jueves, junio 16, 2005

Los fachaprogres contra la manifestación por la familia

Por su interés, porque ilustra muy bien un determinado tipo de mentalidad "progresista", reproduzco aquí una entrada de una bitácora que no recomiendo a nadie y un mínimo "diálogo" en el que participé. Pasen y vean un ejemplo de aquello de "nosotros somos los demócratas y los demás son unos fachas. Punto redondo".

La opinión alternativa (así se llama el engendro)
Las canciones y los lemas de la manifestación del 18-J. Para aquellos que al leerlos se crean que la cosa va de coña, no, lo he obtenido de las recomendaciones oficiales para los manifestantes.
Tienen un toque entre trasñochado y casposo bastante inquietante.
Con la música de aquella canción de los 60 “no te quieres enterar ye, ye, ye ye, que te quiero de verdad”:
NO TE QUIERES ENTERAR, YE, YE, YE YÉ
QUE QUIERO PAPÁ Y MAMÁ YE…
Y QUE POR MUCHO, MUCHO QUE TE EMPEÑES,
NO PODRÁS CAMBIAR LA REALIDAD…
El matrimonio verdadero, no es un juego, Zapatero
Damos testimonio, el gay no es matrimonio.
No a la adulteración, de matrimonio y adopción.
No al desmadre, queremos madre y padre.
Lo natural es lo ideal
Si esto es matrimonio, yo me voy al manicomio
Las familias de verdad, queremos libertad
La familia de Verdad, un papá y una mamá
FAMILIA UNIDA ¡¡JAMAS SERÁ VENCIDA!!
ZAPATERO, TÚ SÓLO /DIALOGAS CON ZEROLO
QUÉ ALEGRÍA, SOMOS MAYORÍA!
¡PARA LEGISLAR, HAY QUE DIALOGAR!
NO A LA GUERRA… CONTRA LAS FAMILIAS.
Y LUEGO DIRÉIS QUE SOMOS CINCO O SEIS.



Comentario de este ciudadano en la bitácora en cuestión:
Cualquier cosa menos aceptar que hay quien piensa diferente y que hasta tienen derecho a hacerlo ¿eh?¿Y los argumentos?
Por cierto, antes de que alguien se confunda, no estoy completamente de acuerdo con lo que se defiende con esa manifestación. Sin embargo hago lo que debería ser normal: escuchar sus argumentaciones, contrastarlas con mis propias opiniones y, en definitiva, utilizar la dialéctica social para mi propio enriquecimiento intelectual.
Lo que no puedo comprender es que por toda argumentación se utilice la reducción al absurdo de presentar unos eslóganes de manifestación, que son lo que son y tienen el valor que tienen en cualquier manifestación, como si eso fuese el verdadero argumentario en el que dicha manifestación se basa. Eso no es lógico.
Detrás de ese movimiento, que insisto, no es el mío, hay argumentos más serios que son dignos de ser escuchados y de ser rebatidos con más seriedad. Claro que si se parte de la base de que simplemente todo esto es el delirio de frenopático de unos fachas homófobos.. pues, en fin… ¡viva la democracia y libre contraste de ideas!



Respuesta en los comentarios del autor del engendro (no invento nada, de verdad):
No creo que se necesiten excesivos argumentos, es una manifestación de organizaciones religiosas que intentan interferir con decisiones civiles usando razonamientos que atentan contra los derechos de las personas.
Por mucho que lo quieran camuflar están en contra de que los homosexuales tengan una situción legal equiparable a la suya. Envidia y xenofobia.
Y además son una banda de horteras que serán capaces de ir coreando por Madrid una versión mariana de la chica ye ye.
Escrito por Junjan : Junio 16, 2005 07:48 PM


