jueves, octubre 11, 2012

La mezquindad del hombre sin orgullo


Personas. Plebe. Amantes. Jefes. Tribu. Conocidos. Pueblo. Primos. Esposa. Esposo. Antepasados. Enemigos. Compañeros. Vecinos. Rivales. Amigos. Mujeres. Hombres. Idiotas. Cabrones. Santos. Amigos.
Personas.
Arcanos indescifrables. Hoy he pensado en las pequeñas traiciones. Un pequeño comentario, como de pasada, me revela un rencor desconocido. Nada sé de cómo se ha incubado. Hace años perdí a un amigo al decirle que yo aprendería a tocar más rápido la guitarra que él. Como no se quedó a comprobarlo, se perdió la satisfacción de conocer mi pasada de frenada. El orgullo mal entendido.
El orgullo es imprescindible. No me gustan las personas sin orgullo. Me gustan las que muestran orgullo en las peores circunstancias. Quienes predican contra el orgullo desconocen tanto su belleza como su utilidad. Quienes predican contra este atributo de la psique humana suelen esconder en su alma la versión enferma: la vanidad injustificada.
La vanidad herida, a veces, es vengativa y, a la vez, mezquina. No buscará la satisfacción pública en la teatralidad de un franco duelo. El envidioso suele carecer de orgullo, no por falta de motivos o cualidades  personales, sino por falta de convicción. El ser humano se hace mezquino porque se considera pequeño. No mira a los ojos, se esconde, tras una farola, tras una bandera, tras su insignificancia, tras unas gafas que son sólo montura. No se atreverá a apuñalarte por la espalda porque teme fallar. Te escupirá en el café cuando no mires. Pero su pequeño odio, su injustificada animadversión - a menudo inexplicable a sus propios ojos-, irá surgiendo poco a poco en las pequeñas cosas de la vida. No hay nada más evidente, a la larga, que el fingimiento continuado. Nos deleitará con amabilidades envenenadas: un chiste malévolo sin importancia, una mano floja en el saludo, un olvido conveniente, un pequeño comentario como de pasada.
Al final, todo se hace evidente, como una foto polaroid, en la química de las relaciones humanas.
Y, como siempre, no tiene otra importancia que proveernos de las coordenadas de nuestra existencia social. Mañana este hombre pequeño trabajará a nuestro lado en la oficina, o comerá con nosotros en la mesa familiar, o portará con nosotros el estandarte de nuestra Revolución. Mañana, o sea, hoy, estará a nuestro lado, quizá para recordarnos nuestras propias miserias, para recordarnos que el mundo del futuro nace con los pies carcomidos por el gusano de la pequeñez. Y nos preguntaremos, otra vez, si hubo un tiempo en que fuimos diferentes, si hubo un tiempo distinto, antes de que la especialización nos cosificara.

Publicado en mi blog "La tumba abierta": http://latumbaabierta.blogspot.com.es/

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miércoles, octubre 10, 2012

Libertad, rebelión, individualismo...

