martes, julio 24, 2007

El Jueves sí, censura no


Por ahora, nada más que decir. Hay tiempos en que (casi) sobran las palabras.

lunes, julio 09, 2007

Por qué no acepto ni la teoría sobre le cambio climático ni la reacción que ha provocado


Suelen decir los defensores de la teoría del cambio climático con origen en las actividades humanas que "los científicos" la apoyan y hasta que ya la han confirmado. ¿"Los científicos"? No es cierto. Hay muchos científicos que rebaten la hipótesis de que el CO2 de origen humano esté causando el cambio climático. Suelen decir los combativos defensores que cómo un simple y modesto tipo de letras como yo va a rebatir las complejas investigaciones que, según ellos, confirmarían la teoría. Es vedad que no puedo, en modo alguno, discutir en el terreno de la química y las matemáticas. Pero "la ciencia" no es, ni mucho menos, el único terreno donde se juega este partido y, además, el hecho de no haberme especializado en el mundo de los números no suspende mis capacidades intelectivas, que yo sepa: tengo mi propio criterio para elegir entre lo que dicen unos y dicen otros y, naturalmente, tengo criterio para valorar las motivaciones de unos y otros.
Desde luego, no creo que exista ninguna obligación de aceptar una hipótesis cuyos fundamentos distan de estar claros y que, en mi opinión, atenta violentamente contra el sentido común, por el mero hecho de que se haya desatado una especie de delirio colectivo entorno a ella. Esta polémica hace mucho tiempo que ha dejado de ser exclusivamente de naturaleza científica. Lo ideológico, lo moral y hasta lo emotivo ha contaminado totalmente la cuestión. A mí no me dice nada el número de organismos, ong's, científicos, políticos, actores, presentadores de televisión, estrellas del rock, futbolísticas, gente respetable algunos y caraduras de toda índole otros, que defienden una hipótesis. Sí, en cambio, le doy gran importancia a cómo esta hipótesis es defendida.
Por el momento lo único que tienen los defensores de la hipótesis del cambio climático por acción humana es que parece haber algún tipo de relación entre el CO2 y la variabilidad térmica en el clima del planeta. Por el momento no han dado ninguna explicación ni remotamente definitiva respecto a qué tipo de vínculo une ambos fenómenos. Lo que, en cambio, cualquier persona puede comprobar es que la incidencia de las actividades humanas en el aumento de los gases de efecto invernadero es ridículamente pequeña; que el principal gas de invernadero producido por el hombre, el famoso CO2, es un componente muy menor del con junto de gases que contribuyen al que la Tierra disponga de ese efecto -imprescindible para la vida-; que del CO2 existente en la atmósfera, el producido por el hombre es igualmente una parte muy, muy pequeña; que el clima de la Tierra es algo que estamos muy lejos de comprender y aún más lejos de poder manejar; que el clima de la Tierra es, ha sido y será, cambiante; que el clima de la Tierra desde que existe atmósfera ha cambiado brutalmente en muchas ocasiones antes y después de que los hombres hubiéranmos llegado; que, incluso, no existe ninguna coherencia entre los cambios climáticos registrados y la realidad histórica del hombre; que las teorías del cambio climático por efecto de las actividades humanas desprecian olímpicamente factores de importancia trascendental como es el efecto del sol en el clima; que existe una muy sospechosa presión cohercitiva sobre los científicos que no apoyan esta teoría; que existe una enorme presión mediática orientada al lichamiento moral contra cualquier disidente, sea persona, institución o, incluso, país que trasciende lo científico para convertirse en una auténtica persecución ideológica, todo lo cual es contrario a la deontología científica y a los fundamentos democráticos; que existe una obvia estrategia anticapitalista que ha hecho de la teoría del cambio climático por actividades humanas su principal estilete.
Sin embargo, el tema no se agota en la simple comprobación o no de la teoría del cambio climático provocado por el hombre. La polémica continúa más allá, en la actitud que la especie humana debe adoptar ante la realidad, cada día con más visos de ser comprobada científicamente, del cambio climático.
La principal reacción, como todos sabemos, ha sido lo que conocemos como Protocolo de Kioto, una serie de medidas que deberían adoptar todos los países del mundo encaminadas a reducir las emisiones de CO2. Se trata de una agenda extraordinariamente costosa que, de ponerse en marcha, significaría la inversión de una significativa parte del PIB de los países (algunas acciones están siendo llevadas a cabo antes de que se apruebe oficialmente el Protocolo). La pregunta es ¿está justificada la inversión colosal que se plantea en un mundo en el que no hemos resuelto infinidad de problemas como la pobreza, la enfermedad, la alimentación, el agua potable, y, por supuesto, las guerras y la ausencia de democracia, entre otros? ¿Debe ser, en pura lógica, la principal prioridad humana, como se afirma constantemente como un mantra, la detención del cambio climático? Para responder a ello debemos valorar, en primer lugar, qué podemos conseguir invirtiendo en ello varios puntos del PIB mundial. Existe unanimidad en que, todo lo más, esa colosal inversión, serviría para retrasar unos años, muy pocos, el presunto mal que se nos echa encima. Estando eso en un lado de la balanza, en el otro debemos poner todo lo que podríamos conseguir con ese dinero. No cabe duda de que sería mucho menos, muchísimo menos, lo que se necesitaría para acabar con algunas enfermedades que Occidente ha vencido y que todavía causan estragos en los países en desarrollo, por poner un ejemplo. Cualquier otro empeño de esa naturaleza sería siempre significativamente menos costoso que intentar detener el cambio climático, algo que no sabemos si se puede conseguir aunque todos sospechamos que difícilmente es algo que esté en nuestras manos. Casi con toda seguridad, influir en el clima de la Tierra es una aspiración fuera de las posibilidades de los hombres de principios del siglo XXI.
Este segundo debate, tiene, incluso, mayor importancia que el primero. Suele olvidarse, para terminar, que la preocupación ecológica forma parte ya de manera natural de la agenda política de estados, instituciones y empresas. El hombre ya no va a dejar de tomar en consideración el factor ecológico en sus actividades nunca más. Existen ideas preconcebidas al respecto que resultan totalmente coherentes con el ambiente de histeria colectiva que se ha desarrollado en los últimos tiempos. Son las ideas que asientan la imagen de un ser humano patológicamente destructivo con su entorno ecológico, a pesar de las evidencias que señalan muchas mejoras en ese sentido desde el comienzo del capitalismo hasta nuestros días. Son las ideas que asientan la imagen de un ser humano capaz de ir con los ojos cerrados hacia la catástrofe sin modificar su actitud cuando resulta evidente que el ser humano sí ha cambiado su actitud. Son las ideas que asientan la imagen de ser humano que no es consciente de los retos ecológicos cuando todas las evidencias nos muestran a un ser humano no sólo preocupado sino histéricamente preocupado por la cuestión.