Y mi comentario final (es que entro a cualquier trapo, qué le voy a hacer)
“No creo que se necesiten excesivos argumentos”. Claro. ¿para qué, verdad?
“Es una manifestación de organizaciones religiosas”. 1.- Falso. 2.- Ha recibido el apoyo de más de mil organizaciones, muy diversas entre ellas. 3.- Aunque fuesen religiosas ¿por qué eso habría de incapacitarlas para reivindicar lo que les venga en gana?
“…intentan interferir con decisiones civiles…” ¿Estas organizaciones no son civiles?¿Dónde es que se concede el carnet de excelencia civil? Forman parte de la sociedad y, por tanto, tienen todo el derecho del mundo a tratar de influir en las decisiones legisltivas del Gobierno como cualquier otro colectivo. Si atendemos al número, ni que decir tiene que su legitimidad está muy por encima de la que puedan esgrimir los muy minoritarios colectivos gays que están a favor de esta ley de matrimonio homosexual (una parte de este colectivo tampoco está de acuerdo).
“…usando argumentos que atentan contra los derechos de las personas…”
1.-Es difícil que un argumento atente contra los derechos de las personas.
2.-En modo alguno realizan estos colectivos sociales peticiones que signifiquen la pérdida de derechos para nadie.
3.- Lo que defienden es que el bien jurídico que conocemos como matrimonio sólo es aplicable a un tipo de relación determinado que se da entre un hombre y una mujer.
4.- Argumentan que se trata de un bien jurídico más complejo que la mera relación sexual entre individuos y que está íntimamente relacionado con la procreación y la institución familiar.
5.- Si su argumentario pretende la negación de derechos, convendremos en que el mundo entero excepto una parte de la sociedad española y sus representantes políticos pretende lo mismo. Me parece un poco inmodesto, la verdad, preteder ser prácticamente los únicos “buenos” del mundo, pero allá cada uno.
6.-Lejos de ello, quienes se van a manifestar el proximo sábado, no se oponen a que se reconozcan determinados derechos a las parejas homosexuales (herencia, fiscalidad, pensiones, etc,…). Lo único a lo que aspiran es que esto se haga sin que este tipo de uniones se equipare al matrimonio, con lo cual se puede estar o no de acuerdo, pero que tampoco se puede decir que sea una aspiración como para enviarlos al manicomio. Varias países han regulado estos derechos sin hacer esta equiparación entre dos tipos de relación que son objetivamente disímiles, se quiera ver o no.
7.- También se opone a que las parejas de homosexuales puedan adoptar, lo cual también se debe poder defender sin que los expendedores de certificados de “auténticos demócratas” califiquen inmediatamente de fachas al personal. Es evidente que en la adopción a quien hay que proteger es al niño. Es el niño el que tiene derecho a unos padres, no los padres quienes tienen derecho a un niño. Y si se tiene la mínima honestidad intelectual se debe reconocer que los profesionales de la psicología y la pedagogía no se ponen de acuerdo sobre la influencia en los niños del hecho de ser criados por una pareja homosexual.Y habiendo la posibilidad de que esta influencia pueda ser negatva no deberían hacerse experimentos con niños. Por otra parte, es evidente que en la sociedad en que vivimos todavía hay una dificultad objetiva para los homosexuales y no se entiende que habiendo listas interminables de parejas que quieren adoptar se entregue al niño sabiendo que va a tener dificultades de todo tipo ¿O es que no se sabe que hay muchas posibilidades de que se conviertan en objeto de mofa en el colegio, por poner un ejemplo?¿Por qué hay que ponerlos en riesgo de que eso ocurra? ¿Para satisfacer a fulanita y fulanita o fulanito y fulanito que no pueden tener hijos propios no por una patología sino porque la Naturaleza dice que nanay?
“Envidia y xenofobia”. Claro, como no se necesita argumentar mucho, mejor decir bobadas. ¿Envidia?¿De qué?¿Xenofobia?Consúltese el Diccionario.
“…son una banda de horteras…”. Cada uno se retrata con los “argumentos” que utiliza. Ser hortera o elegante no tiene nada que ver con tener o no tener razón.
Desde luego, si esta es la opinión alternativa… qué miedo. Sectarismo, prejuicios, antidialéctica y, sobre todo, muy poca querencia democrática: eso es lo que se puede apreciar en esta alternativa opinión. Es verdad, es una alternatva: una alternativa a la democracia, al libre contraste de ideas entre personas libres, una alternativa al esfuerzo dialéctico, una alternativa al matiz, una alternativa a la educación y al respeto. En definitiva, una alternativa totalitaria muy poco deseable.
Hágame cambiar de opinión. Le reto. Deme unos cuantos argumentos que vayan más allá de decir que son unos fachas y unos horteras. Demuestre que es tan demócrata y valedor de los derechos de las personas como pretende. Proponga y no denigre. Saludos.
Escrito por egolandia69 : Junio 16, 2005 09:04 PM



En fin. Esto es un ejemplo de lo que es la progresía popular que se ha ido produciendo tras 40 años de propraganda demagógica en nuestro país, los fachaprogres. Qué cruz, señor, qué cruz.

domingo, junio 12, 2005

Las equivocaciones del PP.

