sábado, enero 22, 2005

La Iglesia en pecado (o lo de lo condones)

De nuevo la melancolía. Me disgusta la actitud de la Iglesia con el asunto de los preservativos. Me disgusta porque miente y tengo entendido que eso es pecado. No es verdad como he oído docenas de veces estos días que la preocupación de la Iglesia sea que los preservativos no son seguros al 100% para evitar el contagio de sida. Eso no es más que una excusa. Su preocupación es de índole moral y tiene que ver con su concepción de la relación sexual entre personas. Hay una gran insinceridad en el posicionamiento eclesiástico sobre esta cuestión. Yo soy cristiano, pero ateo, es decir, la autoridad de la Iglesia Católica sobre mi persona es nula por lo que su sinceridad o no a mí no me importa gran cosa. La apunto a beneficio de inventario; forma parte de la realidad que intento comprender. Me preocupa más la grave irresponsabilidad que demuestra y el hecho de que sea incapaz de realizar un análisis de la realidad complejo que establezca diferencias entre los mensajes dirigidos a sus fieles y los que eventualmente debería dirigir al resto de los ciudadanos del mundo. Quienes no nos sentimos concernidos por su producción dogmática no estamos exentos de las consecuencias que mensajes irresponsables pueden estar produciendo. Y lo que la Iglesia Romana defiende públicamente sobre los condones es sencillamente inhumano. No es verdad que sólo esté diciendo que el uso de preservativos no garantiza al 100% que no haya contagios de sida. Está también denegando la ayuda a quienes en el mundo desde las posturas ideológicas y morales más diversas están intentando popularizar el uso del condón en lugares donde el sida se ha convertido en una terrible plaga que se lleva por delante a generaciones enteras.
La Iglesia está cometiendo un error que no se le perdonará fácilmente. De hecho somos muchísimos los ciudadanos que no entendemos que la Iglesia no quiera echar una mano en este tema, incluida una gran parte de la ciudadanía que le es afecta o que no le tiene ninguna animadversión. Aunque los condones sólo pudieran evitar la mitad de los contagios serían una ayuda inestimable. Cualquiera puede entender esto. Aunque sólo hubieran salvado un par de docenas de vidas, aunque sólo le hubieran servido a una persona. La Iglesia, que tantos méritos acumula en otros ámbitos, en lo relativo al sexo está presa de ideas perversas que no conducen sino a callejones sin salida. La gente del mundo entero va a seguir respondiendo a sus impulsos sexuales se pongan como se pongan en el Vaticano y es una verdad tan de Pero Grullo que casi dan ganas de vomitar al escrbirla que si quienes se han contagiado de sida por vía sexual hubieran usado condones en sus relaciones hoy casi ninguno de ellos padecería la tremenda enfermedad. Dice la Iglesia y dicen sus voceros que un 5% sí se habría contagiado. Pues hace falta ser fanático para no entender el valor de salvar al 95% restante. Dice la Iglesia y dicen sus voceros que lo que no podemos hacer es enviar mensajes de los que se extraiga la conclusión de que el condón es 100% seguro. Que se sepa la Iglesia y sus voceros no recomiendan que la gente se abstenga de conducir porque el cinturón de seguridad no le va a salvar la vida en todos y cada uno de los accidentes posibles. Es tan absurdo que es evidente que no estamos ante un argumento sino ante una excusa. A la Iglesia lo que no le gusta es el sexo por el sexo, el sexo que no tiene por objeto la reproducción. A la Iglesia lo que no le gusta es el adulterio, la