sábado, marzo 29, 2008

La derecha española y los Trífidos


En el maravilloso clásico de la Edad de Oro de la ciencia ficción “El día de los trífidos”, su autor, John Wyndhan, nos muestra un mundo súbitamente transformado. La inmensa mayoría de los terrestres han perdido la vista y están condenados a una más o menos lenta muerte. Los que han tenido la discutible fortuna de no perder el preciado sentido, sobreviven amenazados por una especie de plantas carnívoras de dudoso origen cuya singularidad más aterradora es la capacidad de desplazarse y lanzar letales dardos envenados. Más aún, a pesar de su apariencia irracional –carecen de órganos que puedan desempeñar funciones similares a las de nuestro cerebro-, parecen ser capaces de aprender y de desarrollar estrategias.

Quienes no han perdido la vista, sobreviven como pueden, con muchas dificultades y contrariamente a lo que hacen los trífidos, tardan en comprender los radicales cambios acaecidos en el mundo y se muestran incapaces de desarrollar una estrategia común. Así las cosas, los restos de la Humanidad se van disgregando hasta quedar reducidos a pequeñas tribus, pequeñas unidades de supervivencia. En el paroxismo de la incapacidad para la adaptación, un día aparecen unos exaltados con la pretensión de ser los representantes del Estado y de su Ejército. Rápidamente son barridos por los trífidos, que los superan en número de una manera apabullante, en capacidad estratégica, en capacidad de adaptación a las nuevas circunstancias (los trífidos carecen del sentido de la vista) y, sobre todo, en determinación, absolutamente ciega -nunca mejor empleado el adjetivo- en el caso de las plantas carnívoras.

Al releer recientemente la novela, se me aparecieron innumerables paralelismos, circunstancias que me recordaron a la situación política española y que quiero compartir con ustedes.

Una vez conocido el resultado de las elecciones legislativas creí, como muchos, que había motivos fundados sino para el optimismo si, al menos, para no caer rendidos a la desesperación. Creí, en definitiva, que el resultado proporcionaba un claro mensaje: cierto que los partidarios del zapaterismo, dentro y fuera del PSOE, sumaban más votos que sus opositores pero que habiendo demostrado éstos una fuerza enorme y consolidada, el proceso de desmembración nacional, que es el mismo que el de la ilegítima demolición del Régimen Constitucional refrendado por la Nación en 1978, no podría seguir realizándose del modo tan descaradamente rupturista en que se ha venido realizando en la última legislatura.

Dicho de otro modo: en las primeras horas tras las elecciones, incluso el Gobierno pareció comprender que media España había puesto pie en pared afirmando con rotundidad que en esa dirección, ni un paso más. Es más, resulta bastante evidente si se repasan las valoraciones políticas de esas primeras horas, que el Gobierno se sintió bastante desconcertado ante el espectacular resultado de la oposición. En los 30 años de democracia, jamás una oposición había sido tan fuerte. Sin embargo, la oposición era, precisamente, la única que no se enteraba de la evidencia. El resultado fue que, inmediatamente, la fuerza del resultado electoral de la oposición se diluyó como un azucarillo en el océano, dilapidada irresponsablemente por un partido político incapaz de comprender el mensaje arrojado por las urnas: el zapaterismo no estaba autorizado a continuar con su ilegítima labor de destrucción constitucional.

El Gobierno, como los trífidos, se adaptó inmediatamente a las nuevas circunstancias. Sus componentes pueden no ser muy brillantes en términos intelectuales, pero en términos estratégicos se meriendan día tras día a la oposición. El zapaterismo comprendió inmediatamente el peligro del resultado electoral y tras unas horas de desconcierto comenzaron una labor metódica e implacable para desactivar los objetivos peligros que le acechaban.

Lejos de hacer lo mismo, la oposición dictó una impresionante lección de cómo desperdiciar 10,2 millones de votos en un par de días. España es muy diferente a la de 1978, los que no han perdido la vista lo han comprendido hace tiempo. Su voto al PP el 9 de Marzo del 2008 es el canto del cisne de una España que se ha perdido por el sumidero de la historia. Sin embargo, aquí aparece el señor Rajoy hablando como si fuesen unas elecciones cualquiera en un país normal en el que se dirimen pequeñas cuestiones de detalle en la gestión del presupuesto entre los liberal-conservadores y los socialdemócratas. Rajoy es ese personaje que aparece con la pretensión de representar a un Estado y un Ejército que ya no existen. 10,6 millones de españoles (sólo contando PP y UPD) afirmaron con toda su fuerza que se oponen a la desaparición de España y que quieren que se detenga el proceso de su deconstrucción, que se oponen a la disolución de sus derechos individuales en el ácido histórico de los nuevos reinos de taifas. Pero la respuesta de los beneficiarios de la mayoría de esos votos -que además podrían fácilmente esgrimir que con lo fundamental de sus tesis también coinciden muchos millones de los que no le han votado- está siendo que hay que cambiar de caras y renovar el mensaje ¿De qué mensaje hablan?