El gran partido español de centroderecha, el Partido Popular, quiere mantener a su gente movilizada, en tensión. Perdió las últimas elecciones por muy poco y con un apoyo popular como nunca ha tenido la oposición en el presente período democrático. Está bien, tiene toda la lógica del mundo. Aceptemos, como hipótesis de trabajo, que, además, la estrategia de disputar a la izquierda eso que todos denominamos "la calle" es acertada. Aceptemos en esa misma hipótesis que, dada la situación nacional, se hace necesario mantener una presión sobre el Gobierno que vaya más allá del trabajo en las instituciones democráticas.
Sentadas estas bases ¿está el PP escogiendo bien los temas? Este ciudadano tiene muy serias dudas.
El PP es el partido, en principio, que debe servir de vehículo de representación a una parte de la sociedad cuya tendencia ideológica no es homogénea y que, por lo menos, presenta dos polos doctrinales bien definidos: el conservadurismo y el liberalismo. En cada votante del PP estos dos ingredientes ideológicos se mezclan en diferentes porcentajes, dándole un matiz más liberal o más conservador según el caso. Habida cuenta de la peculiaridad del mapa político español, en el cual no existe un partido estrictamente liberal, el PP debe hacer equilibrios bastante complicados para satisfacer a votantes de una y otra tendencia.
Desde la pérdida del poder, el PP ha estado dando bandazos desconcertados tratando de encontrar el perfil que ha de definir su labor como partido único de la oposición (otra de las grandes peculiaridades del mapa político español).
Una de las líneas claras de esta labor de oposición viene adscrita a las circunstancias en que se produjo su salida del poder. En esto no habrá grandes diferencias entre quienes se sienten más conservadores y quienes se sienten más liberales.
Otra línea de clara coincidencia es la pulsión antisocialista, antiintervencionista y antiestatalista, compartida por estas dos almas del centroderecha.
Tampoco debe despertar especial fricción lo relacionado con la política antiterrorista del Gobierno, la cual genera estupefacción incluso en buena parte de los ciudadanos identificados con la ideología izquierdista en cualquiera de sus graduaciones.
Y más coincidencia aún se encontrará entre el electorado de centroderecha sobre lo que podríamos denominar "la cuestión nacional" donde resulta evidente que la labor gubernamental está poniendo en riesgo la misma existencia de la nación.
Sin embargo, hay algunos puntos de crítica al Gobierno elegidos por la actual dirección "popular" cuya idoneidad es muy discutible y que pueden causar una gran erosión en la fortaleza de esta oposición que como sabemos es la más fuerte que se ha visto en el actual período constitucional. Me estoy refiriendo en concreto a lo relacionado con aspectos de índole moral (la famosa defensa de "la familia") y a "los papeles de Salamanca".
Veamos.
Tras las manifestación de las víctimas del terrorismo, apoyada con justicia, pertinencia y entusiasmo por el PP, éste, acto seguido, se ha apuntado a la celebrada contra la "devolución" de los "papeles" de Salamanca reclamados por la Generalitat y a la que ha de celebrarse en breve "en defensa de la familia", o sea, contra la ley que permitirá el matrimonio entre homosexuales.
En mi opinión se trata de un claro error político puesto que ambas actuaciones están provocando ya la desmovilización en la parte de la sociedad más liberal, por mucho que, a cambio, se obtenga la fidelización de la más conservadora.
La cuestión del Archivo de Salamanca deja muy claro que el Gobierno español es rehén de los separatistas catalanes y ello debe ser denunciado pero no cayendo en la demagogia. Una cosa es que lo ideal sea la conservación de la unidad del Archivo y otra cosa muy diferente es que no siendo ideal que ciertos documentos se vayan a Barcelona esto suponga una catástrofe tan grande como para montarle una manifestación al Gobierno.
Las manifestaciones pierden efectividad si se hacen por cualquier cosa. No se puede poner uno hiperpatriótico por un asunto menor porque España tiene muy serios problemas respecto a su supervivencia como nación y lo peor que podría ocurrir es que el único partido en el que los españoles podemos confiar como defensor de la idea de España agarre el vicio de llamar al lobo y que cuando el lobo venga de verdad, lo que ya está ocurriendo y seguirá ocurriendo cada vez con mayor frecuencia e intensidad, nos pase lo que al niño del cuento y que ya nadie le crea.
La defensa de la unidad nacional es una cuestión en extremo delicada y debe ser administrada por el PP con suma precaución e inteligencia. Convertir esta noble causa en la imagen especular del victimismo vacuo de los nacionalismos periféricos sólo puede significar su debilitamiento al provocar el desapego de quienes siendo patriotas de todo corazón son sumamente refractarios a cualquier tipo de nacionalismo (es el caso, por ejemplo, del ciudadano que escribe estas líneas).
