domingo, mayo 27, 2007

Frente al terrorismo, también en las municipales (me descubro ante Teresa Jiménez Becerril)

Teresa Jiménez Becerril (hermana y cuñada de asesinados por ETA, en ABC): "Tenemos derecho a una ciudad que funcione, pero también a vivir en un país donde no te maten por hacer política". [...] "No disfrutaremos viendo nuestros barrios limpios si no evitamos que quienes los mancharon de sangre inocente se paseen por ellos con la cabeza alta".
Hay ocasiones, y ésta es una de ellas, en que casi ni merece la pena añadir nada a las palabras que con tanta claridad, dignidad y pertinencia nos ofrece alguien a quien la cara más pútrida de la política ha colocado en una de esas situaciones límite de la vida en dónde los seres humanos reaccionan sin poder ocultar lo que verdaderamente son, mostrando su grandeza, su mediocridad o su mezquindad.
Ante tanto espectáculo penoso, protagonizado por tipejos sin la menor categoría -personajillos ínfimos a los que incomprensiblemente hemos convertido en relevantes personajes públicos- de los cuales no podemos, cada día, en cada telediario, observar sus actos o escuchar sus opiniones, sin notar a nuestro estómago a punto de darse la vuelta, la mera existencia de personas como Teresa Jiménez Becerril le devuelve a este ciudadano el orgullo de pertenecer a la especie humana y de ser un hombre libre en un país como España, donde a su obvia parte oscura aún se le opone una parte lunimosa que se niega a rendirse cobardemente a esa inmoralidad -oficial en el régimen zapateril vigente- de dar a los terroristas políticos el estatus de interlocutores de la sociedad española.
A quienes dicen que lo que hoy ha de votarse es tal o cual posición sobre un Plan General de Ordenación Urbana mientras nuestro Gobierno insiste cada día en esa cobarde inmoralidad de dar categoría de interlocutor de una sociedad democrática y pacífica a una banda de criminales políticos totalitarios, con la oposición de una porción inmensa de la sociedad a la que debe servir y a la que está obligado a rendir cuentas más allá de lo que ocurra en unas elecciones cada cuatro años (como él mismo defendía en la oposición), yo les digo lo mismo que Jiménez Becerril: de eso nada, importan las cosas de nuestras ciudades, pero importan aún más las cosas de nuestro Nación. Y es de la Nación española de donde obtienen su legitimidad las instituciones municipales y regionales, y nuestra Nación todavía tiene una lacra horrible en esa pequeña comunión de sociópatas políticos que pretenden imponer a los demás sus designios totalitarios por la fuerza del terror, y un problema aún mayor en la dolorosa división de opiniones respecto a cómo ha de enfrentarse esa lacra.
Si existiese una idea común y compartida en el sentido de que los terroristas políticos deben ser derrotados política y policialmente, puestos a disposición judicial y hacerles pagar su deuda con la sociedad, entonces sí, podríamos preocuparnos exclusivamente de nuestras calles y nuestros barrios. Pero mientras el Gobierno de España considere que hay otras vías para que ETA deje de intentar aterrorizarnos a todos para imponer su dictadura estalinista diferentes de su total e innegociable derrota, mientras el Gobierno de España considere que existe un conflicto de orden político entre España y los vascos y que a ETA le asiste aunque sea una pequeña parte de razón, mientras el Gobierno de España considere que debe negociar con esa fanática y repulsiva secta política para que entreguen sus armas, mientras el Gobierno de España considere que hay algunas cosas que puede conceder en una negociación pero no considere necesario informar a la nación acerca de cuáles son éstas, y mientras toda la Nación se vea comprometida por la acción del Gobierno de un partido que se presentó a las elecciones en las que llegó al poder sin anunciar absolutamente nada de ello ni en su programa ni en sus actos electorales, tras haber traicionado la confianza del anterior Gobierno legítimo, mientras todo ello ocurra, ninguna elección, acto supremo de la vida democrática, podrá ser abordada - al menos por los ciudadanos que discrepamos del Gobierno en su política sobre terrorismo- sin poner en primer lugar de las consideraciones que determinan el voto a la principal amenaza que padece la democracia española, la convivencia cívica, la dignidad moral nacional, el orgullo ético de la ciudadanía, la justicia democrática, la igualdad ante la ley, la soberanía popular. Una amenaza que, si bien parte principalmente de los terroristas, se multiplica exponencialmente por la tibia actitud de muchos de los más significativos actores de la política española.
Si nadie dudase de la necesidad de aniquilar al terrorismo político sin ninguna concesión a la pacificación negociadora, el problema etarra se convertiría en una especie de rescoldo histórico sin demasiada trascendencia. Así que a los tibios yo les digo los mismo que Jiménez Becerril, por mucho que nos acusen de hacer electoralismo con el terrorismo y de no apoyar al Gobierno en la materia. Tras ella me pongo en primer tiempo de saludo, porque sí, sí espero que el terrorismo influya en el voto y porque no, no apoyo al Gobierno en esto de ninguna manera.
Y mienten quienes dicen que cerramos la puerta a una solución los que así pensamos. No nos negamos a un final negociado. No nos oponemos a cierta "generosidad" penal. Pero tiene que quedar claro, en el último día de la guerra entre la democracia española y el terrorismo totalitario nacionalsocialista vasco, que la sociedad de hombres libres de España ha vencido, que los criminales políticos no han obtenido absolutamente nada de sus muchos años de práctica de terror y que si vuelven a andar por "nuestros barrios limpios" que ellos "mancharon de sangre inocente" no tendrán ninguna posibilidad de hacerlo "con la cabeza alta", sino que tendrán que sufrir la vergüenza de un reproche moral permanente, aceptando como su última y nunca extinguible condena el hecho de que nuestra innegociable dignidad, nuestra superioridad moral, y nuestra determinación democrática es lo que les permite no pudrirse en la cárcel para siempre en su miserable derrota. Si vuelven a andar por nuestras calles será porque, graciosamente, nosotros les dejamos no porque ellos nos lo impongan.
Por tanto el presidente Rodríguez debe saber que mientras negocie con ETA, mientras ésta se presente a las elecciones y mientras tengamos que soportar el insufrible insulto de un un De Juana Chaos riéndose en la cara de los españoles por culpa de su política de apaciguamiento, no habrá en España unas elecciones donde sólo se hable de gestión de presupuestos. Y que esto será así por encima de la voluntad de los partidos políticos, de izquierda y derecha.
Señora Jiménez Becerril, mis respetos.

1 comentario:

Alberto dijo...

Me ha gustado. Al leerte me he dado cuenta de que a veces las circunstancias pueden convertir a una persona corriente en un gigante (no se me ocurre otra forma mejor de decirlo) que es, para los demás, un símbolo. Y Teresa Gimenez Becerril es alguien ante la que muchos se ven como unos miserables y se verán así durante el resto de sus vidas. Por eso quieren acabar con la AVT.