Publicado en http://www.latumbaabierta.blogspot.com.es/

El Universo se rige por el azar. Las cosas humanas también. ¿Justifica esto la fantasía onanista de una vida entregada a mirarse el ombligo? Por otra parte, aceptar las fantasías de otros ¿no es la más terrible traición? ¿Poesía pequeñoburguesa o realismo revolucionario? ¿Cola-Cao o Nesquick? Hemos llegado a ser lo que somos por la puramente azarosa concatenación de pequeños eventos que podrían haber sido cualesquiera otros muy fácilmente. Es pueril pensar que no seríamos personas muy distintas en otras circunstancias, así que ¿cuál es el auténtico valor de nuestras convicciones? ¿Y el de las de los demás?
Una rosa es una rosa es una rosa esto no es una pipa… y yo que siento empatía por todo y por todos, que todo lo puedo comprender y explicar, que puedo ser el más indulgente con las faltas ajenas, no me podría perdonar a mí mismo si solamente hubiese abandonado la tumba para unirme al coro cuando la partitura carece de los atributos que me hacen disfrutar de la música.
 La libertad es una abstracción que presenta todos los suaves matices de la irrealidad onírica y, sin embargo, es algo de lo que podemos estar siempre seguros: en su ausencia nos ahogamos. Y juro que no miento cuando digo que sería maravilloso vivir la hermandad con los hombres en la búsqueda melancólica del mundo perfecto. Pero hermandad e identidad son categorías muy distintas. A mí la identidad me cae a desmano desde que tengo algún recuerdo. ¿Cuántos no sentimos lo mismo? ¿Nos convierte eso en traidores?¿En inútiles para la causa humana, sea ésta cual sea? Probablemente. No servimos para trabajar en la cadena de la fábrica, ni para  hacerle la pelota al secretario del Partido, ni siquiera para tomarnos realmente en serio a nosotros mismos. Siempre hemos estado fuera de lugar.
Somos monos con los cojones azules. La gente nos tira cacahuetes. Fumamos grifa en una antigua pipa de mármol. Nunca seremos protagonistas de ningún gran drama histórico. Nunca haremos el brindis de Navidad deseando feliz año a todos y a todas. Nunca nos sentiremos ofendidas si un caballero nos deja pasar sosteniendo la puerta. Nunca salvaremos una lengua de su desaparición. Nunca ganaremos una guerra, ni siquiera la perderemos. Somos cobardes y osados, así que moriremos a primera hora. No formaremos jamás parte de ningún rebaño, a no ser que haya poderosas razones para ello. Nuestra libertad es una diosa golosa y sólo se rinde ante dioses  igualmente poderosos.
Y sin embargo, o quizás por todo ello, nuestra libertad está impaciente, ansiosa por entregarse a la orgía de la Gran Lucha, como quien se entrega al amante, en rendición incondicional. Pero no aparece el príncipe azul, sólo gañanes envejecidos, jamelgos cojos que ya lo han dado todo en las carreras equivocadas. Nadie ha visto al príncipe azul desde ni se sabe cuándo.
Lo que transforma una algarada en una rebelión es la idea que la sustenta. Es lo que convierte a un potrillo en un purasangre. 

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Nuevo Blog de Xabier Cereixo

Estreno un nuevo blog y me gustaría invitar a mis antiguos lectores a pasarse por él. Se llama La tumba abierta e intenta ser más personal que político. Pido indulgencia porque todavía me tengo que volver a hacer al formato. He aquí el link: http://www.latumbaabierta.blogspot.com.es/

Gracias.

martes, enero 03, 2012

Krugman en El País haciendo apología de Keynes: falacias y locuras.


El País acaba de publicar un nuevo artículo de Paul Krugman titulado "Keynes tenía razón". Rápidamente, para que no haya dudas el premio Nobel, afirma: "Recortar el gasto público cuando la economía está deprimida deprime la economía todavía más; la austeridad debe esperar hasta que se haya puesto en marcha una fuerte recuperación". Por esa regla de tres no deberíamos haber entrado en crisis.
En su artículo, Krugman, como mucho, explica desde su punto de vista cómo las políticas anti-keynesianas son políticas equivocadas e ineficientes; en ningún caso intenta siquiera demostrar que las keynesianas serían acertadas en una crisis como la actual.
Por otra parte, escamotea a sus lectores el hecho de que no existe una sola política antikeynesiana posible. La que se ha impuesto es una de tipo neo-monetarista que incluye subidas de impuestos y el aporte de recursos públicos a un sistema financiero en práctica quiebra. Pero rechazar estas medidas tipo no significa que haya que caer necesariamente en brazos de Keynes.
Por último, habría que preguntarle a Krugman y sus apasionados seguidores hasta dónde cree él que podrían endeudarse los Estados y durante cuánto tiempo en el supuesto de que semejante opción no diese los frutos deseados en un plazo razonable. Porque resulta bastante lógico preguntarse acerca de la situación en que nos quedaríamos si siguiésemos sus recomendaciones y no diesen resultado.

