jueves, octubre 26, 2006

Esos trascendentes gilipollas de Génova

Al final vamos a tener que agradecer al PP su actitud en las reformas de los estatutos nacionales (de España). O eso quisieran, sin duda. Resulta que, en realidad, se trata de un ejercicio de maquiavelismo político tan brillante, tan inteligente, que, claro, no está al alcance de la compresión mediana. Para ser justos, ni siquiera está al alcance de los más elevados intelectos porque la estrategia es tan sutil que sólo podrá ser verificada en los anchos campos de la historia futura.
Las generaciones del presente, cuando uno tiene tan altas miras, no necesitan ni saber ni comprender, porque ya sabe y comprende por todos nosotros el reducido grupo de dirigentes que pastorea el señor Mariano Rajoy, sí, ese señor cuya principal virtud y casi única actividad conocida es la de ir al Parlamento a sacarle brillo a su ego zurrándole la badana a un tipo más bien mediocre que la casualidad ha hecho presidente y cuya capacidad dialéctica de puro limitada movería a compasión sino fuese un tocapelotas con mucho poder.
Este grupito que vive en un cotidiano éxtasis de trascendencia ha descubierto la manera de responder al jaque disgregador que han dado a España sus enemigos, socialistas, nacionalistas y el resto de aspirantes a herederos de los reinos de Taifas. Como otras grandes ideas de la Historia la estrategia es hermosamente sencilla: diluir las aspiraciones de los nacionalistas de las Vascongadas y Cataluña en un aquelarre de nacionalismo disparatado en todas y cada una de las viejas regiones españolas. Los Rajoy, Arenas, Camps, Núñez Feijoo y compañía han previsto un mapa (nacional) español donde los estados confederados se llamen naciones y esperan con ello que la chirigota (nacional) acabe por conseguir que nación ya no signifique nación en España, a la manera, por ejemplo, en que liberal en Estados Unidos no significa liberal como en Europa.
Nuestros iluminados centristas no nos lo quieren decir, porque como la psicohistoria asimoviana, de conocerse resultaría alterada. Lo que creen, ay, es que si Andalucía es una nación real, o una realidad nacionalizada, o una comunidad realizada, o una autonomía realmente nacional y si Cataluña es lo mismo, o incluso algo menos, porque no serán los catalanes una realidad sino simplemente una nación imaginaria ¿quién va tomarse en serio que con esos pobres mimbres el constructo pujoliano vaya a poder hacerse siquiera un pequeño cestito independiente?
Desgraciadamente, nuestros pasotas líderes centristas (tan civilizadas personas que no quieren problemas, como el avestruz) han pasado algunas cosillas por alto, o quizás se las hayan metido por bajo, que no sé yo. Entre esas cosillas destaca el hecho de que si viene un camión a atropellarte y tú eres tan avestruz como para meter tu hueca cabeza en un agujero, no te va a salvar del espachurre la denominación que graciosamente otorgues a tu solución habitacional de urgencia; habrá espachurre. Entre esas cosillas destaca el hecho de que los andaluces cogerán su realidad nacional y le pondrán letra en los carnavales de Cádiz dándole un barniz de irrealidad que nos arrancará a todos unas risas, como corresponde al espíritu de ese noble pueblo, español hasta las cachas. Otros nobles pueblos también eran españoles hasta que le dimos las llaves de las susodichas cachas a los que en su seno tenían una rara manifestación de complejo edípico. Y éstos matarán a su padre y a su madre, y con las cachas harán lo consabido en estos síndromes y no nos arrancarán unas risas sino un pedazo de nuestra alma junto a una parte sustancial de la cartera. Y no serán los nobles pueblos vasco y catalán quienes tan aberrante cosa hagan, sino cuatro jetas con ideas nacionalsocialistas en la cabeza y un 3, 4 o 25% de patriotismo en un banco de Suiza.
La gran estrategia preparada en Génova para perder unas elecciones tras otras, para echar a perder de paso una de las más viejas naciones, patrimonio que heredamos de nuestros antepasados y como niños malcriados en la abundancia vamos a desbaratar, tampoco les va a servir para ganar nada en la Historia. Su moderado pero elevadísimo centroestupidismo nos va a destrozar como pueblo por generaciones y a lo que quede de España le va a costar levantarse mucho más de lo que pueden concebir en esos confortables despachos que les han ablandado el seso.
La estrategia de estos iluminados es el complemento perfecto de la sinrazón vacua pero furiosamente dirigida de su par, el iluminado de la Moncloa.
Y entre iluminados nos van a joder a todos nosotros, mediocres españoles incapaces de comprender la trascendencia de las decisiones de estos señores que sólo actúan para las generaciones venideras.
Pero después de mucho pensar en dónde está el sentido profundo de lo que hacen estos individuos con el dinero que me cogen cada mes y descargar mi cabreo en forma de ironía, lo cierto es que, y aparco por un momento esta ironía que uso de analgésico espiritual, es que a mí todos estos lo que me parecen es una pandilla de gilipollas que no están entendiendo nada de lo que piden a gritos las personas a quienes representan, al menos en la teoría de la democracia liberal.
Y esta es la tesis más favorable para ellos.