Para los más liberales y menos conservadores resulta no menos complicado seguir al PP en su confrontación con el Gobierno respecto a los matrimonios homosexuales. Creo que no me equivoco si afirmo que la inmensa mayoría de los liberales son totalmente conscientes del papel que el cristianismo ha desarrollado en la cristalización de la ideología que profesan y que por ello, independientemente de si son o no creyentes, guardan un gran respeto por esta religión.
En el caso concreto de España, y en relación con lo anterior, la inmensa mayoría de los liberales son conscientes de la tradición anticlerical de la izquierda y generalmente se oponen a ella considerándola una lacra para el país (entre otros méritos ostenta el estar en el origen de una guerra civil). En el caso concreto de la ley del matrimonio entre homosexuales, creo que, incluso, la mayoría de los liberales estarían de acuerdo en que el Gobierno no ha demostrado ninguna sensibilidad para con la religión católica y que se hubiera podido consensuar una ley sin llegar a este perjudicial estado de confrontación. Cualquier liberal, además, es un firme defensor del Estado de Derecho y sabe que la Constitución española -le guste o no- reserva un trato especial para la religión católica.
Pero siendo cierto todo esto, cuando más liberal y menos conservador sea un individuo más le preocupará la identificación casi exacta entre la postura sostenida en este asunto por la Iglesia y la sostenida por el Partido Popular. El PP, que volverá en algún momento a ostentar la responsabilidad de gobernar España, tiene que saber y tiene que dejar meridianamente claro que no se puede legislar en función de lo que una religión opine, por fundamental que ésta sea en la vida de un país, como efectivamente es la católica en el nuestro.
La postura del PP en este caso debería haber sido muy diferente de la que ha adoptado, puesto que también aspira a Gobernar un país donde una gran parte de su sociedad está radicalmente en contra de lo que pide la Iglesia católica. Debería haber criticado con toda contundencia al Gobierno por su actitud prepotente y hasta chulesca, por no haber, si quiera, intentado el diálogo y el consenso, y por haber legislado contra la opinión de una parte enorme de la sociedad.
Al mismo tiempo debería haber dejado nítidamente claro que el PP no es el brazo político de la Iglesia Católica española y haber presentado ante la sociedad su alternativa para dar satisfacción a una determinada reclamación social que, más allá de los excesos del “lobby gay”, existe y es legítima.
Tampoco debería apuntarse a ese discurso exagerado de que la Iglesia -como institución- está siendo perseguida porque nada hace un daño mayor a una causa que su defensa con falsos argumentos. La institución no está siendo perseguida, los católicos no están siendo perseguidos, pero la tradición cristiana sí que tiene a un partido hostil en el ejercicio del Gobierno. Eso es lo cierto y contra lo cierto es contra lo que hay que desarrollar una labor política, no contra los gigantes que son molinos.
Es la alternativa que ofrece a la sociedad lo que nos interesa, no un delirio de persecución que sólo entusiasmará a un porcentaje pequeño de los que, en un momento dado, podrían auparle de nuevo a la gobernación del Estado. La posición adoptada por el PP seguramente causará una gran satisfacción a los católicos más estrictamente practicantes o a los más conservadores pero a los más liberales los deja fuera de juego, con dudas respecto a la aconfesionalidad de esta organización política y a la influencia que en su dirección tiene la propia Iglesia católica.
[Una nota relacionada: en esta tensión -que bien sé es difícil de administrar- entre conservadurismo y liberalismo, los gallegos antisocialistas y antinacionalistas nos encontramos con unas elecciones autonómicas en las que el PP ha tomado una actitud absolutamente delirante, consecuencia de una dejación de funciones prolongada en el tiempo de manera injustificable e imperdonable. Resulta imposible de creer que sus dirigentes no sean capaces de comprender la situación en que han puesto a sus potenciales electores, especialmente a los menos conservadores. En otro artículo, y quiero reafirmarme aquí en ello, he calificado su actitud de antipatriótica, puesto que es evidente el mal que para España supondría que otra comunidad autónoma cayera en las garras del populismo nacionalsocialista.
Galicia necesita una modernización política urgente y el PP de Fraga, Baltar, Cacharro, Cuíña y demás no la pueden llevar a cabo porque representan justamente lo contrario. Es cuestión de vida o muerte que se acabe con la corrupción y el nepotismo más indisimulado que ha florecido bajo el manto protector de Fraga. Es imprescindible también una modernización ideológica que permita a Galicia realizarse y progresar como lo hicieron Madrid o Valencia, saliendo de esta patética condición de región "objetivo 1" de la UE, que ya parece nuestro estado natural. Y si no se lleva a cabo rápidamente la revolución ideológica necesaria en el centroderecha gallego, que tendría que ser en un sentido radicalmente liberal, los gallegos buscarán un cambio donde nunca han querido, muy a su pesar, en los abrevaderos del populismo, la demagogia, el victimismo y el ensimismamiento chauvinista. Y si ello ocurre la culpa, la responsabilidad histórica, será exclusivamente del PP. Y será una muy grave responsabilidad.]