promiscuidad, las relaciones prematrimoniales, la homosexualidad. La Iglesia tiene graves problemas con el sexo, con sus propios ministros, con sus propios fieles, que en un porcentaje altísimo no siguen sus doctrinas al respecto, y lo tiene, muy palmariamente, con la sociedad, a la que una actitud de este tenor sólo puede causar un gran asombro o una viva repugnancia; naturalmente no a todo el mundo, pero la sociedad, en general, ha marcado distancias en este asunto, respecto a su doctrina. Pero la Iglesia no entiende por qué se le vacían sus templos ni por qué sus seminarios parecen mansiones fantasmas sin nadie que las habite. ¿Para cuándo el nuevo Concilio que vuelva a demostrar que el cristianismo lleva en sí la semilla de la libertad, contraria al fanatismo, contraria a las costumbres acartonadas e inamovibles, a la moral conservada en formol? No parece que pronto, tristemente. El Papa actual, según todo lo indica, se ha asegurado de que su sucesor sea tan conservador como él en la cuestión de la moral sexual y sólo una sorpresa monumental nos acercaría a un período en que la Iglesia se vuelva a acercar con ojos libres a las cosas de los hombres. Y pocas cosas son tan centrales en la vida de los hombres como el sexo, e, incluso, si se me permite y aún cuando no es el objeto de este artículo, pocas cosas de los hombres son tan religiosas como el sexo.
El mundo, en definitiva, está pidiendo ayuda a la Iglesia y ésta se la está denegando. Está cometiendo un mayúsculo error y una terrible inmoralidad. Podría utilizar su influencia para salvar vidas pero prefiere salvar almas. El resultado, como cualquiera puede observar es que no ocurre ni lo uno ni lo otro. Eso sí, nadie como la Iglesia para mostrar compasión por los enfermos cuya existencia misma podría tratar de evitar de una manera mucho más efectiva que la que emplea actualmente, porque sus mensajes, simplemente, no los escucha nadie. Pide abstinencia, si quieres, pero lo mismo podías pedir la Luna. Los hombres no nos vamos a abstener de mantener relaciones sexuales, de yacer, de conocernos carnalmente, de fornicar, de follar, de joder...Y vamos a seguir haciéndolo fuera y dentro del matrimonio, antes y después del matrimonio, con nuestras primeras, segundas, terceras y enésimas parejas, vamos a hacerlo con edades similares y con desigualdad, con nuestra raza y con otras, con nuestro sexo y con el otro, y es tan urgente, pero tan urgente, que la Iglesia abandone esa idea absurda de que vivimos en pecado y que, bueno, a quién puede extrañar que nos hubiera caído encima esta plaga bíblica del sida. Es verdad que la Iglesia seguirá ayudando a enfermos a quien nadie ayuda y que lo hará sin pedirle conversión y sin juzgarlo, sin preguntar de dónde viene ni qué ha hecho. Lo sé. Sé el valor que tiene el cristianismo y su innegable superioridad moral sobre buena parte de las demás religiones. Pero también sé que aunque se necesita esa Iglesia compasiva, se necesita más una Iglesia pragmática que sepa comprender a los humanos como seres que no acaban en el mundo redondo de sus dogmas. ¿O es que es capaz de negar lo que ha significado el uso del condón para los países desarrollados?¿O será, precisamente, que comprende demasiado bien?¿El condón como una llave que abre la puerta de la libertad sexual, ésa que durante tantos siglos la Iglesia ha querido cerrada a cal y canto? La generalización del uso del condón allí donde no se haya producido este fenómeno ¿salvaría vidas o no? ¿Jesús estaría a favor o en contra de que esas vidas fueran salvadas?

