martes, noviembre 30, 2004

Aznar y el Complejo de "los nuestros"

Este ex-presidente nuestro da mucho juego, hay que reconocerlo. Las derechas se ponen cachondas con él. Las izquierdas, cuando le ven, le escuchan o simplemente le intuyen, lo que se ponen es hidrofóbicos. Busquen en los medios de comunicación si se aburren, aunque yo les recomiendo que se hagan un puzzle o escuchen eurojunior con su hijo pequeño, un comentario sereno, equilibrado, sin acalorado odio o sin arrobado amor. Les sobrarán unos cuantos dedos de las manos para contarlos. Este país nuestro padece una maldición político-cultural que entristece mucho. Padecemos la maldición, el síndrome de "los nuestros". Siempre hay unos que son "los nuestros" y hasta en su versión más deprimente son mejores que "los otros". ¿La atávica llamada de la tribu?¿La herencia de un sangriento conflicto entre hermanos?¿La incultura política que se generaliza en occidente o el legado de los cuarenta años de democracia orgánica?¿Las consecuencias inevitables de la irresponsable partitocracia que usurpa el papel de la verdadera democracia liberal? Muchas hipótesis podrían explicar esta tendencia nuestra y seguramente todas serían insuficientes. Tal vez una compleja malla compuesta por bastantes de ellas nos acercaría un poco a la verdad, aunque, sin duda, nos deslizaríamos más hacia el terreno de la filosofía que hacia el de la polítca.
Ateniéndome a la útil y más que asentada idea de la política como el arte de lo posible, la participación del Sr. José María Aznar López, anterior primer ministro del Reino de España, y la tormenta opinativa desatada por ella, me sugiere una idea central, una idea-fuerza o, más bien, para no pecar de insinceridad, fortalece una de las más viejas ideas centrales de este opinante liberal: España está coja, muy coja, en términos políticos. Imagínese la siguiente escena: una boda, idiotizados por el alcohol (pero ¿no podría ser también efecto del exceso de ideología, de rencor, de viejas cuentas...?) se ha desatado una tremenda batalla entre invitados del novio y de la novia a tartazo limpio (hasta el momento "parece" divertido, pero ¿puede alguien garantizar que no se cambie tan inofensiva arma por otra menos divertida, que alguien, el más envalentonado, el que más méritos quiera hacer ante el suegro millonario, el tío influyente, o la pandilla, no vaya a coger, pongamos por caso, un tenedor o un cuchillo de la cubertería?); unos cuantos se esconden debajo de una mesa porque o bien son abstemios, o no son parte de alguno de los bandos o si lo son no gustan de esa forma bárbara de resolver las diferencias; naturalmente, la novia (ay, nuestra siempre soñada, siempre tan cerca y siempre tan lejos, nuestra siempre bienamada democracia) y el novio (ay, nuestro país, siempre a punto de romperse, siempre doliendo, siempre objeto de odios y amores ilimitados, extraño como ninguno, agradecido como pocos, con el vergonzante orgullo guardado en un bolsillo, dentro de una bolsa y dentro de una cajita), lloran desconsolados, encerrados en los servicios.
Pues ahí están, enzarzados a tartazos, nuestros progres y nuestros conservadores. Ello no quiere decir que ambos sean siempre igual de culpables. Afirmar eso sería una injusticia. No se puede equiparar aznarismo y felipismo sin faltar gravemente a la verdad. Por mucho que a uno le inquieten ciertos excesos de conservadurismo en la gestión gubernamental de los conservadores españoles, en general, resultaron menos liberticidas que la izquierda española y sus aliados nacionalistas -derechistas o pseudoizquierdistas-. Sin embargo, este ciudadano considera muy difícil que un liberal se sienta satisfecho con las inclinaciones conservadoras e intervencionistas -muy profundas en términos morales- de la derecha española.
La cojera política de este país es el resultado de una insostenible ficción intelectual: que entre el conservadurismo y el socialismo en sus diversos grados no hay nada. Esta ficción, en primer lugar, deja fuera de juego a una parte del país, en segundo, empobrece el debate público, en tercero, alimenta el monstruo mítico de las Dos Españas, en cuarto, obliga a muchos al alistamiento a pesar de todo ("los nuestros") y, por último, exacerba la triste impresión de tantos de que la elección política es una elección del mal menor.
Si la política es el arte de lo posible, lo que este ciudadano considera posible es que los liberales proclamemos públicamente, por reducido que sea el alcance de nuestras palabras, la cojera política española; que el conservadurismo no nos inspira odio, que la socialdemocracia no nos inspira odio; que el liberalismo no está representado políticamente en este país; que los liberales soñamos con el día en que los partidos políticos comprendan que están haciendo mal sus deberes y que están poniendo en riesgo el sistema, que pese a quien pese es un sistema liberal, y que están impidiendo su total desarrollo; que muchas de sus acciones son un ejemplo perfecto de pedagogía perversa, promoviendo en la sociedad valores perniciosos, provocando el desapego de la ciudadanía de su sistema político como si fuera algo divino que pudiera existir ajeno a los hombres, generando rencores que nos alejan del imprescindible consenso en tantos asuntos públicos, inspirando rencores que no hacen ningún bien a nuestra sociedad; que la demagogia es demasiado habitual en el debate público; y que estamos seguros de que muchos conciudadanos coinciden con muchas de las apreciaciones aquí vertidas.
Si la política es el arte de lo posible, este ciudadano llama desde aquí a todos los ciudadanos liberales (en el más amplio sentido de la expresión) a que, en la medida de sus posibilidades combatan los males políticos aquí referidos, promoviendo la confluencia entre nosotros y luchando contra esta guerra de tartazos entre bandos que no son los nuestros.

