martes, enero 02, 2007

Dos años de "El ciudadano liberal" (I): liberalismo vital e izquierda moribunda en una España dividida

Así como quien no quiere la cosa, cumple dos añitos "El ciudadano liberal", ECL, en lo sucesivo.
Este blog -muy humilde, por cierto, y lejos de las grandes estrellas de la blogosfera- podría servir, como tantos otros, para hacernos una idea de por dónde ha circulado la vida política española en este tiempo, casi coincidente con la llegada del presidente Rodríguez a la Moncloa.

Dando un paseo por las páginas de ECL se puede comprobar en seguida que se ha producido un fenómeno de división nacional muy evidente, más allá de si unos tienen el 37% de los votos y los otros el 40%, una quiebra muy obvia entre una acera ideológica y otra, un patente alineamiento de la ciudadanía en dos amplios "partidos", algo compatible con la existencia de posturas matizadas e incluso muy críticas con ambas corrientes mayoritarias. En mi opinión, es indiscutible que durante estos dos años se ha producido una polarización cívica alrededor de dos ideas básicas –a veces dos etiquetas-: el “liberal-conservadurismo” y el “progresismo”.

Esta división ciudadana, que se ha dado en temas fundamentales o en asuntos menores que van más allá de lo meramente ideológico o donde lo ideológico no tendría que tener mayor relevancia, se ha vuelto sumamente peligrosa. Algunos vectores de este fenómeno son verdaderamente sorprendentes y no dejan de presentar ángulos sumamente angustiosos, como el proceso de balcanización que se cierne sobre el país y que desde el campo progresista se niega, tratándolo de simple delirio de las huestes españolistas. En definitiva, en estos dos años de El ciudadano liberal" se puede comprobar cómo se ha puesto en cuestión más de un aspecto nuclear de lo que debiera ser la democracia española.

Hay un aspecto positivo en todo esto -y un vistazo a las entradas de la bitácora como también a los comentarios de los lectores permite constatarlo sin esfuerzo-: por fin la izquierda se ha encontrado con que se le está plantando cara en términos ideológicos, filosóficos, sociológicos, éticos o culturales. De ahí su nerviosismo un tanto histérico y su repuesta bastante infantil, consecuencia, sin duda, de la falta de costumbre.

Menos positivo, sin embargo, resulta otro fenómeno constatable en la bitácora desde su inicio: el radical empobrecimiento del debate político en el ámbito de la izquierda. No me estoy refiriendo al debate partidista sino al social, aunque aquél está incluido en éste. En estos dos años se manifiesta taxativamente el hecho de que esta pobreza política en la izquierda se ha vuelto un fenómeno estructural, más allá de la coyuntura de un momento u otro de un asunto u otro.
Mientras, en el campo de la derecha, también se está dando este proceso de empobrecimiento pero en los territorios del partidismo, porque en términos sociales, culturales o intelectuales, la derecha (en el sentido de “no izquierda”) viene dando muestras de una vitalidad asombrosa y fructífera.

La izquierda ha ido rebajando su grado de autoexigencia día a día, centrando su polémica con la derecha en la descalificación sin que se acabe de comprender bien qué está proponiendo para arreglar lo que tan mal ve, que es, básicamente, todo. El anticapitalismo anti-globalización que con tanta virulencia ha calado en la moderna izquierda mundial, el antiamericanismo radical, el fundamentalismo ecologista, el desatado relativismo moral, o la combativa estrategia contra la tradición occidental, particularmente en sus aspectos más deudores del cristianismo, son virus muy asentados que amenazan con esterilizar a la izquierda para una larga temporada. Si a ello se une su tendencia a las caídas y recaídas de adicto en la más infumable demagogia y el general descrédito en que han caído las soluciones derivadas de la tradición socialista, nos encontramos con que, a pesar de su supervivencia por inercia, la izquierda occidental se ha convertido en un auténtico edificio en ruinas, se vea por donde se vea: desde la filosofía política, la praxis política, la ética…
La izquierda es, ahora mismo, un discurso mecánico totalmente vacío incapaz de generar otra cosa que una repetición al infinito de una letanía basada exclusivamente en un catálogo de fobias y sin esperanza alguna de que de su interior puedan surgir propuestas que sirvan para algo a la Humanidad o a España, si nos referimos a las cuestiones domésticas, en el presente o en el futuro.

En estos dos años ha acabado por cobrar cuerpo en España eso que muy acertadamente se ha dado en llamar la eclosión liberal, una muestra inequívoca de que la guerra de las ideas ha estallado y que la derecha vergonzante está siendo arrinconada por el empuje de otra que no tiene ninguna intención de esconderse y rehuir el combate. La izquierda ya no está sola en el campo de batalla, gozando de su indiscutido dominio de la arena y ello explicaría muy bien su nerviosismo. Porque otro de los fenómenos que se pueden apreciar repasando estos 24 meses de “El Ciudadano Liberal” es el de la extraordinaria virulencia verbal con que la izquierda española se ha revuelto contra la derecha no domesticada que ha decidido plantarle cara. Estos dos años podrían ser recordados por ser aquellos en los que la izquierda española decidió que la derecha española que no le diera la razón sería la “derecha extrema”, ridícula vuelta de la expresión tradicional. El título de uno de los artículos de ECL ejemplifica expresivamente el ambiente de acoso matonil con que se ha destacado últimamente la izquierda española, sus organizaciones, sus personajes públicos oficiales y, sobre todo, sus órganos de expresión, propaganda y desinformación: “Yo también soy de extrema derecha”.

3 comentarios:

Aeri dijo...

Felicidades Xabier. Que dos años de blog es mucho tiempo.

Anónimo dijo...

Espero que seiga muchos más. Aunque entro casi a diario en RedLiberal y lo puedo leer desde ahí, este blog pasa a Mis Favoritos.

Anónimo dijo...

Tienes toda la razón, ahora resulta que gente como tú o como yo somos extrema derecha. Pero esto no les va a durar porque no se lo cree nadie, ni, sobre todo, ellos. Más les valiera que trabajaran más y fueran más coherentes y sagaces, aunque en verdad dudo que puedan, pues creo muy sinceramente y lo he comprobado en la práctica, que cuando se aplican las ideas de la izquierda a la realidad NO FUNCIONAN y la realidad tiene la muy fea costumbre de imponerse.
Añadiría otra característica del discurso de izquierdas y es el empobrecimiento del lenguaje, un lenguaje turbio, poco preciso, falsario y tergiversador, por no hablar de la falta de sarcasmo e ironía, con gracietas torpes y chuscas. Mientras tanto la derecha ha aprendido a expresarse con garra y soltura.
Enhorabuena por el blog, y también muchas gracias por tu trabajo