sábado, enero 15, 2005

Carta abierta a la derecha inquisitorial (la webinquisicion)

Siempre ha habido una derecha educada, abierta, respetuosa y democrática que ha defendido sus tesis sin que ello implicara la descalificación absoluta de sus opositores ideológicos. Desafortunadamente, no es el único tipo de derecha existente. De vez en cuando recibo en esta su casa digital comentarios de individuos que creen que discrepar de otros significa abroncarlos, invitarles sin mucha amabilidad a que se vayan a otros lares virtuales, descalificarlos, usar para ello las palabras más fuertes que se le vengan a la cabeza, y, en fin, inventar una nueva webinquisición. Muchos de estos individuos creen que tienen el monopolio de la oposición al izquierdismo. Si alguien se opone a las ideas socialistas desde postulados que no comparten, simplemente los asimilan a la izquierda y santas pascuas. He mantenido en mi blog y en otros preciosas discusiones con conservadores y con izquierdistas en que mis rivales dialécticos no me han convencido pero se han ganado mi respeto. Pero he mantenido otras en que la más profunda desazón y asco se ha apoderado de mí porque no puedo ver en ciertas posturas sino el germen del mas negro fascismo. No es lógico ni moral ni civilizado usar en democracia eso de estás conmigo o estoy contra tí. ¿Por qué?¿Por qué si no estoy a favor de la postura de la Iglesia en cuestiones como las uniones homosexuales o la eutanasia tiene ello que significar que me agrada ZP, la SER y Gallardón?¿En virtud de qué designio divino se ha decretado que sólo pueden existir dos bandos?
Sospecho que, igual que ocurre en la izquierda, hay cierta derecha que no es afecta a la democracia sino que como mucho la tolera. Creo sinceramente que esa derecha va a pasar un cierto tiempo en el desconcierto más absoluto porque no quiere comprender el proceso ideológico de una parte de la sociedad que va descubriendo poco a poco la monumental impostura del izquierdismo postmarxista. Es una parte de la sociedad que aprecia sinceramente las bondades de la democracia liberal, del capitalismo y que sitúa al individuo en el centro de la política, ya no la clase, ni el pueblo, ni la nación, ni siquiera la sociedad. Es gente que ya no cree las caricaturas del sistema en las que ha sido educada, gente que va haciendo un esfuerzo por corregir errores intelectuales, en sacudirse el yugo de la hipercorrección política, en desarrollar su pensamiento ideológico en libertad, bebiendo de los abrevaderos que cree más verdaderos por decisión propia y no por inercia o imposición educativa o social, gente, en definitiva, que se siente inequívocamente liberal. Ni que decir tiene que me encuentro entre esta parte de la sociedad. Sin embargo, una parte de la derecha, nos mira con una desconfianza paranoica que me resulta difícil de comprender. Tal vez han descubierto que han perdido el monopolio, lo que les obligararía a una mayor fineza en el análisis y, tal vez, o no desean esa fineza o no están preparados para ella. En mi opinión esa derecha es la imagen especular de los peores vicios de la izquierda. En el territorio político que queda fuera del izquierdismo hay una parte de la ciudadanía que no es conservadora. Es un hecho. En otros países existen partidos políticos que representan o quieren representar a estos ciudadanos. No seré yo quien niegue que existe una parte del conservadurismo que se acerca estratégicamente o por complejos (usando la expresión popularizada por FJL) a los postulados de un liberalismo de características no estrictamente conservadoras, más laico, menos tradicionalista, más radical en la idea de que el individuo debe ser completamente autónomo mientras no perjudique a otros. Sin embargo, se me concederá que se puede estar situado en este espacio ideológico por más razones que la eventualidad táctica o el complejo ante el pensamiento progresista imperante. Reclamo el debido respeto y no creo que sea mucho pedir. Del mismo modo que acepto que se puedan criticar y rebatir los postulados que yo defiendo, reclamo que se acepte que se puede discutir la pertinencia o la validez de los postulados defendidos por la Iglesia o por el PP, donde, por cierto, no todo es liberalismo, precisamente.
Y, sobre todo, reclamo que la discrepancia sea cortés y respetuosa. Usted puede considerar que mis opiniones acerca de la eutanasia son incorrectas o inmorales o lo que se quiera, pero no se puede por ello hacer una crítica cuyo tono debería estar reservado para el nazismo, el stalinismo o, como mínimo, para la demagogia insana del socialismo español. En anteriores artículos he hecho alguna referencia a la violencia con que, en ocasiones, se discrepa en el seno del liberalismo de este país. Comprendo que tendremos que soportar a nuestra cuota de maleducados pero en ningún caso deberíamos permitir que este antidemocrático proceder se convirtiera en la norma.