miércoles, noviembre 24, 2004

Greenpeace, representante del Planeta Tierra

Greenpeace ha tenido que salir por patas de la ciudad de Vigo, donde se asienta casi la mitad de la industria pesquera gallega, la cual, a su vez, es el 40% de la española. La secuencia de hechos es la siguiente. Una autodenominada "coalicción de más de 30 organizaciones ecologistas" puso en su punto de mira a la pesca de arrastre de profundidad. Greenpeace, la más dotada para la teatralidad y el histrionismo de estas organizaciones abordó, tras acosar, a varios barcos pesqueros que desempeñaban su labor de manera absolutamente legal y controlada. Lo hizo poniendo en riesgo los muy caros aparejos, las vidas de los marineros (treparon por las redes, lo cual no es ninguna tontería) y se pasaron por el forro de sus caprichos el más elemental derecho a la propiedad privada. El puerto de base de alguno de los barcos abordados es, como no podía ser de otra forma, Vigo. A bordo de su barco "Esperanza" la dirección de Greenpeace desembarcó en Vigo para exponer su campaña y para ofrecer diálogo a quienes acababa de asaltar sus propiedades o su medio de vida en alta mar. A pesar de solicitárserlo, ni los sindicatos, ni los partidos políticos, ni las asociaciones empresariales recibieron a los súbitamente enamorados del diálogo. Tal vez deberían primero haber intentado hablar y después asaltar, si realmente tenían intención de comportarse civilizadamente. La sospecha es que una vez más, de lo que demostraron estar enamorados fue de la teatralidad y el histrionismo. Expulsados por la unánime repulsa de la sociedad viguesa, inmediatamente alineada con sus marineros, Greenpeace volvió a sentirse en su salsa llorando lágrimas de cocodrilo pero encantada con su habitual papel de victimas de sus fantasmas favoritos, el capitalismo salvaje y la ignorancia social. Tuvieron que marcharse varios días antes de lo que tenían previsto tras todo tipo de manifestaciones y una hostilidad manifiesta en toda la villa gallega.
Sin embargo esta vez se notó alguna pequeña variación en la melodía. Había algo en las caras de los militantes de la organización ecologista que demostraba que no habían entendido del todo bien lo que acababa de pasarles. Naturalmente su influencia en los medios de comunicación y su savoir faire en términos de propaganda impidio que la cosa acabara en desastre, pero este ciudadano cree haber visto cierto desconcierto en aquellas caras. Su soledad en este caso fue estrepitosa. Ni siquiera sus amigos progresistas del Partido de los Ángeles, salieron en su defensa. Se habían pasado tres o cuatro pueblos.
Greenpeace es uno de los principales miembros del Partido de los Ángeles. Son depositarios de valores y de misiones que los mortales humanos no comprendemos porque están por encima de los humanos, de su necia necesidad de trabajar para vivir, de sus instituciones y de su perversa democracia liberal, siempre reacia a darles la razón. Jamás un partido ecologista ha sido mayoritario en elección alguna, pero eso no les importa gran cosa. Su causa está más allá de estas memeces de los mortales. Sabido es que el único animal que no conmueve los elevados corazones de este tipo de ecologistas es el homo sapiens, ese estúpido lobo de sí mismo. Ellos son los representantes del Planeta Tierra y se arrogan el derecho de hablar en su nombre. Esta es la razón de su incomprensión cuando tanto las gentes humildes como los poderosos empresarios les miran con desprecio. Son incapaces de comprender que ellos han sido los primeros en despreciar.