viernes, junio 10, 2005

La educación en España. Una dramática paradoja.

Paradoja dramática: vemos muchas noticias en los medios acerca del catastrófico estado del sistema educativo español y, sin embargo, de la evidencia no se sigue un verdadero debate colectivo en busca de soluciones. Hay un consenso generalizado respecto a que nuestro aparato nacional de formación hace aguas por todas partes. La consecuencia lógica, lo que dicta el sentido común, es que los dos grandes partidos españoles con posibilidades reales de gobernar, y que representan a cuatro quintos del cuerpo electoral, uniesen sus esfuerzos y elaborasen un gran plan a largo plazo para salvaguardar uno de los pilares fundamentales sobre los que se asienta el futuro de cualquier nación. Este hecho ni se produce ni hay esperanzas de que vaya a producirse en un plazo cercano.
Se trata de una de las grandes tragedias nacionales pero como no provoca las grandes convulsiones electorales que sí generan otros asuntos patrios se le deja ahí, en las páginas de sucesos de los media, junto a las noticias de los atracos, los alijos de drogas, la desarticulación de redes de prostitución o las bandas juveniles.
Provoca algunos respingos en el personal, algún que otro resignado movimiento de cabeza en quienes son vagamente conscientes de la gravedad del problema, pero poco más.
Los más preocupados por la cuestión, los que sabemos que la ciudadanía tiene aquí uno de los motivos más fundados para muchas manifestaciones de esas de cientos de miles participantes, miramos a nuestro alrededor con la esperanza exhausta. Mucho escándalo cuando un par de adolescentes se cosen a navajazos en un instituto, mucho rasgarse las vestiduras un par de días y chao, eso es todo hasta la próxima ocasión.
Asistimos con pasividad suicida a un goteo impresionante de noticias que apuntan coincidentemente en la misma dirección pero el gran debate nacional y, sobre todo, la búsqueda de soluciones, siguen aplazados. Es una pasividad suicida real, no metafórica.
Vemos como nuestro futuro se cuela por el sumidero y o no hacemos nada o, peor aún, le meamos encima no se entiende bien con qué objetivo, a no ser que, como sociedad, hayamos renunciado a agarrarnos al instinto de supervivencia y nos hayamos entregado, definitivamente, al más devastador nihilismo social.
Es imposible ya llevar la cuenta de las noticias que nos dibujan este dramático cuadro: un día nos encontramos con el estado deplorable de la salud mental de los profesores, de su incapacidad para afrontar las circunstancias; otro día nos encontramos con un estudio internacional y resulta que los alumnos españoles tienen un nivel de conocimiento patético, muy lejos del nivel que tenemos como nación desarrollada del primer mundo; otro día nos encontramos con noticias de violencia entre alumnos, el famoso acoso a un adolescente que acaba suicidándose; otro día peleas o extorsión de bandas juveniles; otro día violencia física contra los profesores...
Al mismo tiempo, en cada segundo, en el hogar, en el trabajo, en el grupo de amistades, en la familia y, también, naturalmente, en cualquier espacio público, empezando por los medios de comunicación, tenemos un ejemplo de las graves deficiencias formativas que padecemos, mayores cuanto más jóvenes: desde la total incapacidad para escribir sin faltas de ortografía, hasta la inferioridad absoluta en materia de idiomas con los países de nuestro entorno; desde el proceso acelerado de degradación de las normas más elementales de urbanidad, hasta la más absoluta y generalizada ignorancia en lo tocante a la vida pública (ideologías, instituciones, historia reciente...).
No dejo de preguntarme cómo podemos actuar de este modo; no dejo de cuestionarme acerca de esta locura colectiva; y, sobre todo, no dejo de interrogarme sobre esta culposa y negligente dejación en nuestras responsabilidades históricas. Estamos condenando a nuestro país, [que es nuestro sólo en calidad de usufructo, porque mañana será de nuestros hijos, quienes, a su vez, habrán de dejárselo en las mejores condiciones posibles a sus herederos (esto significa para mí el concepto de patria)], como si se diera ya todo por perdido, con la actitud del condenado a muerte que ya está más allá de las cosas de esta tierra.
España puede presumir de ser una nación exitosa en muchos parámetros en el último medio siglo. El franquismo tuvo éxitos económicos y sociales al coste de la libertad. En democracia el país supo abrirse al mundo e instaurar un período de libertad y progreso prácticamente sin parangón en su historia. Sin embargo, España corre el peligro de creer en que esto se ha logrado como por generación espontánea, lo que nos acercaría al vértigo del espejismo histórico.
En estos cincuenta años de progreso constante hemos perdido también algunos haberes por el camino. El desprestigio intelectual del autoritarismo provocó un vendaval pendular que nos ha llevado a un corrimiento conceptual aparentemente leve, pero trascendental: el desprestigio del autoritarismo (identificado con el franquismo por el paradigma intelectual dominante desde los años sesenta, el izquierdismo en cualquiera de sus grados, particularmente imperial desde la victoria en círculos intelectuales del sesentayochismo) se extendió hasta la mera autoridad.
El hedonismo combinado con el nihilismo, herencia del hippysmo y la presunta revolución del flower power, ha ido minando la base de una pedagogía del esfuerzo que ha ido siendo substituida por otra basada en el juego, la pedagogía del aprendizaje lúdico.