El capitalismo es difícil de dirigir
Mi opinión es la siguiente. El sistema capitalista, digan lo que digan sus críticos, opera espontáneamente y se resiste a ser dirigido, incluso por sus agentes más poderosos. Sí, pueden intentarlo y de hecho lo intentan, pero sus acciones son como construir una presa en un río: no se puede conservar el agua embalsada eternamente, la fuerza de la gravedad siempre acaba haciendo su trabajo. Bien, el capitalismo ha entrado en un proceso acelerado de mundialización. Los países del primer mundo todavía no han aceptado esta realidad y, mucho menos, se han preparado efectivamente para ella. Lógicamente, los primeros afectados han sido los países de economías más débiles, digamos la periferia. Éstos han venido disfrutando de una posición que les permitía navegar entre dos aguas. Pero gran parte de su desarrollo se ha basado en sueldos más bajos que los países más desarrollados y una economía poco tecnologizada todavía rentable gracias a ello. Pero en una economía global, esta ventaja desaparece ya que otros muchos países pueden ofrecer unas condiciones todavía mejores para el desarrollo de este tipo de economía, así como para convertirse en centro de fabricación de productos desarrollados en el mundo rico.
A esta coyuntura, en cierto sentido novedosa, se le ha añadido otro factor de gran trascendencia: la endeblez endémica del sistema financiero, ficticio y absurdo, y en cuyo ADN se encuentra la inevitabilidad de los ciclos. El ciclo depresivo estaba anunciado como los terremotos, se sabía que ocurriría pero no cuándo.
La mundialización de la economía y la crisis financiera son los factores esenciales de la tormenta perfecta que ha generado el actual tsunami. Los neokeynesianos se equivocan al pretender que una solución del pasado -en el caso de que hubiese sido efectiva entonces, lo cual es mucho suponer- nos servirá automáticamente en el tiempo presente. Y esto es así por una razón muy obvia: jamás se había producido una crisis de estas características.
Los riesgos que afrontaría un país como España siguiendo una política expansiva del gasto público basándose en el endeudamiento son tan gigantescos que ni siquiera los maneja nadie en su sano juicio porque, simplemente, la capacidad de endeudamiento tiene un límite evidente en los recursos que consigas de los prestamistas. A nadie se le escapa que este límite se alcanzaría muy pronto y que el paso siguiente sería la quiebra.
Los países como España, Grecia, Irlanda, Italia y ya enseguida otros menos periféricos, no tienen esa opción. La pregunta es, entonces, si países como EE.UU o Alemania la tienen, cuáles serían sus consecuencias y si la adopción de tales riesgos está justificada en una situación como en la que se encuentran.
En mi opinión estos países están resguardados en la retaguardia, con algo más de tiempo antes de la llegada del tsunami pero ello no quiere decir que estén libres de riesgo. El país americano tiene a su disposición una supereconomía con gran capacidad de reacción, lo cual es su gran fortaleza. Sin embargo ya es un país tremendamente endeudado. Por el momento dispone de una ventaja competitiva inmensa en su moneda, en la cual todo el mundo sigue confiando.
Pero si esta confianza se rompiese, EE.UU podría verse devastada por la ola. Su posición no es tan firme como podría parecer a primera vista, como puso de relevancia la crisis de las sub-prime. La Gran Depresión o la crisis de los años 70 demuestran que el ídolo podría tener los pies de barro. En el pasado no tenían competidores pero en el presente de la economía global nadie puede conocer cuáles serían las consecuencias de una crisis más profunda en los Estados Unidos. Hacer experimentos sin garantías en estas condiciones parece demasiado arriesgado y no creo que lo hagan si no se ven forzados por pura desesperación. Aún no están en esa situación.
Alemania es un caso parecido. Su sistema financiero está muy dañado y su prioridad será siempre impedir su quiebra, por lo que, ahora mismo, parece imposible que cambie de política. Por otra parte su tamaño no le permite lanzarse a la salvación de Europa en un salto sin red que nadie sabe a dónde conduciría.

No hay soluciones-milagro
Mi conclusión es que nos esperan largos años de tormenta. El río del capitalismo está desbordando por encima de la presa. La mundialización de la economía no se va a detener y ello implica que los países considerados ricos lo son menos. El mundo ha crecido. Las fábricas seguirán yéndose a los países con menos costes laborales. El sistema financiero tendrá que ser reformulado para que sirva de factor estabilizador y no al contrario.
Los países como España no tienen muchas opciones. Crear una situación que permita desarrollar su economía es su única opción real: contener salarios, bajar impuestos, ponerlo fácil para la revitalización del intercambio económico, desarrollar su tecnología al máximo, maximizar sus ventajas comparativas, etcétera. Todo lo que se puede hacer es a medio plazo.
No hay una solución mágica y, desde luego, no pasa por un endeudamiento estatal que, simplemente, está fuera de nuestro alcance.

viernes, diciembre 30, 2011

Serie sobre Tarancón: un ejemplo de manipulación.