viernes, enero 14, 2005

Por narices: de Aznar a ZP, pasando por la Iglesia o la Banca

Ahora a la tropa ultraconservadora le ha dado por linchar a la señora Ramona Maneiro (la mano que sirvió el cianuro a Ramón Sampedro) . Algunos componentes de la tropa, incluso, muy violentamente, como el el señor Ussía. A mí los debates públicos en estos términos me desquician y me entristecen. El país está calentito, eso es evidente. Parece que nos hemos instalado en el diálogo de besugos más cabezones de la Historia. El Gobierno tiene, por narices, que llamarle matrimonio a la unión ante la ley de las parejas homosexuales. No puede buscarle otro nombre, no, tiene que tocarle las ya mentadas prominencias olfativas faciales a los jerifaltes católicos, que tampoco se quedan cortos a la hora de hacer un casus belli donde no sé si hay mucho motivo, la verdad. La Iglesia quiere que todos compartamos su opinión acerca de la eutanasia. También las narices son su mejor argumento, porque a los que no profesamos su religión la cierto es que nos da bastante igual las cosas de las que hablan. Que se la prohíban a su grey y nos dejen a los demás entender la vida y la muerte como queramos. Ibarretxe argumenta de manera similar para que traguemos con su Plan. Por narices, porque lo dice el Presi, Del Olmo, Iñaki y los macarenos, tenemos que aprobar la "Constitución" europea, no se van a molestar en explicársela a la gente, naturalmente, desperdicio de tiempo, esfuerzo y dinero. La gente ya tiene bastante con pagar los impuestos, no necesita saber más. Creo que a esto el Presidente Rodríguez le llama democracia deliberativa. El delibera y los súbditos le dan la razón, pobrecitos. Por narices -¿se acuerdan?- nos metieron en una guerra a la que no queríamos ir. Aquel presidente también era cosa fina en este aspecto concreto. Lo del 11-M -¿se acuerdan?- tenía que ser cosa de la ETA según el Gobierno anterior. Y la ETA no tiene nada que ver y hasta ya está todo claro en ese asunto, según el actual. El argumento en ambos casos: sus santas narices. Con un par de buenas narices llegó la señora Caffarell y se cargó las tertulias que le disgustaban en la radio pública, exactamente igual que por narices todos los tertulianos de la época anterior tenían que ser proclives al Partido Popular. Por las narices que luce sobre su bigote, Aznar decidió muy democráticamente (versión digital) que Rajoy sería su sucesor. Por otras narices apoyadas en bigote, el valenciano ha desaparecido misteriosamente del país y ya puestos, el mismo par, ha decidido que se rompa el archivo de Salamanca. Y ¿qué me dicen de las narices del Banco Popular que nos quiere cobrar por darnos nuestro dinero cuando se lo pedimos, ese mismo dinero que tiene un valor si nos lo deja él a nosotros y otro si se lo dejamos nosotros a él?
Podríamos seguir así, como el que cuenta ovejas, hasta dormirnos. Lo cierto es que la democracia liberal se nos está descosiendo por todas partes. Y siempre por la misma razón, sea cual sea el ámbito. Cuando los poderosos dejan de respetar a los individuos, comienzan a considerarlos súbditos y no ciudadanos. Y sólo puede haber democracia si cada individuo es un ciudadano y puede ejercer la ciudadanía sin restricciones injustificadas. El ciudadano tiene derecho a que no se le mienta, a que se le expliquen las decisiones que se toman o a que no se le trate como a un memo o como a un permanente niño pequeño...En fin, lo que todo el mundo sabe, incluídos los que no lo cumplen, vaya.

