sábado, febrero 24, 2007

Los complejos del PP gallego, capital político de los nacionalistas (cambio no al estatuto por 50% de clases en gallego)

Pregunta un lector a cuento de que el PSOE apoye lo del 50% de clases en gallego como mínimo:
¿Qué gana el PSOE con todo esto..? ¿Le están haciendo la cobertura a sus "compañeros" catalanes, o es que a álguien se la pone dura que España se vaya fragmentando lingüísticamente, para que también sea imposible la unidad política?
Pero aún más pertinente, creo yo, es preguntarse qué narices hace el PP actuando en la misma dirección.
Como dije en otro comentario anterior sobre el mismo tema, al menos el PSOE tiene la disculpa de que su origen es internacionalista y algo de esta tradición ideológica tiene que quedarle. Y, por otra parte, tiene una aún más acreditada tradición antiespañola que identifica a España y todos los males imaginables. Recuérdese que incluso le hizo una revolución a esa República española que tanto añoran en compañía de la Esquerra Republicana de Catalunya, una formación abiertamente separatista. No debe, por tanto, sorprender demasiado cualquier actitud antiespañola por vocación, necesidad coyuntural o pura estulticia en el PSOE.
Pero, ¿y el PP? ¿Qué excusa puede ofrecer? Lo del PP, desde luego, es bastante raro. Pero no, en absoluto, inexplicable.
Por supuesto, el electoralismo, el cálculo de votos, no es razón ni suficiente ni necesaria. El PP gallego acaba de parar la elaboración de un nuevo estatuto en Galicia en el que los nacionalistas con la colaboración de ese PSOE lobotomizado y con "Síndrome de Estocolmo" (no estarían jamás en la Xunta sin los nacionalistas) querían introducir el dichoso concepto de "nación". Con toda seguridad por órden de Génova, claro está. A Feijoo y los suyos, les temblaba hasta la camisa. Pero ¿ha pasado algo?¿Hay hordas de afrentados gallegos furiosos haciendo arder las calles de Santiago, de Coruña, de Vigo, de Orense? ¿Está el pueblo orprimido en las barricadas reclamando su libertad en lucha contra el Imperio Español? Pues claro que no, porque a los gallegos normales y corrientes el estatuto y la nación gallega nos importan un comino. Más bien nos tiene hasta el gorro la presión de los provincianos del Bloque que repican pueblerinamente los afanes diarios de los nacionalistas vascos y catalanes. Y, en todo caso, si una nación preocupa a los gallegos es la suya, no la de los nacionalistas, o sea, la española.
Socialistas y nacionalsocialistas van a repetir hasta la saciedad que el PP pagará electoralmente el haber impedido que se pusiera en marcha un estatuto nacionalista, lo cual ya ha interiorizado el PP gallego horrorizado por parecer unos carcas españolistas, ante la estupefacción de su base social y sus votantes. El famoso concepto de "maricomplejines", acuñado por FJL y que tanto se ha popularizado, es de una pertinencia dramática en este caso. No cabe ninguna duda de que sin órdenes del PP nacional, el PP gallego habría tragado con el estatuto del Bloque. Pero Mariano Rajoy no se puede permitir otra chapuza política como la de Piqué poniéndose de perfil ante el Estatut o la de Arenas votando sí a la realidad nacional andaluza.
Así que Nuñez Feijoo, de repente galeguista, y fascinado admirador de Gallardón, se tuvo que tragar los compromisos a los que había llegado con PSOE y BNG por orden de la autoridad competente. Resulta obvio que esto del 50% de clases en gallego es la concesión con la que quieren hacerse perdonar el no eventual al estatuto. Como si les fueran a perdonar. Como si fueran a dejar de considerarles unos fachas casposos y españolistas.
Pero ¿por qué necesitan hacerse perdonar? Porque no hay nada que teman más que las etiquetas que reparte con profusión la izquierda y el nacionalismo, en Galicia como en España. Siguen creyendo con fe supersticiosa que los carnets de buenos demócratas y de perfectos gallegos los reparten sus rivales políticos, con el agravante de que se ponen terriblemente colorados cuando alguien les recuerda lo calladitos que estaban cuando un viejo ministro de Franco les decía chitón. Un viejo ministro que ya en sí mismo era el colmo de facha vergonzante deseoso de hacerse perdonar su pasado franquista.
A los gallegos no nos van ni nos vienen los problemas de diván del PP gallego, salvo por el dramático hecho de que sus problemas de diván son un magnífico capital político para socialistas y nacionalsocialistas, quienes son perfectamente capaces de montarla muy gorda con un presupuesto como el de la Xunta en sus manos.
No sé yo muy bien qué conclusión habría que extraer de todo esto. Más bien se me disparan las preguntas ¿Son los complejos del PP incurables?¿Estamos abocados a que en el momento más inesperado PP y PSOE nos traicionen y conviertan por ley y contra la voluntad de los gallegos a Galicia en una nación?¿Tenemos algún partido que represente seriamente y sin vergüenza la realidad nacional de Galicia, es decir, la realidad nacional española?¿Seguirán rodando pendiente abajo los derechos lingüísticos de los gallegos sin que ninguno de los partidos no nacionalistas se tomen en serio el peligro que se cierne sobre los ciudadanos a la vuelta de la esquina?¿Seguirá la muy minoritaria minoría nacionalista imponiendo sus deseos a la muy mayoritaria mayoría no nacionalista por pura dejación de funciones y dejadez moral de los partidos presuntamente nacionales?

4 comentarios:

Anónimo dijo...

El de antes.

Un amigo gallego - mi cuñado - me habló de la existencia de dos clases de de personas: los que necesitan prever siete movimientos antes de jugar y los que juegan y punto.

¿Los peperos tienen ideología o esa también lo deciden sociólogos y estadísticos?

Anónimo dijo...

De la prensa.

Anónimo dijo...

"Los españoles no quieren la confederación, o lo que sea. Pero tampoco quieren quedarse rezagados los unos respectos de los otros. Formulado de otra manera: los populares estaban probablemente en lo cierto al temer que habrían experimentado un desperfecto oponiéndose al Estatuto. El andaluz ha votado poco, pero cuando ha votado, ha votado «sí». ¿Conclusión? El que pone en marcha el mecanismo de la oferta, desencadena un proceso fatídico que arrastra al personal hacia donde, bien mirado, habría preferido no ir. Ello no ha sucedido, por cierto, en Galicia. Allí no se han podido salvar las desavenencias, y el estatuto sigue como estaba. Pero operaban dos factores peculiares. Primero, el PP se sentía menos vulnerable que en Andalucía. Segundo, el BNG puso el listón tan alto, que fue imposible encontrar un punto de avenencia. No nos hagamos, con todo, ilusiones: esto no pasa de ser una pausa en el camino. España se está yendo por la tangente, y no se adivinan las fuerzas centrípetas que pudieran mantenerla sujeta a su órbita."

Anónimo dijo...

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