sábado, febrero 24, 2007

Los complejos del PP gallego, capital político de los nacionalistas (cambio no al estatuto por 50% de clases en gallego)

Pregunta un lector a cuento de que el PSOE apoye lo del 50% de clases en gallego como mínimo:
¿Qué gana el PSOE con todo esto..? ¿Le están haciendo la cobertura a sus "compañeros" catalanes, o es que a álguien se la pone dura que España se vaya fragmentando lingüísticamente, para que también sea imposible la unidad política?
Pero aún más pertinente, creo yo, es preguntarse qué narices hace el PP actuando en la misma dirección.
Como dije en otro comentario anterior sobre el mismo tema, al menos el PSOE tiene la disculpa de que su origen es internacionalista y algo de esta tradición ideológica tiene que quedarle. Y, por otra parte, tiene una aún más acreditada tradición antiespañola que identifica a España y todos los males imaginables. Recuérdese que incluso le hizo una revolución a esa República española que tanto añoran en compañía de la Esquerra Republicana de Catalunya, una formación abiertamente separatista. No debe, por tanto, sorprender demasiado cualquier actitud antiespañola por vocación, necesidad coyuntural o pura estulticia en el PSOE.
Pero, ¿y el PP? ¿Qué excusa puede ofrecer? Lo del PP, desde luego, es bastante raro. Pero no, en absoluto, inexplicable.
Por supuesto, el electoralismo, el cálculo de votos, no es razón ni suficiente ni necesaria. El PP gallego acaba de parar la elaboración de un nuevo estatuto en Galicia en el que los nacionalistas con la colaboración de ese PSOE lobotomizado y con "Síndrome de Estocolmo" (no estarían jamás en la Xunta sin los nacionalistas) querían introducir el dichoso concepto de "nación". Con toda seguridad por órden de Génova, claro está. A Feijoo y los suyos, les temblaba hasta la camisa. Pero ¿ha pasado algo?¿Hay hordas de afrentados gallegos furiosos haciendo arder las calles de Santiago, de Coruña, de Vigo, de Orense? ¿Está el pueblo orprimido en las barricadas reclamando su libertad en lucha contra el Imperio Español? Pues claro que no, porque a los gallegos normales y corrientes el estatuto y la nación gallega nos importan un comino. Más bien nos tiene hasta el gorro la presión de los provincianos del Bloque que repican pueblerinamente los afanes diarios de los nacionalistas vascos y catalanes. Y, en todo caso, si una nación preocupa a los gallegos es la suya, no la de los nacionalistas, o sea, la española.
Socialistas y nacionalsocialistas van a repetir hasta la saciedad que el PP pagará electoralmente el haber impedido que se pusiera en marcha un estatuto nacionalista, lo cual ya ha interiorizado el PP gallego horrorizado por parecer unos carcas españolistas, ante la estupefacción de su base social y sus votantes. El famoso concepto de "maricomplejines", acuñado por FJL y que tanto se ha popularizado, es de una pertinencia dramática en este caso. No cabe ninguna duda de que sin órdenes del PP nacional, el PP gallego habría tragado con el estatuto del Bloque. Pero Mariano Rajoy no se puede permitir otra chapuza política como la de Piqué poniéndose de perfil ante el Estatut o la de Arenas votando sí a la realidad nacional andaluza.
Así que Nuñez Feijoo, de repente galeguista, y fascinado admirador de Gallardón, se tuvo que tragar los compromisos a los que había llegado con PSOE y BNG por orden de la autoridad competente. Resulta obvio que esto del 50% de clases en gallego es la concesión con la que quieren hacerse perdonar el no eventual al estatuto. Como si les fueran a perdonar. Como si fueran a dejar de considerarles unos fachas casposos y españolistas.
Pero ¿por qué necesitan hacerse perdonar? Porque no hay nada que teman más que las etiquetas que reparte con profusión la izquierda y el nacionalismo, en Galicia como en España. Siguen creyendo con fe supersticiosa que los carnets de buenos demócratas y de perfectos gallegos los reparten sus rivales políticos, con el agravante de que se ponen terriblemente colorados cuando alguien les recuerda lo calladitos que estaban cuando un viejo ministro de Franco les decía chitón. Un viejo ministro que ya en sí mismo era el colmo de facha vergonzante deseoso de hacerse perdonar su pasado franquista.
A los gallegos no nos van ni nos vienen los problemas de diván del PP gallego, salvo por el dramático hecho de que sus problemas de diván son un magnífico capital político para socialistas y nacionalsocialistas, quienes son perfectamente capaces de montarla muy gorda con un presupuesto como el de la Xunta en sus manos.
No sé yo muy bien qué conclusión habría que extraer de todo esto. Más bien se me disparan las preguntas ¿Son los complejos del PP incurables?¿Estamos abocados a que en el momento más inesperado PP y PSOE nos traicionen y conviertan por ley y contra la voluntad de los gallegos a Galicia en una nación?¿Tenemos algún partido que represente seriamente y sin vergüenza la realidad nacional de Galicia, es decir, la realidad nacional española?¿Seguirán rodando pendiente abajo los derechos lingüísticos de los gallegos sin que ninguno de los partidos no nacionalistas se tomen en serio el peligro que se cierne sobre los ciudadanos a la vuelta de la esquina?¿Seguirá la muy minoritaria minoría nacionalista imponiendo sus deseos a la muy mayoritaria mayoría no nacionalista por pura dejación de funciones y dejadez moral de los partidos presuntamente nacionales?