jueves, enero 13, 2005

La SER, Carnicero y un "pim, pam, pum" llamado De la Merced

Hay formas mil de manipular, de orientar sutilmente la opinión de las personas, de engañar su sentido crítico, de sorprender sus defensas intelectuales más o menos avisadas. La SER las conoce todas. Hay una que a este ciudadano le resulta entre repulsiva e hilarante. Paradójicamente también es muy triste que algo tan indisimulado pueda resultar efectivo, lo que parecería demostrar que no hay mejor engañado que el que se quiere dejar engañar. Estoy pensando en esa brillante tertulia política en que cada semana el señor Carlos Carnicero se merienda a doña Mercedes de la Merced con la colaboración de algún otro gran defensor de la Verdad (versión progre). La discusión en libertad dirigida por la muy neutral profesional Gemma Nierga produce la misma sensación que una droga dura: se pierde todo sentido de la realidad. Uno acaba preguntándose cuánto cobrará la señora De la Merced por ejercer de "pim, pam, pum" con tan alto grado de excelencia. Tampoco se debería desechar la tesis de que doña Mercedes tiene una oculta afición al masoquismo a la cual da rienda suelta con un substitutivo intelectual.
Sin embargo, en cuanto se rasca un poco, se abandona la epidermis del fenómeno y el factor humano se aparca para, de lo particular a lo general, extraer las debidas consecuencias políticas, no nos sorprendemos demasiado al comprobar que, en realidad, la tertulia radiofónica es la la vida política española lo que el guiñol al teatro. Carnicero es el muñequito que representa a una izquierda violenta, batalladora, dura, rencorosa, fanática, demagógica, falsa, auto e hiperlegitimada, falaz y muy hábil en el cuerpo a cuerpo, en las batallas donde se mezcla el sudor con el adversario, donde hay que morder, dar golpes bajos, sobrevivir y aniquilar al contrario. Mercedes de la Merced representa a esa derecha tontorrona, vergonzante, sin orgullo, desorientada ideológicamente, siempre buscando el perdón de los buenos, siempre preocupada por el qué dirán de los apóstoles de la corrección política, superficial, maquillada hasta el absurdo, débil, fácil de enredar, pijita, progre de diseño y torpe y miedica cuando los enemigos enseñan los dientes.
La SER, con tertulianos así, puede presumir de una pluralidad que le sale gratis, sin ningún riesgo para la línea política de la cadena: jamás Carlos Carnicero se verá en una dificultad argumental debida a la habilidad dialéctica de su (presunta) opositora ideológica. De la Merced nunca dice lo que debe, siempre se defiende, nunca ataca, no quiere aparecer como una conservadora ante sus rivales en la tertulia, ni ante los oyentes de la emisora, ni ante quien le paga, siempre se defiende pero pobremente, actúa como pidiendo disculpas por existir. Carnicero puede decir cualquier majadería que se le venga a la cabeza porque sus palabras brillarán con espectacular fulgor ante una audiencia que no escuchará cómo se le afea su conducta de matón, ni como se delatarán sus contradicciones, ni como se demostrará su querencia por la demagogia más vil y barata.
No. La SER podrá presumir ante sus oyentes de una pluralidad de pacotilla y éstos se quedarán con la impresión de que, simplemente, no hay argumentos que oponer a la gran Verdad del pensamiento de "progresista" porque nada de lo que diga doña Mercedes servirá a nadie inclinado a ese revoltijo ideológico postmarxista imperante entre los oyentes de la radio de Polanco para iniciar una reflexión, a nadie despertará una duda razonable, a nadie sugerirá otro camino intelectual es posible, nadie encontrará un incentivo para ir a la búsqueda de respuestas en otros lares que los oficiales en la República de la Ideología Verdadera. Es la honrada dialéctica entre el armado con tanques y el armado con piedras.
Escuchando este contraste de pareceres, por llamarlo de alguna manera, sólo hay una conclusión posible: intelectualmente hablando, la superioridad del pensamiento de "izquierdas" sobre los demás es una indiscutible evidencia. Se trata de dejar marcada en el alma de la ciudadanía con un metafórico hierro al rojo vivo la misma lógica que hizo presumir al alcalde de Barcelona, el socialista Joan Clos, de no traer al engendro del Forum más que a personajes de la izquierda porque la derecha, simplemente, no tiene intelectuales. Con un par. No sé por qué será que me acuerdo ahora de Stalin borrando de las fotos a personajes incómodos para él.
Hay una cierta izquierda que se va deslizando poco a poco hacia un terreno terrible donde su odio a la democracia se hace cada día más evidente. Aspira a una democracia domesticada donde puedan decidir quienes son sus opositores. Una democracia que fabrique gallardones y mercedes en serie, "pim, pam, pums" para los carniceros de su mundo ideal. Una democracia donde todo lo demás, nada por aquí, nada por allá, sencillamente, se borre de la foto para que deje de joder.

