jueves, noviembre 08, 2007

San Sebastián no se arruga frente a la izquierda totalitaria


En esta dirección se puede ver la parte final de lo ocurrido en el programa "59 segundos". En un principio pensé que no merecía comentario alguno porque parecía muy evidente que un tipo de PRISA que señala con el dedo a una señora en actitud violenta diciéndole lindezas del estilo de "defiendes a la ultraderecha" y "llevas años engordando a ETA" no le podía parecer extraño a nadie. Pero conviene no dejarlo pasar. Este Calleja no es diferente del señor Blanco en cualquier rueda de prensa, ni de López Garrido en el Parlamento, ni del presidente Rodríguez en cualquier mitin, o sea cualquier día.
Si ustedes bucean un poco en Internet podrán darse cuenta de que el tipejo en cuestión despierta enormes simpatías entre los de su cuerda y que la animadeversión de la secta izquierdista (no en la izquierda donde hay personas que no pertenecen a la secta) a una señora que es hostil al fatuo progresismo de nuestros días, especialmente a su casposa versión hispana, parece que para muchos significa que hay autorización para decirle la burrada más gorda que a uno se le ocurra. Sólo siguen el ejemplo de los dirigentes izquierdistas españoles desde hace más de un siglo, con rarísimas excepciones. Sólo siguen el ejemplo de sus intelectuales. Sólo siguen el ejemplo de sus medios de comunicación. Los ejemplos son tantos que para qué perder el tiempo. Largo Caballero o Guerra, Juan Benet o Regàs, Prisa o Z, qué más da.
Lo cierto es que no debería extrañar nada. España es un lugar donde la izquierda se cree autorizada para eso y para mucho más. Todos sabemos que se trata al único partido de la oposición, que representa la mitad de la población (punto porcentual arriba, punto porcentual abajo), de extrema derecha y de heredera del franquismo. Aún a sabiendas de la falsedad de la idea, la izquierda oficial y gran parte de la social afirma constante y hasta violentamente que la derecha española no es como la europea, que aquí es incivilizada, antidemocrática y que no acepta los resultados electorales, o sea, vocacionalmente golpista -contra toda evidencia-.
Los ejemplos de afirmaciones intolerables de la izquierda española sobre la derecha española son infinitos. Suelo escuchar que ocurre lo mismo en la dirección contraria. Es falso. En primer lugar porque no puede compararse lo que dice una persona concreta en un momento de calentura con una situación estructural, con un concepto totalmente asentado en el subconsciente sectario de una gran parte de la población española que se siente identificada con una cierta idea de la izquierda -a menudo sin saber por qué y contra sus propios intereses-. Y en segundo, porque la derecha española le tiene pavor al cuerpo a cuerpo, a la batalla dura, a la pelea sin cuartel. La izquierda española tiene instintos totalitarios (un obrero no puede ser de derechas, un joven no puede ser de derechas, España es de centro-izquierda, la derecha no entiende el país en el que vive, educación para la ciudadanía, Jiménez Losantos debe ser expulsado a los infiernos, la COPE debe ser cerrada como lo fue Antena 3, si alguien se les enfrenta automáticamente se le califica de extrema derecha pero no pasa nada porque la izquierda "moderada" pacte y gobierne con la extrema izquierda (comunistas reconvertidos y sin reconvertir) y el ecologismo radical o que la izquierda española pacte con los nacionalismos antiespañoles...), sin embargo, la derecha española es sobre todo y fundamentalmente pactista, centrista (o sea derecha vergonzante) y apasionada del consenso incluso con mayoría absoluta (pacto de la justicia, retirada de la tímida reforma del mercado laboral, asunción de la ideología nacionalista, incumplimiento de las promesas de regeneración democrática -papeles del GAL...-).
Mientras de la izquierda se espera cuando gobierna que sea muy de izquierdas y no traicione sus principios, cuando la derecha gobierna se le exige que sea moderada y apueste por el consenso, o sea que renuncie a lo que sus votantes esperan de ella.
Así que lo de Calleja no es más que otro de los infinitos síntomas de unha enfermedad nacional que nos conduce por la pendiente de la destrucción del Estado de Derecho porque con este estado de cosas la izquierda siempre será más fuerte y la derecha siempre se encogerá dejando huérfana de representación política a una parte gigantesca de la población. Además de que la propia nación no podrá subsistir, claro está, por razones idénticas.

Finalmente, tras el análisis político, no quiero dejar pasar lo humano: mi solidaridad con Isabel San Sebastián. Además de una señora muy bien preparada y gran polemista, demuestra cada día un valor encomiable. Ojalá la derecha española fuera más como San Sebastián y menos como Rajoy. Isabel, ni de lejos estás sola. Recibe este mensaje de afecto y admiración. Los verdaderos fascistas, los antidemócratas disfrazados y los liberticidas sin escrúpulos nos tendrán siempre en frente. Te necesitamos ahí, sin arrugarte, como haces, en los medios, auténtico Parlamento de la moderna sociedad democrática.

4 comentarios:

naixin dijo...

Muy bien. Un saludo.

Enky dijo...

Muy bien. Lo que es lamentable es el clima que se está creando. El miércoles en la SER la charla contra Esperanza Oña mantenida por un nacionalista y una comunista era digna de los interrogatorios de la KGB. Todo muy penoso.

Anónimo dijo...

De todas formas Isabes muy liberal no es, una vez la oí diciendo unos disparates proteccionistas de primera división.

Séneca.

Cheat Hacker dijo...

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