Si nos hemos quedado ciegos y la Nación se disuelve llevándose con ella la legalidad constitucional vigente, la estrategia para oponerse a una transformación de semejante calado no puede ser “modernizar” el logo del partido o cambiar los colores corporativos. La ceguera se ha extendido al único partido nacional y de oposición que le quedaba al país. Y la consecuencia en los que conservan la vista será, más que previsiblemente, la resignación y la aceptación del nuevo statu quo, la “Cláusula Camps”, el discurso de la derrota que se va extendiendo como una mancha de aceite. Alberto Recarte, nada menos que editor de Libertad Digital- habla de adaptarse a las nuevas circunstancias, ya que –según él- el 60% del país aprueba la política de Rodríguez Zapatero, y lo afirma en la tertulia de “La Mañana de Cope”, justo unas horas ante de que la combativa Cristina López, en “La Tarde” de la misma cadena radiofónica, haga una alabanza de la religión, afirmando que la vida política no es ni de lejos tan importante como ella. Como en “El día de los trífidos”, la tribu se impone sobre el proyecto colectivo, en este caso España. La derecha progresivamente ex-nacional se prepara para seguir ahondando en el regionalismo filonacionalista ya esgrimido, incluso teóricamente, por todo un ex-ministro de la dictadura franquista como Manuel Fraga, en cuyo haber quedará ya para siempre haber creado las condiciones sociopolíticas necesarias para el desarrollo de lo antiespañol en una tierra como Galicia, tradicionalmente muy hostil a ello. De la Administración Única sobre la que él teorizó al partido único en fusión con los nacionalistas, hay un sólo paso cada vez más factible.

Los trífidos han devorado la Nación y la libertad pero la derecha no ha establecido una nueva estrategia en la que se acepte como premisa fundamental la grave situación en la que nos encontramos. Todo lo contrario, han interiorizado diferentes virus inoculados desde el zapaterismo y desde las elecciones no han dejado de hablar de renovación de “caras y mensajes”, “ganar el centro” y otras simplezas por el estilo. Dan por sentado, al parecer, que intentando hacer más potable para las izquierdas su discurso ganarán nuevos votos y conservarán los que tienen. Así, Rajoy se nos presentará de nuevo como el mejor posible presidente de algo que ya no existe, después de haber conseguido que 10 millones muy largos de personas le votasen en el convencimiento de que, efectivamente, la España que hemos conocido está en trance de desaparecer.

Los trífidos se manejan mejor en las nuevas circunstancias, las mismas circunstancias que están empezando a corroer la posibilidad de un partido interclasista, liberalconservador y nacional. Pero la ceguera se impone. Primero arrasó a la izquierda y ahora ha comenzado con la derecha. Los nacionalistas antiespañoles tienen a España en jaque, si cae la última pieza de la defensa, el mate será inevitable.

9 comentarios:

RC dijo...

Buena crítica además de bonita, pero después de leerla completa, no puedo sino que discrepar en algunos puntos.

En primer lugar creo que el resultado electoral de Zapatero, con esa reunificación de votos de la izquierda y nacionalistas, es en definitiva un voto antiPP. Mientras que al mismo tiempo, y a pesar de la política de la ceguera del Rajoy, el aumento en votos del PP responde a una negativa a las políticas radicales del Gobierno. Con lo cual lo único claro que puedo concluir es un periodo de confrontación política muy candente en toda la sociedad.

Tal vez Rajoy está tardando en reaccionar, con esto de su nuevo equipo parece haber muestras de egocentrismo camuflado en suspense. Pero es muy curioso lo que le ocurre al PSOE en ausencia de oposición, que es exactamente lo mismo que con ella. Luego, ni la oposición es tan crispante como la pintan estos, ni tan efectiva como para que creamos que está perdiendo el tiempo.

Por otro lado, sí es Zapatero el que continuamente está ausente. Durante toda la legislatura no se le ha visto más que en los buenos momentos. Y permantentemente ha tenido que estar adaptándose para afrontar esas taras que ha tenido que asumir en su equipo de gobierno. Sus ministros y ministerios estrella durante la legislatura tampoco han estado al quite del presidente ni del partido.

La derecha española no son los trífidos, lo es toda la sociedad española, en especial la izquierda crédula y conformista.

egolandia69 dijo...