lunes, enero 10, 2005

Dos años de "El ciudadano liberal" (II): España, mi amor

Éste fue el artículo de más éxito en estos dos años de "El ciudadano liberal", tanto por el número de lecturas como por la profusión con que fue citado. Parece evidente que este éxito, muy por encima de la media del blog, pone de relevancia la preocupación éxistente por el futuro de la nación y la extraordinaria incidencia del "tema de España" en la actualidad cotidiana. "España, mi amor" fue, asimismo, ampliamente comentado, como puede comprobarse en la misma entrada de enero de 2005.

A mí sí me duele España, aunque reconozco que en esto el ser liberal no pinta nada. Me duele porque sí, porque la quiero, porque me ha dado forma como ser, como individuo, porque es un legado que he recibido del pasado, porque me ha dado dos idiomas, porque mis padres la sintieron como patria, y mis abuelos, y mis bisabuelos y mis tatarabuelos y así durante siglos y siglos, porque hay algo íntimo que comparto con millones de personas, porque estando en cualquier parte de su territorio me siento como en casa, porque es cálida y hermosa, porque es vital y ha sabido sobreponerse a la estupidez de muchos de sus dirigentes, porque ha sobrevivido a las peores adversidades, porque no es insultante con el otro, ni chauvinista, porque a pesar de su mala fama ha sabido conservar un orgullo íntimo que le ha permitido nacer en los tiempos más remotos y seguir joven y lozana tanto tiempo después, porque nadie ni nada ha podido robar su esencia o convertirla en esclava, porque un poco loca como está ha sabido sobreponerse también a sí misma, vencer a muchos de sus fantasmas interiores, de sus miedos, de sus inseguridades, porque ha sabido sortear hasta ahora una violenta corriente de autoodio, porque ha sufrido todo tipo de maldiciones históricas y ha permanecido en pie, heroica hasta cuando sus hijos tuvieron que partir para poder comer pan o libertad, porque ha vencido a la desesperanza, a la pobreza y a las largas noches de piedra de los dictadores de la cruz o de los revolucionarios de la hoz que siega seres humanos. La amo porque existe y forma parte de mí y yo formo parte de ella.
Nada de esto es política, nada de esto es racional, nada de esto, insisto, tiene que ver con el liberalismo. Lo sé.
También amo a este país y, por tanto, me duele, por razones menos sentimentales. A España le debo una cómoda existencia en libertad, un ordenamiento jurídico que garantiza -más o menos y con todas las imperfecciones que se quiera- derechos sin los que no podría vivir y una ya larga paz que no es el producto de la casualidad sino el resultado del aprendizaje de lecciones históricas muy dolorosas. Muy pero que muy dolorosas.
Cómo no me va a doler ver que se olvidan lecciones tan amargas. No puedo comprenderlo. No puedo comprender que haya españoles dispuestos a jugar con éso, dispuestos a hacer política con el corazón en vez de con la cabeza. Y no puedo soportar que se acuse a mi país de crímenes de los que es inocente. No puedo soportar y me duele el alma por ello que haya imbéciles, compatriotas, que gusten de avivar viejas hogueras que creía extintas. No puedo entender que los españoles nos volvamos a enfrascar en discusiones que parecían habitar únicamente los libros de historia sólo porque una recua de políticos pequeños, ridículos y mezquinos les inciten a ello. No puedo entender, de verdad que no puedo, que en sólo unos cuantos años nos hayamos olvidado de que habíamos pactado dejar de tocarnos las narices unos a otros y de lo bien que nos ha ido respetando este pacto. Las personas con honor cumplen lo que pactan. Las personas con honor no pactan con quienes incumplen lo pactado.