¿Cómo son los del bando "nacional"? Ridículos, infatuados, palurdos, con el ceño fruncido, ricos, vagos y muy sanguinarios.
¿Cómo son los del bando "republicano"? Románticos, heroicos, humildes, simpáticos, justos y poco sanguinarios.
Un ejemplo de forma equilibrada de contar la historia:
Hecho 1: en la TV movie, Tarancón tiene que escapar de Madrid porque se está fusilando a los curas. No se ve, se alude a ello en una conversación en la que Tarancón quita hierro al asunto. "No es para tanto", dice. Junto a dos correligionarios, vestidos de paisano, intentan coger un tren. Él y otro pasan los controles de las milicias. El tercero es retenido. No se ve nada más. Se supone que que será fusilado, pero podría ser que no. El guión no nos lo aclara.
Hecho 2: Tarancón está en Tui. Conoce a gente del pueblo que está escondida en una granja. Los fascistas les descubren y, con todo lujo de detalles, la serie nos muestra un despiadado fusilamiento en el que mueren gentes corrientes, incluídos ancianos y mujeres. Los fusiladores ponen cara de malos satisfechos.
Conviene señalar que ninguno de los dos hechos es presenciado por Tarancón, así que, en términos narrativos, tanta razón tenían los productores de la serie para escamotearnos con una alusión un hecho como el otro.
Éste es el tipo de historia que nos cuenta la Televisión Pública que tantos defienden como garante de valores que las privadas son incapaces de promover. Pues yo no encuentro ninguna diferencia. Es una estafa intelectual a la cual he tenido que contribuir obligatoriamente con mi propio dinero, que me ha sido expropiado sin posibilidad de evitarlo.
 
En fin, este tipo de manipulación burda y demagógica es lo que habitualmente nos encontramos, pero habría que ver la que se hubiese montado en el país si la manipulación fuese en sentido contrario. Los "demócratas" hubiesen puesto el grito en el cielo y hoy no se hablaría de otra cosa. En cambio ¿cuál es la reacción ante esto? Ninguna. La nada más absoluta.

miércoles, diciembre 21, 2011

Yupiiiiiiiii!!! Un Gobierno de tertulianos de la Cadena SER!!!!!! Diosss, es una especie de maldición, seguro.

lunes, noviembre 21, 2011

Comienza la guerra por la sucesión de Zapatero

Tremendo sopapo de El País a Rodríguez, el desaparecido a quien hicieron desaparecer sus propios compañeros. El panfleto socialista pasa cuentas al presidente que le quitó el monopolio progre en los medios...y el fútbol. Roures, el millonario comunista-nacionalista, dueño de La Sexta, Público, Gol y demás, quien tanto debe al presidente Rodríguez, ya sabe que la guerra por la sucesión del zapaterismo ha comenzado. El País ha abierto las hostilidades.
El periódico independiente de la verdad, a quien tanto ayudó Fraga en su fundación, llevada a cabo por oligarcas del franquismo que hicieron su fortuna imprimiendo los libros de texto del Régimen, como Polanco, o sus mamporreros periodísticos, como Cebrián, hijo del régimen y mandamucho en su televisión -tan libre ella-, acaba de descubrir la independencia del criterio del poderoso y le dice -nada menos- "váyase, señor Zapatero" -no es broma, léanlo- al presidente. ¿Que ya ha perdido su poder y que es un árbol caído? Hombre, tampoco es cosa de pedir heroísmos en PRISA, que no hay que olvidar que está medio arruinada... según creen en la secta prisaica por culpa del adulterio político-empresarial cometido por Rodríguez con los dueños del fútbol patrio.
Malos días para la progresía y la gauche divine nacional. Han visto la piel de toro teñida de azul y les han salido las ruindades: momento para pasar facturas.
Y mientras tanto, ruido de sables en Ferraz ¿Quién colocará su candidato en la secretaría general del PSOE, Roures o los compañeros de ruina de Cebrián?


