sábado, septiembre 16, 2006

Oriana, mon amour

Ciao, Oriana. Te he amado tardíamente, pero, afortunadamente, las personas como tú no morís del todo, no morís más que a medias. Nos dejas partes de tí, jirones de tu alma valiente y podré empaparme de ellas mientras viva. Habrá motivo, desgraciadamente, para que lo que nos dejas mantenga su vigencia.
Ciao, Oriana, gracias. No conozco otro artículo periodístico con la repercusión mundial que provocó "La rabia y el orgullo". Eso es algo muy especial que sólo puede lograr alguien muy especial. Como tú soy un cristiano ateo que no puede consolarse con la esperanza de un futuro reencuentro, así que sólo puedo expresarme en un homenaje un poco absurdo a la belleza integral de cuerpo y de tu espíritu. Lloro no por tí, que ya estás más allá o más acá de estas cosas, sino por los que nos quedamos, peones negros en una partida macabra, tanto más macabra por cuanto carece de sentido. Lloro, pues, por los que nos quedamos y por nuestros hijos presentes o futuros que habrán de enfrentarse a la enferma legión de los que veneran las cadenas y las bombas y la sangre y el sometimiento.
Ciao, Oriana, gracias por esas palabras que tu mente concibió para hacerlas germinar en tantas bocas, en nuestras bocas pequeñas y en nuestras almas, grandes aunque sólo sea por amar algo tan grande como la libertad, la dignidad, el orgullo.
Desde la rabia de vivir entre tantos de los nuestros prestos a doblar las rodillas a la primera amenaza, sí, desde la rabia de tener que continuar cada día y cada batalla entre tantos de los nuestros siempre dispuestos a seguir a los que prometen paz a cambio de ignominia como si fuesen líderes y no traidores, sí, desde la rabia de comprender el odio que tantos de los nuestros sienten por lo que somos haciéndonos sufrir a los demás la mala conciencia de su culpabilidad imaginaria, sí, pero también desde la inquebrantable tranquilidad interior que otorga la determinación por tantos compartida de no dar un solo paso atrás en el conquistado territorio que nos permite vivir como hombres libres: desde esta contradicción que no lo es de rabia y orgullo ciao, Oriana.
La luz de tu conciencia ha iluminado muchas otras como una onda expansiva, antítesis bellisíma de esa otra onda expansiva sangrienta, cruel, mezquina contra la cual dedicaste tu vida. Estoy seguro de que te has ido en paz porque a pesar de esa indignación inevitable sabías que el resultado final de la guerra sería la victoria de los hombres libres, prque no hay idea más poderosa que la libertad. Nadie podrá evitar esta guerra y que se nos revuelva el estómago porque no se puede imaginar nada más atroz y absurdo. Pero aunque suframos, y los hombres libres sabemos que habremos de sufrir porque nuestros enemigos no se van a conformar con que bajemos la cerviz (¿cuándo lo váis a comprender, tristes apaciguadores?) es imposible que aquello en lo que creíste no sobreviva para siempre: a ello contribuiste decisivamente.
Con amor y agradecimiento, ciao, Oriana.

2 comentarios:

Otro dijo...

Con el debido respeto a la difunta y despues de dar las debidas condolencias a sus deudos, no puedo dejar de manifestar mi sorpresa por la tardia elevacion a los altares de quien durante su vida fue una buena profesional del periodismo en papel couche, pero seamos sinceros, poca cosa mas. Antes de su vitriolico ataque a todo lo que huela a moro despues del 11S la señora solo estaba viviendo un ya largo retiro en los USA, del que salto por segunda vez a la fama solo por la violencia de sus ataques.

En fin, descanse en paz, pero no voy a echar de menos sus incendiarios y sectarios articulos.

Freelance dijo...

Otro, tío, estudia un poco de historia del mundo moderno y luego vienes aquí y hablas.

"una buena profesional del periodismo en papel couche"

Será ignorante, el tío.