Estas líneas, aquí expuestas muy someramente, han impuesto sus reglas en buena parte del mundo occidental, pero en España su daño ha sido más intenso que en cualquier otro lugar. Ello es debido, en mi opinión, a factores relacionados con nuestro carácter de país milagro, por un lado, lo que fomenta la falsa impresión de que todo nos irá bien siempre, sin que seamos capaces -como nación- de percatarnos de que estamos olvidando las razones por las que se ha dado ese milagro español y que son previas a las actuales circunstancias; y, por otro, debido a que el paradigma dominante en la intelectualidad española padece de forma muy intensa algunos complejos. Entre éstos destacan la escasa intensidad de la oposición al régimen franquista, cuyo líder murió en la cama, de pura ancianidad y con un sólido apoyo popular; y la inexistencia de una versión autóctona del hiperprestigiado "mayo francés", tanto como la ausencia de un amplio movimiento contracultural como los que triunfaban en Estados Unidos, Holanda, Reino Unido y otros países del primer mundo y que desde aquí se veían con arrobada admiración e indisimulada envidia.
El franquismo impidió que en España estos movimientos tuvieran una amplia repercusión, así que como una ola tardía, y cuando ya no significaban nada en casi ningún sitio, vivieron aquí su esplendor con formas muy cambiadas pero aún reconocibles. Toda la transición sirvió a este empeño de socavamiento de una pedagogía del esfuerzo con un papel determinante de la autoridad con capacidad sancionadora y disciplinar. Empezó ya antes de la democracia, se instauró como política de Estado con los gobiernos de UCD, llegó al paroxismo con los del PSOE felipista, y se mantuvo sin más durante la época de José M. Aznar al frente del poder ejecutivo. Ha sido una política nacional en sentido estricto y el intento de la Ley Castillo a muy última hora no puede ni siquiera matizar este veredicto. En ocho años de gobierno liberal-conservador no se hizo el menor intento de corregir una situación que era muy evidente para casi todo el mundo y mucho más para quienes observan la realidad desde una perspectiva de centroderecha.
Llegado este punto cabe preguntarse acerca del papel de la ideología y de la política de partidos en este gran desastre nacional que es nuestro sistema educativo. Y más allá de las declaraciones, más allá del discurso público de los partidos políticos españoles, y ahora que ya hemos tenido gobiernos de signo político muy diverso, lo cierto es que la acción del Estado en materia educativa parece haber apuntado en una sola dirección: se ha rebajado el nivel de exigencia; se ha incrementado la masa de estudiantes hasta el absurdo; se ha permitido la pérdida de autoridad disciplinar del profesorado; se ha rebajado el prestigio profesional de los profesores y los títulos que se expiden; se ha rebajado el nivel de formación de los profesores a ojos vista; se ha fomentado un sistema educativo en que lo público pierde grados de excelencia a velocidad de vértigo; se ha buscado la manera de que la educación privada no escape al control estatal, la concertación, que impide su auténtica independencia y le hace presa fácil para el contagio de los mismos problemas e insuficiencias que la educación pública.
A día de hoy no existe un verdadero debate público entre dos concepciones educativas, más allá de los matices. El partido que presuntamente defiende los ideales liberales ni se ha planteado propuestas elementales como el cheque escolar.
En el campo de la izquierda, como en tantos otros asuntos, la educación vive atrapada en una telaraña de indefinición, desconcierto ideológico, populismo y demagogia barata. Es especialmente preocupante el caso de la izquierda porque son muchísimos los profesionales de la educación situados en este ámbito ideológico que son plenamente conscientes de que tiene que ponerse fin a los experimentos tipo "LOGSE" y sin embargo no acaban de decidirse a entonar un "mea culpa" y dar un golpe de timón.
La derecha representada por el PP parecía haberse decidido a hacer algo en un sentido conservador con la Ley Castillo que no pudo desarrollar en la práctica. No es el ideal desde una óptica liberal pero era mejor que seguir haciendo como que no llueve porque no sólo llueve sino que nos está arrasando un huracán y hay que ser muy cazurro para ponerse el bañador y salir a ponerse moreno.
En otra ocasión escribiré acerca de lo que personalmente considero deseable en cuanto a la educación se refiere, pero no era ese el objeto de este artículo. Hoy, ahora, se trata de denunciar la pasividad de nuestra sociedad con esta cuestión abierta y sangrante. Es injustificable, es inmoral, que dadas las circunstancias en que el sistema educativo español se encuentra, lo que se le ocurriera hacer a este gobierno absurdo que nos ha caído en suerte, sea insistir en la línea de la "LOGSE", en una línea que ha fracasado y que todo el país sabe que ha fracasado y que cada momento que se pierde sin corregirla supone un incremento de su fracaso. Repugna al sentido común y tienen que ser legión los profesionales de la educación ideológicamente adscritos a la izquierda que no lo comprendan y no lo compartan. Su pasividad es una pasividad criminal: están asesinando nuestro futuro.
El PP debe convertir la educación en una de sus grandes batallas y debe trabajar en un proyecto serio y claro sobre la materia para cuando vuelva al gobierno. Debe provocar un gran debate nacional y debe convocar a todos a participar en la creación de este proyecto. Y debe intentar por todos los medios atraer a este gran debate nacional a todos los sectores de la izquierda que no comparten el espíritu de la "LOGSE" para que hagan sus aportaciones.
Y el PP debe, además, y ahora que no está preso de las necesidades siempre difíciles provocadas por la labor gubernamental con más fundamento, hacer una gran labor de concienciación y hacer lo posible porque la sociedad española comprenda lo que nos jugamos con esto, lo dramático de la situación, y lo desesperadamente urgente que es para España el detener el deterioro de su sistema educativo. No es una obligación de partido, es una obligación patriótica. No hacer nada -que parece la decisión de este Gobierno alucinante y alucinado- no es una opción.
La paradoja dramática es que casi todos lo sabemos.