Gracias por tu comentario. La ceguera ha afectado a todo el mundo, indudablemente. Empezó por la izquierda, desde luego, pero la amenaza de que se extienda a la derecha es ya muy palpable. Los trífidos, los enemigos de España y la libertad, encabezados por el presidente, lo tendrán muy fácil si el PP insiste en hacerse más "políticamente conveniente". La tesis del artículo es que la situación es extrema y no se puede responder como si viviésemos en un país normal. Somos una nación en un proceso de disolución en el cual los ciudadanos vamos perdiendo derechos, y como gallego lo puedo constatar muy fácilmente ya que ni siquiera puedo escolarizar a mi hija en el idioma de su casa.
Un saludo.

naixin dijo...

Zapatero ha demostrado que se puede ganar por la izquierda, le queda un millon de votos sin fagocitar por ese lado y eso significa, probablemente, que si Rajoy o su sucesor (sucesion por los demas necesaria) saca once en 2012, será al precio de que él saque doce. La conclusion es que las elecciones habra que ganarlas robando votos a la izquierda, pero no cometa el error de suponer que un candidato pepero capaz de competir con ZP en su propia campo estaría legal o moralmente obligado a aplicar politicas zapateras. Dice usted que tenemos que adaptarnos a este tipo contienda y yo le digo que empiece por usted mismo: La voluntad de verdad es incompatible con ganar las elecciones. Presentemos a Zerolo, dejemos que voten a Zerolo que el gabinete de Zerolo aplicará el programa del PP, que se resume en no permitir que ninguna parte de "estepaís", por cualificada o querida que sea, mande sobre el todo.

El otro tema es la confederalzioon interna de los partidos: es inevitable, el estado central se ha vaciado de competencias, el poder fluye en circuitos autonomicos y los partidos se amoldan a esa realidad. No se que decir, hay que esperar, que la historia da muchas vueltas, los flujos clientelares, el dinero, van a ralentizarse o detenerse y pronto todos estos sultancitos de la nacion riojana o abulense estaran abandonando competencias como casas de hipoteca ya impagable...

Juan Fernando dijo...

Sobre el gran hitlerillo de la derecha española:

"Jiménez Losantos: ¿Intrépido justiciero, o delincuente?"

http://lacomunidad.elpais.com/periferia06/posts

El Blog de Cordura

egolandia69 dijo...

Naixin:
"La conclusion es que las elecciones habra que ganarlas robando votos a la izquierda". No. Las elecciones habrá que ganarlas con verdad, con principios y con valores. Pretender adaptar el mensaje los oúidos del posible votante es el camino más recto hacia el abismo. No te votarán ni unos ni otros.
"Dice usted que tenemos que adaptarnos a este tipo contienda". No. Yo digo que hay que adaptarse a las nuevas circunstancias, que son las de una nación en proceso de disolución con una inevitable pérdida de libertades en el altar de las nuevas tribus.

Saludos afectuosos

naixin dijo...

Mi opinión es que no podrán ganarse con toda la verdad, con todos los principios y con todos los valores.

Lo que están haciendo en la escuela no tiene nombre pero hacer recaer la misma intensidad de asentimiento en otros puntos del programa pepero, liberales o conservadores, no será posible.

De todas frmas de aquí a cuatro años sabe Dios dónde estará el debate. Saludos.

CLD dijo...

Comparto totalmente el análisis.

El PP está obsesionado con no perder votos, cuando de lo que se trata es de ganarlos, de convencer a gente procedente del PSOE, de los nacionalismos y de la abstención. No es tarea fácil, pero es la única actitud democrática y honesta. Y sobre todo no es imposible, salvo que se tire la toalla antes de planteársela.

Por cierto, excelente novela la de John Wyndham. Especialmente, el principio, cuando el protagonista despierta en un hospital y poco a poco descubre la tremenda transformación que ha sufrido el mundo entero, es uno de los más memorables de toda la literatura fantástica.

egolandia69 dijo...

Naixin:
Yo también creo que las cosas pueden cambiar mucho y por eso es necesario mantener una estrategia que tenga en cuenta las circunstancias. Pero ello no debe hacer que varíen los principios en los que se cree y no caer en el relativismo que equipare 8 y 80.

CLD:
Creo que el PP está más preocupado por ganar votos que por comprender y conservar los que tiene. No sé que hará, pero se me ocurren unas cuantas cosas -que tienen muchos visos de llegar a producirse- que son el mejor camino para perder los votos conseguidos sin añadir una cantidad significativa de nuevos.

Saludos cordiales

Monitor de LCD dijo...
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