunfar, sino definitivamente sí, al menos, durante el suficiente tiempo como para que las heridas causadas a la democracia española lleguen a resultar prácticamente irreversibles puesto que son, en potencia, letales.
Es cierto que el Gobierno y los medios de comunicación que obedecen o sirven (que de todo hay)a sus intereses manifiestan un nerviosismo que puede inclinarnos al optimismo. Pero no es menos cierto que mientras tanto van haciendo el camino hacia un abismo por el que nos arrastran a todos, por lo que ese optimismo, además de injustificado, se convertiría en una arma en contra muy peligrosa. Un rival confiado es un rival más asequible, más fácil de batir, mucho cuidado con ello.
La verdad resplandecerá, no obstante ¿será demasiado tarde entonces? El factor tiempo es determinante

1 comentario:

eduardo dijo...

En efecto, ¿y qué tiene que ver, por ejemplo, una decisión técnica de trasvasar agua de una región a otra con ser de izquierdas o de derechas, y con la decisión de alejar un petrolero o acerlarlo a puerto en caso de emergencia, incluso con la decisión de participar o no en una misión de guerra? Sin embargo, cada una de estas situaciones ha sido vinculada con la ideología.

Lo mismo ocurrió en la infame entrevista de Gabilondo a Rajoy, ¿su partido lo domina la "extrema derecha"? Rajoy estuvo apaciguador, lento y lelo, como siempre. Lo suyo habría sido volver a preguntar a Gabilondo qué coño entiende él por "extrema derecha", a ver qué payasada soltaba el cretino.