España, qué extraña sensación...

He estado un tiempo enfermo. La enfermedad provocó en mí esa especie de pasividad de espectador que muchos conocerán. De ahí a la alucinación hubo solamente un pequeño pasito. ¿Es real todo esto?, me he preguntado cada mañana. Mis problemas personales se fundían con los colectivos. Incapaz casi para concentrame en la lectura, el dolor me dejó a merced de la radio y la televisión. Las muchas horas de sofá y albornoz me permitieron una observación del mundo diferente de la habitual. Diferentes niveles de realidad a mi disposición, como en el mundo virtual, ventanas de microsoft, por así decir.
De una emisora a otra y de una tele a otra, y también la ventana a la calle física, la de los repartidores de esto y aquello, la de la cafetería de la esquina, la de las conversaciones en la puerta de la pequeña tienda de "ultramarinos" situada en el bajo de mi edificio: piezas que por separado dicen cosas diferentes en el momento en que se las une. ¿Es real todo esto? No me ido al otro lado de la galaxia, no he hecho un largo viaje temporal, estoy en mi casa de siempre, no me he movido ¿por qué, entonces, esta sensación un poco absurda?
He visto la vida transcurriendo a mis pies: nadie reclama que Europa avance hacia ningún lugar en concreto, a nadie importa lo más mínimo que Francia se haya puesto en plan nacionalista y que Holanda le haga pedorretas a los planes euromasones de Monsieur Giscard, don Valerio. Sin embargo, los medios viven apasionadamente la cuestión. Qué raro.
Los políticos parecen boxeadores sonados ¿por qué nos hacéis esto a nosostros, que sólo queremos vuestro bien?, parecen decir, desconsolados, al pueblo que no sabe lo que hace. Los nacionalistas del norte italiano, los nacionalistas son iguales en todas partes, han visto en el euro la oportunidad para ponerse estupendos y saltan con que viva la lira. Y la gente, erre que erre, ni caso. El gran fracaso europeo parece que no se vive como un gran fracaso por los europeos, qué raro. ¿Querrán los europeos una Europa diferente de la que sueñan sus oscuros representantes en las caras moquetas de Bruselas y Estrasburgo? Todo el mundo sabe que sí.
Los plurales españoles andamos más interesados por nuestras cosas, como se demostró cuando nos preguntaron por el engendro constitucional, el cual aprobamos con un entusiasmo más bien delgado y un poco por no dar problemas y seguir estirando algo ese maná de la UE que hemos disfrutado en los últimos años y que ya se está acabando. Nuestra capacidad de apasionamiento político, que es mucha, apunta a otros asuntos: la cuestión nacional, ETA, el 11-M. Aquí la calle se parece más a los medios. Hay chicha, se debate, en la familia, en el trabajo. Pero los medios... parecen hablar de países diferentes.
Escuchar la SER, por ejemplo, se ha convertido en la versión moderna de irse a un convento. España vive un gran momento, por fin tenemos democracia, se ha acabado la crispación, la economía va viento en popa y a toda vela, se están resolviendo los problemas provocados por siglos de gobiernos de derechas, se va a acabar con ETA y hasta van a heredar la Corona las mujeres. Según la SER no hay ninguna crispación social, nada que vaya más allá de cuatro dirigentes ultras del PP, los casposos obispos y sus terroristas mediáticos, lo cual no es ningún problema porque los buenos ciudadanos españoles de derechas están muy distanciados de sus dirigentes ultras, las iglesias y los seminarios están vacíos y Federico y César sólo son un detalle pintoresco del cuadro a quien nadie hace mucho caso. Además, es sabido, el PP es uno y todos los demás son... todos los demás. Qué raro.
Sin embargo, yo diría que sí pasan cosas, muchas.
El país de las maravillas ZP resulta una invención evidente y hay que estar muy fanatizado para creérsela. En algo de tanta trascendencia como la concepción que un país tiene sobre sí mismo, España se ha partido en dos. Existe una preocupación generalizada en el centro derecha nacional y en buena parte de la izquierda acerca de la posición de poder alcanzada por los partidos nacionalistas que aspiran a la desmembración de la nación, ya sin disimulo, lo que sienta una gran diferencia respecto a su actitud de otros tiempos. Y eso no es como la Constitución giscardiana, no. Eso duele de verdad, eso se vive con gran angustia, sobre eso no hay indiferencia. Las ventanitas de la realidad, la cafetería, la panadería, el colmado, el garaje lavacoches, transpiran una preocupación sincera, intensa, vital.