jueves, julio 05, 2007

Generación Red: liberalismo en marcha


Con un poco de retraso me encuentro con una nueva iniciativa digital de carácter liberal: Generación Red. Se trata de una brillante revista que presta especial atención a la cuestión de los derechos, a la política, a la propia Red, a la cultura, al mundo de la empresa... Cuenta con un brillante diseño, se pueden leer interesantes entrevistas... Hombres libres ejerciendo su libertad, vaya, ciudadanos ejerciendo su ciudadanía. Si he entendido bien, y creo que sí, David Ballota, es uno de sus impulsores.
A David, quienes sigan las bitácoras alojadas en Red Liberal le conocerán por la suya, Radicalmente Liberal. Yo le conocí virtualmente en las Juventudes Liberales. Tuve ciertas discrepancias, de matiz pero importantes, con respecto a su concepción del liberalismo que me impidieronseguir a bordo del barco de JJLL, sin embargo, ello no ha sido ningún impedimento para que le siga profesando una gran admiración. Cuando tantos ejercemos una militancia liberal más bien poco social, gente como David no duda en cargarse de trabajo y organizarse para sacar proyectos adelante, involucrando a más personas. Mi naturaleza es diferente y no reniego de ella, pero, como he dicho, encuentro que David y sus compañeros en Generación Red son personas de un valor extraordinario.
Recomiendo a todo el mundo una visita a esta nueva revista digital liberal, no creo que defraude. Quizá los muy conservadores la encuentren demasiado alejada de sus posturas ideológicas. En ese caso les sugeriría que dejaran los dogmatismos en casa y que se esfuercen en apreciar las muchas virtudes de esta buena idea hecha realidad.
Felicidades Generacion Red. Sois una gran aportación al desarrollo del liberalismo. Que tengáis muchísima suerte.

Basura progre: ¡Soy progre!

La verdad es que pensaba que en un mundo en que hasta una parte de la izquierda se aburre de sí misma y encuentra bastante insoportable la corrección política (especialmente, los izquierdistas vitalmente más libres) lo de ser progre era como lo de ser hortera, algo que siempre son los demás. Sin embargo, hay en esta viñeta una cierta reivindicación del calificativo que no deja der ser sorprendente.
Por otra parte, la viñeta habla bien a las claras de la consideración que merece a ciertos ojos aquel que osa hacer algo tan inocente como calificar de progre a otro. Sobre todo teniendo en cuenta que en campo contrario los calificativos más usados para una similar caricaturización son los de facha, franquista o derecha extrema. En fin, "retrogrados, ignorantes y chungos".