sábado, noviembre 20, 2004

Constitucion Europea: los plenipotenciarios se constituyen

Los plenipotenciarios europeos se han constituído en consumados oferentes de mamotretos indescifrables. Le dan al pueblo que desprecian un tocho que saben que no leerán, que no comprenderán o de cuya trascendencia serán incapaces de tomar conciencia. Lo hacen a sabiendas, perversamente, incumpliendo las más elementales funciones que tienen asignadas. Lo hacen con el agravante alevoso de no tener la más mínima intención de corregir el desconocimiento popular acerca de la Constitución Europea que pretenden colarnos. Si este cuadro pareciera poco deficitario en términos democráticos, añádase la siguiente pincelada: en muchos países europeos y señaladamente en el nuestro, los ciudadanos contrarios a la futura Constitución se encontrarán sin representación con posibilidadades reales de ofrecer resistencia en una batalla política que no se dará, habida cuenta de la disparidad de medios entre partidarios y detractores. Por otra parte, la situación no es la de unos poderes públicos que preguntan tras haber ofrecido toda la información disponible de manera imparcial. Como sabemos, los poderes públicos se sienten legitimados para dirigir la opinión colectiva por lo que utilizarán todos los medios a su alcance para que la sociedad no se manifieste en contra de sus deseos. Y lo harían, incluso, aunque tuvieran que retorcer su voluntad.
Ante la evidencia de que quieren colar su Constitución hurtándonos el debate sólo cabe preguntarse racionalmente por qué. Los partidos, haciendo gala de su habitual miopía, parecen convencidos de que este tipo de comportamiento no va a traer consecuencias sociopolíticas que no puedan manejar, al tiempo que les permitirá seguir encaramados en las grandes estructuras burocráticas europeas que están creando a su imagen y semejanza. Sin embargo, y a pesar de que por Europa corre una vital sangre liberal, este ciudadano está seriamente preocupado por el transcurrir de los acontecimientos. Los partidos ya han demostrado sobradamente que van a ignorar todas las señales de descrédito que reciben de la sociedad que les ha dado un papel fundamental en nuestro sistema. Han demostrado sobradamente que no necesitan del respeto de los ciudadanos. Les basta con que los toleren. Triste aspiración. Pero su actitud está teniendo consecuencias y no se puede mirar para otro lado. Han conseguido inocular en esa sangre vital y liberal que es la esencia de la democracia el virus de la indiferencia, el desapego por el sistema que nos ha servido para obtener un grado de libertad y prosperidad sin parangón en la historia de la Humanidad. Lo trágico es que el sistema de libertades que tan poco aman tantos ciudadanos pero que tanto echarían de menos si lo perdieran, no se puede sostener sin la participación de una ciudadanía consciente y vigilante. Europa sabe mucho de eso y no recordar las lecciones de la Historia puede conducir a la catástrofe. El monstruo burocrático que nos proponen y, sobre todo, las formas radicalmente antidemocráticas que emplean para ello van a incidir en el desapego creciente que la sociedad siente por un sistema político que tantos ven ya como algo ajeno y tantos otros como algo horrible que odian. Si siguen cavando la brecha ¿quién defenderá la aspiración democrática liberal, raíz y esencia de nuestra civilización?¿El Partido de la Indiferencia?¿El Partido del Autoodio y la Culpa pseudoprogresista?
Atención, los plenipotenciarios se han constituído, los ciudadanos no. Pobre Europa ¿sobrevivirás a la clase política autista que te parasita?