http://politica.elpais.com/politica/2011/11/21/actualidad/1321837670_085570.html

viernes, junio 20, 2008

España-Italia: principalmente, una cuestión de cojones



“Oh, che sciagura d’essere senza coglioni!" Cita en una de sus obras Samuel Beckett, quien a su manera, tenía un fino sentido del humor, con Belacqua como declamante, personaje que Dante sitúa en las puertas del Purgatorio de su Divina Comedia. Nuestro enfrentamiento futbolístico con los hermanos italianos me ha traído a la memoria esta frase que, por otra parte, es de las pocas cosas que hay registradas en la lengua trasalpina en el disco duro de mi cerebro. No me negarán que la frase es sugerente en un contexto futbolístico donde los coglioni, o sea, la testosterona aplicada al juego, o sea, la competitividad máxima, suelen ser un factor de esos que marcan las diferencias. Para quien no lo haya cogido, la frasecita de encabezamiento viene a traducirse como sigue: Oh qué desgracia estar [no tener, vivir sin, haber sido privado de, etcétera] sin cojones. Lo testicular en el fútbol es un aspecto no menor.

Permítanme una pequeña digresión. En esta época de tribulaciones masculinas e imperio de una corrección política que no es otra cosa que la rendición idiomática de la derecha ante la izquierda, con lo que ello conlleva de rendición ideológica, la apelación a los genitales masculinos como metáfora de la competitividad no gusta mucho entre esos aseadopensantes y vacuoparlantes que tanto predican la igualdad de género, desconociendo a propósito o por ignorancia que el género es categoría gramática y no de otra índole, pero… en fin… Esta singular suerte de líderes sociales que ha dado nuestra época, para demostrar lo mucho que creen en esta igualdad, suelen dirigirse a sus auditorios dividiendo sistemáticamente en dos grupos a las personas, que ya no son tales sino, principalmente, señores y señoras, chicos y chicas, vascos y vascas, miembros y miembras. Por tanto, su idea de la igualdad comienza con la destrucción de la categoría “persona” a la que todos pertenecemos irremediablemente por igual para entrar en la categoría de especímenes humanos con órganos sexuales externos o internos, algo en lo que, por narices, nos diferenciamos unos y otras. Es decir, predican sobre la igualdad destruyendo la primera que se encuentran.

Hablábamos de fútbol, cuya capacidad de fascinación universal viene, entre otras razones, por esta facilidad con que todos encontramos algún paralelismo entre el juego y la vida misma. Y hablábamos del fútbol y su relación con los cojones, lo que le debe convertir en un espectáculo machista, porque los cojones son constantemente aludidos en el análisis de los encuentros. Se suele hacer con alusiones eufemísticas, claro está. Por ejemplo, es usual que las declaraciones los deportistas, los entrenadores, los directivos y los analistas profesionales hablen de poner sobre el terreno de juego “lo que hay que poner”. No obstante, o quizá por ello, a las mujeres les gusta mucho el fútbol.

Tras el vendaval de universalización del football, del soccer, del calcio, del balompié, las diferencias técnicas y tácticas entre los equipos han quedado reducidas a su mínima expresión. Ya no es razonable esperar salir a la cancha a golear a Malta por 12 goles y hacerlo con ocho delanteros. Ya no hay partidos que los equipos presuntamente grandes ganen desde el autobús. Eso ya no existe. El fútbol es quizá el deporte donde existen menos diferencias entre los mejores y los no tan buenos, el deporte donde los débiles tienen más posibilidades de batir a los fuertes, lo que sin duda constituye otra de las razones de su enorme popularidad. Basta recordar el resultado de la Eurocopa del 2004 para comprender hasta que punto esto es cierto: una selección muy mediocre se hizo con el título a base de estrategia, algo de suerte y cantidades ilimitadas de coglioni.