Viñeta: Mauro Entrialgo

Nota del autor: Mauro Entrialgo es un muy brillante autor de comics español. Independientemente de la discrepancia manifestada en este "post", las obras de Entrialgo han sido para mí fuente de disfrute desde hace muchos años. Siento una gran admiración artística por este autor.

miércoles, julio 04, 2007

A Alfredito Blablablá, progre de verdá


Alfredito Blablablá es un progre con el que usted tendrá dificultades al hablar. Para empezar usted, a sus ojos, es un enfermo. Dependiendo del grado de simpatía que le tenga, usted lo será crónico, agudo, leve o incurable. Como poco usted padece el Síndrome de Estocolmo. Los malos le han secuestrado pero a usted le inspiran simpatía. Naturalmente, usted desconoce que está enfermo, pero Alfredito Blablablá hará lo posible para que usted se entere. Pero mientras tanto, si usted intenta discutir de política con él, tendrá muy difícil que le tome en serio. Porque usted quisiera, pero no puede hablar como él, siendo usted un esclavo y el un hombre libre. Su mente está abducida, son los poderosos los que hablan por su boca. Usted es un esclavo y, pobrecito, ni siquiera lo sabe.
Los hombres libres como Alfredito, ni siquiera ven lo que usted ve. Su mirada es especial, tiene cualidades inimaginables para usted ¿Cómo podría discutir usted con él si usted ni siquiera tiene la capacidad de ver la realidad? Pongamos un ejemplo. Usted ha trabajado duro para poder pagarse unas ventanas con doble cristal y aislamiento térmico. Pues es usted, además de un enfermo y un ciego, un auténtico idiota, porque, en realidad, usted lo que se ha comprado son unas carísimas rejas. Usted sólo es un prisionero del sistema. Tal vez le han publicado una carta en algún periódico criticando a unas autoridades o a una empresa que contamina el río de su pueblo ¿Libertad?¿Libertad de expresión? Ay, pobre imbécil, usted es sólo un animalito haciendo ruido en el corral. No confunda, le dejan hacer ruidos con su boca, pero nada más. Afortunadamente, los Alfreditos Blablablá del mundo están aquí para informarnos de lo que nosotros no vemos, indicarnos el camino que nuestra ceguera nos impide encontrar.
Si usted le preguntase a Alfredito como es posible que haya tantos ciegos, le dirá que, en realidad, no son tantos, que son muchos más de lo que parece los que ven perfectamente, pero que se hacen los ciegos porque han sido sobornados ¿Con qué, preguntará usted, inocentemente, que ya está pensando en presentarse voluntario para que le sobornen? La respuesta quizá le decepcione. Le sobornarán con un trabajo, y con duros esfuerzos para comprarse una casa. Le sobornarán con un crédito para comprarse un buen coche y con las ganas de separar unos euros cada mes para irse con su familia de vacaciones. Le sobornarán, en definitiva, con la posibilidad de esforzarse para conseguir aquello que desea o quiere.
A usted le extrañará todo esto un poco. Tal vez pregunte a Alfredito que por qué los esclavizadores se empeñan en que vivamos tanto tiempo y en tan buen estado de salud. Pero él tienen respuesta para todo. Más tiempo vive más negocio hacen los malvados con usted. Además, qué cochambrez de vida se vive a los 80 años, para eso mejor morirse a los 50 y sin pagar ni un duro a las multinacionales farmacéuticas.
Todo es ficticio para Alfredito. Si usted le echa en cara las cifras de la ONU sobre reducción de la pobreza gracias al desarrollo del capitalismo en unos cuantos países o no creerá las cifras o le dirá que son irrelevantes y que los que salen del estadio más miserable de la economía están muy lejos de cobrar lo que cobra el presidente de Coca-Cola. Pues sí. A Alfredito le parece también irrelevante que al que sale de la pobreza le parezca muy bien el capitalismo, entre otras cosas, porque no cuadra demasiado bien con su idea de las cosas.
Es muy interesante que, con su superior entendimiento de las cosas, es totalmente incapaz de explicar cómo acabaría el con las cosas que no funcionan en el mundo. Nuestro Alfredito es tirando a anarquista y le molesta mucho que haya un Estado. Seguramente es pacifista también. Su superior entendimiento nunca explica cómo íbamos a defendernos las personas normales y corrientes de las mafias armadas si desapareciese el Estado ¿Armándonos todos y haciendo comunidades amuralladas como en la Edad Media?
En fin, Alfredito, es un hombre libre y usted no lo es. Así que si discute con él sepa que para él sus opiniones son sólo las pintorescas excusas con que los hombres cobardes alimentan sus pobres vidas rodeadas de cosas y más cosas sin utilidad (es un lugar común entre la gente como Alfredito que los trabajadores de este mundo gastan su dinero en artilugios que no necesitan, hasta ese punto están enfermos: le llaman consumismo).
Para Alfredito usted carece de verdaderos argumentos si defiende el capitalismo, porque el capitalismo es una cosa tan horrorosa que sólo los esclavos no pueden verlo así. Si intenta argumentar, debe saber que cuanto dice son mentiras para él.
Y, un consejo, no ponga en duda la pertinencia de sus críticas: se meterá en un lío del que sólo podrá salir escapando lejos de su alcance. Los Alfreditos nunca se agotan de criticar al capitalismo y a los pro-capitalistas, más que un hobby es una vocación para ellos. Desde luego, él no manejará la información que todos conocemos: no es sencillo presentarse en esta sociedad nuestra como abierto defensor del capitalismo. Pero Alfredito Blablablá ignora esto: él cree ser el único y genuino pepito grillo del mundo. No sabe que el capitalismo está anclado por muchos ángulos, que hay muchos que se hacen ricos y poderosos impidiendo su desarrollo. Pero es inútil, Alfredito ve mucho más que nosotros.