España está en cuestión, diga lo que diga la SER; los independendistas gobiernan el presupuesto de la nación a la que quieren echar el cierre, por mucho eufemismo que el oficialismo progresista utilice para aguar el vino con que se quiere emborrachar y anestesiar sentimientos que hunden sus raíces muchos siglos atrás; es cierto que no estamos en una guerra balcánica pero se me hace difícil creer que España se pueda ver amputada de partes tan fundamentales como Cataluña y Vascongadas de una manera indolora e incruenta. Así que no me digan que no pasa nada.
Por la ventanita he visto también estos días que la pérfida COPE y el manipulador "El Mundo" ha convencido a medio país de que ZP anda en oculto cortejo con ETA. La izquierda suele considerarse la verdadera representante del pueblo pero tiene una opinión de sus conciudadanos muy mejorable: siempre han creído -contra toda evidencia- que se puede convencer a cualquiera de cualquier cosa.
No se puede convencer a medio país de que este Gobierno nuestro anda en oscuras coyundas con ETA y Batasuna si no hay nada de nada.
El presidente, que además de sus posiciones ideológicas, tiene una personalidad muy obvia para quien quiera verla donde hay un componente muy significativo de infantilismo, nos ha mostrado a todos, sin acordarse de disimular, que sería el tipo más feliz del mundo si ETA dejara de matar y que cree poder conseguirlo.
El drama, más allá de los muchos aspectos de la cuestión comentados en todas partes, es que hay una convicción terrible en esa creencia suya: ETA está equivocada en su actuar pero algo de razón tiene en el fondo. Así se deduce -fácilmente por otra parte- del lenguaje empleado por nuestro primer ministro: conflicto político, paz, final dialogado, oportunidad para...Es este PSOE un partido convencido de que la tensión territorial de España ha sido generada por... España, especialmente, pero no sólo, sino -sobre todo- por la derecha española que ha gobernado desde siempre. Es este PSOE un partido convencido de las políticas de apaciguamiento: las concesiones al nacionalismo darán como fruto su "encaje" definitivo en el marco constitucional. Es este PSOE un partido convencido de la existencia de derechos nacionales de partes de España con mayor legitimidad que los derechos nacionales de España sobre sí misma porque, uno, España como nación es una idea discutible y por determinar y, dos, su territorio ha sido alcanzado por la fuerza y la imposición sobre otras nacionaes preexistentes. Es este PSOE un partido que, además y muy intensamente, desprecia la misma idea de España, apuntándose a un internacionalismo, cosmopolitismo de pacotilla, cuando afecta a lo español y a un nacionalismo muy militante cuando se trata de las pulsiones antiespañolas. Este complejo evidente ha sido percibido por fin por ETA y está dispuesto a explotarlo. Hambre y ganas de devorar, que no me digan que no está pasando nada porque sí está pasando.
9 semanas de enfermedad, dan para mucho y, claro, en esta España nuestra sería raro que uno no se levantase de la cama tras un período así y no se viera inmerso en pleno proceso electoral. Para más inri esta vez se trata de mi "nacionalidad histórica". De esto hablaré en un próximo artículo. Pero diré alguna cosa.
Si el PSOE consigue otra comunidad autónoma y en ella tiene una influencia el nacionalismo como la que se puede observar en Cataluña -o incluso mayor- todo lo comentado en estos párrafos se vería incrementado o por lo menos consolidado. Por primera vez las elecciones gallegas tienen una dimensión nacional. Qué raro.
Ojalá los gallegos no seamos tan negligentes de darle otro monstruo de pesadilla a nuestra vieja patria. La tragedia es que la alternativa no puede ilusionar a nadie. La verdad es que empiezo a estar más que harto de tener que votar con las narices tapadas. El PP se ha pasado mucho de la raya no habiendo hecho la sucesión de Fraga, lo que en las circunstancias actuales puede significar una auténtica tragedia para el país. Su responsabilidad es enorme: ha sido un comportamiento totalmente antipatriótico. ¿Qué raro? Tal vez no tanto, el gran partido del centro derecha español deja muchísimo que desear en muchísimas cosas.
En fin, que no hay como una convalecencia para reafirmarse en esa extraña sensación de irealidad que produce el mero hecho de haber nacido en este extraño país llamado España.