Amo este país que es el mío, que es mi casa y que se llama España y me duele terriblemente ver cómo los viejos tumores se vuelven a desarrollar y cómo volvemos a errar el tratamiento.
Me duele España, como ya dolió a otras generaciones. Volvemos a padecer la maldición de los partidos, una suerte de corrupción intelectual que amenaza con llevarse por delante lo que nos ha costado muchos siglos, mucha sangre, mucho sudor y muchas lágrimas construir.
Cada mañana, con las noticias, me pregunto por qué narices soportamos a esta "clase" política medio imbécil y totalmente egoísta que padecemos. Cada mañana me pregunto (y sé que sueño despierto) si se dará el milagro de que los españoles le "agradezcamos" los "servicios prestados" y la mandemos a su casa salvando lo poco salvable que haya.
Pero cada día, con desesperanza, me pregunto cómo es posible que estemos viviendo esta mierda otra vez.
Ya sé que esto casi no es un artículo político y que, aunque no es el caso, se podría romper una vieja nación en mil pedazos respetando los principios liberales. Pero hoy el liberalismo no me puede ayudar porque cuatro fanáticos tienen hambre de catástrofe y todos los demás, en vez de proponerles una pildorita de legalidad, nos ponemos a discutir con ellos. Son pocos y cobardes, sí, y aunque nosotros somos muchísimos más, somos todavía más cobardes.
Amo este país que tal vez muera o tal vez no y hoy quiero proclamarlo públicamente, lo que nunca he hecho hasta ahora, un poco por un prurito de cosmopolitismo, un poco porque he sido educado en la idea de que no hay nada más facha que mostrar orgullo por España. Eso sí, andar todo el día de paseo con ya saben ustedes qué banderas, eso no es facha, ni provinciano, es moderno y cosmopolita. Pues hasta aquí hemos llegado. Basta de tanta bobada. Los españoles podemos estar legítimamente orgullosos del camino recorrido durante el siglo XX. Caímos y supimos levantarnos. No tenemos que pedir perdón por ser lo que somos. Es más, los que nos sentimos españoles hemos cumplido lo que prometimos, lo que no han hecho quienes se regocijan en escupirnos su odio a la cara.
Amar el país propio no puede ser obligatorio, hasta ahí llego. Pero el respeto a la legalidad es lo mínimo exigible en una democracia liberal. La pregunta es ¿dejaremos a estos impresentables que tenemos por representantes que hagan de su capa un sayo, que se pasen las leyes por el forro de sus caprichos y que pongan nuestra patria en almoneda para que unos y otros sigan disponiendo de un rentable modo de vida, traicionando sin recato a quien les paga y les honra con una altísima misión?
A quienes sueñan con ver esa España rota, humillada y arrastrada por el fango les tendremos que soportar sus sueños, pero las leyes que las cumplan, como todo hijo de vecino.
Mientras tanto, pobre iluso, seguiré amando esta España mía, soñando con que algún día sus hijos no sintamos vergüenza de serlo, paso inevitable para que quienes padecen esa extraña enfermedad de odiar a quien te ha parido resulten irrelevantes políticamente.
Mientras tanto, este dolor.