Recuerdo perfectamente una entrevista con Hugo Sánchez, en el cénit de su carrera deportiva, en la que explicaba su capacidad goleadora. El mexicano afirmaba que había muchísimos jugadores, incluso en categorías inferiores, con mayores capacidades técnicas que las suyas propias: la diferencia, que hizo de él uno de los mejores goleadores que se recuerdan en la liga española, no fue técnica sino psicológica. Ese instinto competitivo, esa obsesión por ser el mejor, ese empeño por marcar goles, esa desesperada pulsión ganadora, convirtió a Hugo Sánchez en una leyenda. Los aficionados podemos recordar su mala baba en el campo de juego, su desvergüenza para hacer lo que fuese necesario en cada momento. Y también podemos citar, sin pensarlo demasiado, un montón de jugadores extraordinariamente dotados pero que sólo tuvieron carreras mediocres. Un ejemplo paradigmático podría ser Patrick Kluivert, un jugador de técnica exquisita y elegantísimo porte, que fue incapaz de convertirse en otra cosa que un figurín ciclotímico. Muchos futbolistas con una estética opuesta a los principescos ademanes de los muchos kluiverts que han sido, son y serán, es decir, con una estética más popular, mucho menos dotados en lo técnico, sin embargo triunfaron, e incluso construyeron, ladrillo tras ladrillo, una auténtica leyenda. Estoy pensando en gente como Quini, Enrique Castro, o el propio Raúl.

Es en esta batalla de los coglioni donde los italianos siempre nos han “dao pal pelo”. Ochenta años de cortes pelo, para ser exactos. Cuando entrevistaban al Buitre que despuntaba en el Castilla sobre su estrellato en ciernes, el suyo y el de su Quinta solía responder: “Yo no soy el bueno, el bueno es Rafa”. Se refería a un Martín Vázquez cuyas exquisitas cualidades técnicas no sirvieron para hacer una carrera brillante sino una muy menor. Hoy podría haber un, digamos, Puyol o un Capdevila que dijese que el bueno es Iniesta, o Torres, o Silva. Nadie, en su sano juicio dirá que el bueno es Puyol. El bueno es, digamos, Del Piero no Gatusso.

Pero, ay, hoy para ganar en el futbol se necesita ser bueno, sí, pero hay que ponerle más coglioni que nadie en la cancha porque si no la excelencia técnica no servirá de nada. Por eso no he citado a Villa o a Xavi Hernández, o a Pirlo en nuestros rivales, que son gente muy buena técnicamente y, a la vez, gente luchadora, competitiva y ganadora.

El Italia-España del domingo lo ganará un gran equipo, plagado de futbolistas extraordinarios en el manejo del balón. Eso es seguro porque ambos equipos responden a esa descripción. La suerte aparte (grandísimo y determinante factor que no puede ser obviado), el enigma que se responderá a última hora del día 22 de junio próximo es quién ha ganado el partido psicológico que se juega simultáneamente. “Oh, que sciagura d’essere senza coglioni” le dirá Belacqua con sorna a un deprimido equipo de hombres que se irá de cabeza caminito del Purgatorio, en fila india y con desconsoladas lágrimas corriendo por su rostro, que es la moda de nuestros días.

Por cierto, S. Beckett escribió More Pricks than Kicks. Aplíquese a la cuestión tratada.


miércoles, mayo 14, 2008

MaríaSan Gil no tiene sensibilidad con esto del terrorismo


La débil y derrotada ETA ha echado abajo una casa cuartel de la Guarda Civil poniendo 300 kilos de liberación nacional en un coche y liberando de su perra vida a un joven guardia.

La clase política española es unánime en su consternación. El presidente Rodríguez porque ve alejarse un poco más su Premio Nobel de la Paz; y también por la muerte del servidor público.

El ministro de la Oposición Rajoy porque sabe lo bien que utiliza el PSOE la propaganda en días como éste (aún tiene pesadillas con la encerrona que le montó Patxi López en el asesinato del ex concejal socialista de Mondragón, Isaías Carrasco, unas horas antes de las elecciones del 9-M y lo mucho que exprimieron en las teles prosociatas, o sea, en todas, por ejemplo, las declaraciones de la hija del asesinado); y también por la muerte del servidor público.

El presidente de la Comunidad Autónoma de las Vascongadas, Juan José Ibarretxe, también está muy afectado porque no queda muy bien que él esté dando la matraca con lo del referendo liberador y vengan sus chicos de la gasolina, ahora ya en el primer equipo y le llenen los telediarios de sangre y escombros, lo cual puede muy bien considerarse publicidad negativa para los vascos y las vascas; y también por la muerte del servidor público.

