viernes, septiembre 08, 2006

El País y el cso Rubianes: un análisis periodístico

Más de lo mismo. Me pongo malo leyendo las dos páginas de propaganda perpetradas por El País. Qué falta de decoro (ya te vale esperarlo, me dirán, con razón), qué falta de dignidad política, qué falta de sentido moral, de ética, de veracidad. Qué ausencia total de verdadero periodismo.
Resulta que todo el caso Rubianes ha sido causado por unas declaraciones de el “autor gallego” (obsérvese la sutil manera de desviar la atención lejos de Cataluña) contra “la unidad de España”. Hace falta ser retorcido. El pobre autor gallego de Cataluña -e hispanohablante cerrado- cree imposible trabajar escoltado y con tanquetas de policía en la puerta”. Parece no haberse enterado de los muchos españoles que trabajan y viven cotidianamente escoltados, conciudadanos que han de afrontar algo mucho más peligroso que el cabreo eventual de algunos, compatriotas cuyas vidas y haciendas están en permanente y cierto peligro de auténtica y no afectada destrucción y muerte.
Las dos páginas que El País dedica al asunto destilan manipulación y ocultación por doquier. Quien las lea creerá que, uno, es la extrema derecha la que lidera la indignación popular contra el gallego de Cataluña y, dos, que quien se siente indignado por las actitudes de este profesional de la farándula y no pertenece a esa extrema derecha no es sino un pobre idiota sin criterio ni sentimientos propios cuyas bajas pasiones ideológicas han sido manipuladas. Así, se resaltan las manifestaciones de Rubianes en el sentido de que se ha incitado a la gente al linchamiento por lo que el pobre tiene miedo a que algún descontrolado le asesine por la calle. A estas alturas –o sea, al principio de las dos páginas- el poco crítico lector del diario oficial de la demagogia nacional ya tiene los pelos de punta pero lo que no sabe –seguro- es a qué se debe todo el jaleo si no tiene otro medio de información.
En el texto principal se expone la perspectiva de Rubianes, de manera exclusiva y sin ningún tipo de contrapunto. En un recuadro de apoyo –muy destacado por el cuerpo de letra y el fondo de color- se eluden las expresiones más fuertes del autor dando importancia a aspectos secundarios del caso. Por ejemplo, se da la idea de que a pesar de las expresiones fuertes escupidas por el personaje las reacciones de TV3 y del órgano de censura catalán (CAC) se han solventado con leves amonestaciones (por tanto, tampoco es para tanto, pensará el lector tipo del periódico oficial de la progresía patria).
En la estrategia de ocultación los insultos más fuertes se ocultan en el texto secundario de la primera página (la par, la que de manera in tuitiva se lee menos), hacia el final del mismo y cuando resulta imposible esperarlo, ya que su titular alude a un tema totalmente diferente, el de la situación del director del teatro municipal en el que iba a representar la obra de Rubianes.
A las excusas del actor/autor se le da constantemente espacio, mientras no hay ninguna opinión den sentido contrario. También se oculta el hecho de que días después de los insultos contra España en TV3, la hermana agitadora de El País, la SER, le dio la oportunidad de lavar su imagen a Rubianes –y con él al grupo socio-ideológico que representa y que es lo que verdaderamente importaba en la radio polanquista- en uno de sus programas más populares. No sólo no hizo tal cosa sino que incluso elevó un punto el tono de sus maledicencias.
Avanzando en la intención de la doble página (todo un lujo en un diario nacional), la segunda apuesta directamente por la tesis que pretende abonar El País: una discrepancia política (tal vez presentada en un tono un poco fuerte, aunque tampoco para tanto) ha provocado una reacción desmedida de la extrema derecha que ha conseguido arrinconar al alcalde de la derecha más progresista, provocando un acto de censura cuya consecuencia es que los madrileños no van a poder disfrutar de una magnífica obra de teatro y eso en democracia no se puede consentir. Un lujoso artículo a cuatro columnas pone por las nubes la obra, mientras recalca la normalidad con que ha sido expuesta en tierras catalanas.