La lista de compungida unanimidad es larga porque según se dice unánimemente hoy sólo es día de unanimidad compungida: cualquier otra cosa está fuera de lugar. De hecho, en los medios de comunicación que repentinamente se han convertido en paladines entusiastas de la causa de Rajoy, así como alguno de esos fieles colaboradores que van a todas partes con su líder para poder llevarle tanto el maletín como el respirador artificial que le mantiene con vida, le han reñido a María San Gil por referirse a otra cuestión política en vez de sumarse a la compungida unanimidad. Casualmente la cuestión política a la que se ha referido tiene ver con el liderazgo del PP, más en concreto la obvia negativa de algunos a que el liderazgo lo ejerza alguien que está entre zombie y catatónico. Si es que San Gil, como todos sabemos no tiene ninguna sensibilidad con esto del terrorismo ¿qué sabrá ella?

viernes, mayo 09, 2008

Rajoy: el egoísmo atroz de un cadáver renovador de la nada


El PP obtuvo un buen resultado en las elecciones del 9-M. Rajoy estaba en una muy buena situación para liderar el partido hacia una victoria electoral mejorando los puntos débiles: la comunicación con la sociedad, la imagen del PP creada por sus enemigos, cierta falta de ambición en el programa, la escasa democracia interna del partido, y la tibia apuesta por la regeneración democrática de la Nación, la blanda lucha en la batalla cultural e ideológica frente a la todopoderosa cultura progre, y un equipo rector de nivel discutible en el entorno de Rajoy. Pero la mejora que ha emprendido Rajoy no ha sido tal sino todo un proceso de rectificación, por un lado, y una especie de paranoia respecto a su liderazgo por otro. Siendo que el PP había obtenido un buen resultado electoral, la cuestión que se planteó inmediatamente fue, y es, si dicho resultado es un insalvable techo electoral o un magnífico suelo desde el que elevarse. No cabe duda respecto a que Mariano Rajoy ha considerado que la hipótesis del techo es la correcta y hete aquí que en apenas unos días montó el solito la marimorena aprovechando, de paso, para ponerse al cuello algo muy diferente de su famosa corbata de la suerte.

Dejando a parte la cuestión de la buena fe, de importancia relativa para la parte liberal-conservadora de la sociedad española, lo cierto es que el evidente suicidio político de Mariano Rajoy no lo va a padecer él en persona solamente, sino que en su ceguera va a arrastrar a la principal herramienta de la que, hoy por hoy, disponemos los ciudadanos que no comulgamos con el zapaterismo para evitar que se lleven a cabo los planes socialistas para España. En ese sentido el comportamiento de Rajoy está siendo de un egoísmo atroz y el daño que está causando a la Nación será irreparable, porque si ya iba a ser difícil, de cualquier manera, parar los pies al presidente Rodríguez y a sus aliados antiespañoles, hacerlo sin contar con un PP que esté en disposición de ganar unas elecciones en cualquier momento será imposible.

Es evidente que Rajoy no ha comprendido nada de lo ocurrido desde las elecciones. Aún en el mejor de los casos para su causa, que conservase, digamos, un 80% del apoyo obtenido el 9-M, no alcanzaría para lograr la gobernación del Estado. Sin embargo, es altamente improbable que se vuelvan a producir unas elecciones con un nivel de excitación popular como el vivido en España el pasado mes de marzo, con lo cual es previsible que la pérdida sea mayor. Muchos votantes nos hemos sentido defraudados hasta el punto de que Rajoy no recuperará nuestro voto. Pero es que, además, antes de las elecciones generales de dentro de 4 años, habrá de pasar otros procesos electorales en los que sus perspectivas no pueden ser peores. Su alter ego gallego, Núñez Feijoo, se va a dar un batacazo morrocotudo. La valiosísima María San Gil rema contracorriente y poco podrá hacer con el respaldo de un PP nacional prácticamente K.O. Y las elecciones europeas son el marco ideal para que los votantes y simpatizantes del PP muestren su desapego del líder con la conciencia tranquila de no dañar a su país facilitando la victoria del PSOE. Aunque no se produzca una debacle quedará claro que Rajoy no puede llevar al PP al poder después de su comportamiento tras el 9-M. Cualquier analista objetivo es consciente de ello.

Rajoy ha errado profundamente, y ya no tiene arreglo, en demasiados asuntos: la loza está rota y no hay ninguna posibilidad de que pueda reconstruirla. No puede recomponer la simpatía de quienes en el ejercicio de sus derechos democráticos criticaron algún aspecto de su gestión y fueron respondidos con extrema hostilidad. No puede recomponer el desaguisado ideológico que ha cocinado con su peculiar sentido de lo que debe ser un partido transversal que integre diferentes ideologías complementarias y en el cual, según él, no caben los que profesan esas mismas ideologías que él quiere integrar. No puede recomponer la sensación de haberse desecho de grandes personalidades del PP para rodearse de medianías que a nadie resultan atractivas más que, presuntamente, a él mismo. No puede recomponer la imagen de voracidad estalinista con que ha afrontado el próximo congreso de Valencia, desde la recolección de avales al desprecio por la democratización interna, pasando por la hostilidad desmedida a cualquier tímido intento de presentar una alternativa. No puede recomponer la impresión de descontrol emocional con que ha recibido las críticas desde los medios de comunicación que leen o escuchan sus posibles votantes ni la impresión de secuestro de su voluntad con que esos mismos votantes reciben, atónitos, los parabienes que dedican a la gestión de Rajoy los medios de comunicación enemigos de cuanto representa o debería representar el PP. Y, sobre todo, ya no podrá recomponer la imagen que ha proyectado en la sociedad de líder que pierde los papeles en las dificultades y reacciona de forma pueril a la crítica.

Mariano Rajoy está pretendiendo, sin tener el desparpajo y la caradura necesaria para hacerlo sin ponerse colorado, repetir la operación de Felipe González para deshacerse de la contestación interna que representó, vagamente, el guerrismo. Él, que era el máximo representante del poder y el aparato dentro del PSOE desde los años 70, se erigió en el máximo líder de un presunto sector renovador. Pero González tenía cara para eso y mucho más y, sobre todo, tenía abducida la voluntad de los simpatizantes, votantes y militantes socialistas. Rajoy, un señor serio que dista mucho de disponer de las cualidades de vendedor de colchones usados que adornaban a Felipe González, no es un líder carismático que vaya a contar con el apoyo automático de las masas de centro-derecha españolas. González podía pedir a los suyos que le votasen para salir de la OTAN, primero, y para quedarse, acto seguido, sin solución de continuidad, y no pasaba nada. Ahí se quedó el carismático líder ganando elección tras elección. Pero Rajoy no puede pedir a los suyos que le voten para oponerse radicalmente al proyecto zapaterista de disolución de la Nación y dos días después pedirle que le voten como máximo representante de la cláusula Camps y la adaptación sumisa al nuevo régimen. No puede pedir al centro-derecha español que le vote con Acebes y Zaplana como sus principales peones y a los dos días pretender que los había tenido que tolerar por imposición de Aznar y que, ahora sí que sí, va a poner a sus verdaderos hombres. Esa mitad de españoles contraria a los designios progres, leal a la patria que han recibido de sus mayores e incondicional de la libertad, no va a seguir a Rajoy en sus cabriolas políticas y un serio señor de derechas registrador de la propiedad debería saberlo mejor que nadie.

Rajoy, que es un cadáver político andante que va en pelotas sin que nadie en su corte de avalistas aprovechados se lo haga notar, pretende llegar al congreso de Valencia y, a la búlgara -como Jiménez Losantos ha popularizado en estas semanas- presentarse como el gran renovador del Partido Popular. Alfonso Guerra, que hizo de las maldades dialécticas un arte, cosió al traje de aquel movimiento “renovador” del PSOE que dirigía González en la sombra, una definición que le iba como anillo al dedo y que quedó para la pequeña gran historia de las intrigas políticas: renovadores de la nada. Lamentablemente a Rajoy, como a los Arenas, a los Feijoo, a los Camps y a todos los demás que velan al moribundo con la esperanza de heredar su poltrona, la definición les queda igual de bien. Son los renovadores de la nada del PP.