El articulista aprovecha para adoctrinar a sus lectores afirmando que en el caso se mezclan asuntos que nada tienen que ver como el hecho de que la obra iba a ser expuesta en un teatro municipal y, por tanto, iba a ser cargada a los dineros aportados por los ciudadanos españoles, incluidos los que se han sentido ofendidos por las manifestaciones de Rubianes. Es tan obvio que se trata de una cuestión central de la polémica que mueve a compasión el patético intento de desviar la atención. Sin embargo es más que plausible la hipótesis de que el intento resulta seguramente efectivo entre los lectores del prestigioso periódico independiente, por mucho que parezca ridículo entre personas con un intelecto medianamente preparado y libre.
La guinda del pastel de periodismo manipulador lo pone una última columna en la que se mezclan diversas polémicas teatrales supuestamente similares pero destacando por encima de todas la situación que vive Boadella en su conflicto con el nacionalismo catalán. De repente El País sitúa al mismo nivel los nacionalismos catalán y español (algo en lo que no cree, como cualquier persona informada sabe) y olvidando el grado de bloqueo institucional al que se ve sometido en Cataluña el autor catalán–este sí catalanohablante-.
La comparación de ambos casos es ridícula: Boadella no ha hecho ninguna manifestación ni remotamente parecida a las de Rubianes. De haber sido así, simplemente no podría regresar a su tierra. Precisamente, Boadella mantiene una fuerte oposición a la situación política de su tierra y a una determinada ideología en defensa de la democracia. A Rubianes se le calentó la lengua porque no puede soportar que esta discrepancia exista, además de dejar ver con demasiada claridad un odio enquistado en su corazón contra la misma idea de la vieja nación española, inexistente para los de su cuerda ideológica.
En cualquier caso, parece absurdo que a alguien le pueda sorprender que seamos muchos los afectados por una indignación insoportable al saber que nuestro dinero –que sigue siendo nuestro también después de haberlo pagado en forma de impuesto- pudiera acabar en manos de una personas que se dedican a insultarnos, incluso en el caso de que hicieran unas obras de teatro magníficas.
Si a pesar de los insultos estuviera alguien interesado en ver sus obras y si a pesar de sus sentimientos el autor estuviera interesado en representarlas en el país al que tan gravemente ha insultado aún le resta la opción lógica y normal. Que arriesgue sus propios cuartos y se olvide de los impuestos de aquellos a quienes odia para hacer caja. Podría de esa manera comprobar que en España no hay censura para nada y menos que para nada para quienes defienden ideas contrarias a la idea de unidad del país. Más bien al contrario, a quienes defienden tal cosa en España se le suele hacer la ola, pedir autógrafos y, sí, regalar mucho dinero público. El único requisito es insultar con estilo y corrección política y no decir lo primero que a uno se le viene a la cabeza. Estoy seguro de que Rubianes tiene muchos amigos a quien consultar cómo hacerlo en una próxima ocasión.

3 comentarios:

Berlín dijo...

Si la obra se representase en un teatro privado, a mí, me daría igual.
Lo que me indigna es el despojo al que someten a los ciudadanos financiando lo que ellos llaman “cultura”.
Ya podía empezar a dar ejemplo Doña Esperanza Aguirre y retirar las subvenciones culturales de la Comunidad de Madrid.
Subvención cultural es fascismo tutelar.

Iván Moreno dijo...

Me molesta cuando se compara la necesidad de escolta de Rubianes, con otros escoltados.

El hecho de que por decir lo que le da la gana, tenga que llevar escoltas, me parece repugnante y síntoma de que hay una parte de la sociedad inaceptable. Y compararlo con otros casos tal vez peores, no lo hace menos repugnante.

Por lo demás, completamente de acuerdo, contigo y con Berlín.

Un saludo

Listo Entertainment dijo...

Rubianes somos todos!
http://lacinefilia.blogspot.com/2006/09/rubianes-somos-todos.html

:)