Sobre soberanismo, lenguas, educación, ciudadanía y partidos en Galicia (totalitarismo nacionalista, vergonzante españolidad)

Un lector de El ciudadano liberal se muestra compungido por la situación del gallego en el sistema educativo de la comunidad autónoma. Se declara soberanista y como cualquier soberanista, en cuanto se lanza, empieza a dejar perlas una detrás de otra, de esas que uno no sabe si reír o llorar, o más bien, si tomárselas a coña o ponerse a termblar directamente. Afortunadamente en Galicia soberanistas hay cuatro, sin embargo (ver mi anterior artículo sobre el tema), tontos dispuestos a seguirles el juego hay la pera de ellos.
Este lector, por ejemplo, no entiende por qué ha de sorprenderse mi hija de cinco años cuando llegue al cole el año que viene y le den la mitad de las asignaturas en una lengua que no es su lengua materna. Al fin y al cabo lo normal es que en Galicia se hable en gallego. Este argumento es de los más divertidos entre los empleados por este tipo de gente: España-español, Inglaterra-inglés, Galicia-gallego y Colombia-colombiano. Pues no, amigo lector, en Galicia no es así. Mi hija es gallega y su lengua, como la de la mayoría de la gente en Galicia es el español. También lo fue la mía, y la de mis padres y la de mis abuelos y la de la mayoría de mis bisabuelos, que es hasta donde tengo conocimiento.
Estos soberanistas no tienen ningún interés en la realidad, prefieren, es sabido, el pensamiento mítico. Argumenta que el español es Galicia lo que el rumano a España, a pesar de que le basta con asomarse a la ventana para constatar que ello no es así.
A pesar de no mostrar ningún respeto por los castellanohablantes pregunta melancólico acerca de qué tendrán que hacer los pobres gallegohablantes y con dramatismo propio de nacionalistas remata con un "¿tendremos que suicidarnos?". Lo cierto es que este pensamiento se separa igualmente de la realidad. El gallego es un idioma muy usado y la mayoría, la inmensa mayoría, de los gallegos somos bilingües, tenemos capacidad para emplear ambas lenguas y, desde luego, para entenderlas. El gallego no es una lengua en modo alguno reprimida o perseguida, sin embargo, tiene menos prestigio social entre los ciudadanos que el español. Los gallegos solemos ser gente práctica y es muy habitual que padres gallegohablantes eduquen a sus hijos en español porque saben que así le están dando mayores oportunidades en el futuro. Los gallegos no hemos hecho nunca a lo largo de la historia un problema con la lengua y desde luego no la hemos identificado jamás con la nación.
En los comentarios de mi anterior artículo le planteé a este, por otra parte, amable lector, algunas cuestiones que no fueron respondidas. La razón es sencilla, si se pone a un soberanista con sus argumentos delante de un espejo se queda mudo. Porque lo cierto es que consideran que el gallego tiene preminencia sobre el español y que la idea de una Galicia monolingüe en gallego se impone por sí sola y no es necesario argumentarla. Es el suyo un pensamiento es melancólico incapaz de enfrentarse a una realidad que le desmiente.
Por ejemplo ¿qué responde si se le cuestiona acerca de por qué no iban a poder elegir los padres la lengua de escolarización de sus hijos? Pues que en ningún lugar del mundo los padres pueden hacer tal cosa. Conclusión: si los partidos deciden que no hay razón para imponer un mínimo de clases en español pero sí un mínimo de clases en gallego como acaban de hacer PP, PSOE y BNG en Galicia, el 50% nada menos, y sin poner límite por arriba, es decir, que no hay razón para que no lleguen al 100% las clases en gallego, los padres que queremos que nuestros hijos sean escolarizados en español nos tenemos que aguantar. ¿Razón? Por que sí, porque la lengua de Galicia es el gallego.
¿Me está diciendo mi amigo soberanista, que como en Suiza o en Bélgica no se puede elegir la lengua de escolarización, aquí, en Galicia, tampoco deberíamos tener esa capacidad de eleccción? Pues sí, siempre y cuando, naturalmente, la normativa imponga a padres y niños el gallego y no el español. En este segundo caso, habría una reivindicación justísima para el nacionalismo.
Supongamos que aceptamos que la gente no tiene por qué tener derecho a elegir la lengua en que se escolarizan los hijos ¿de qué se quejan, entonces, los soberanistas cuando manifiestan su descontento con la situación del gallego en el sistema educativo?
Y aceptando esa suposición ¿qué lengua deberíamos escoger en Galicia?¿No creen, tal vez, los soberanistas que el referendum sería la mejor manera de elegir la lengua única que se debería adoptar para el sistema educativo? Y si aceptamos ese referendum ¿qué lengua creen los soberanistas que elegirían los gallegos?
La verdad es que la aspiración de un sistema educativo que conduzca a un supuesto restablecimiento de la normalidad monolingüística en Galicia no se sostiene de ninguna manera desde un punto de vista democrático y sólo se puede pretender desde la defensa de una radical cirugía sobre la sociedad que pase por encima de los derechos individuales de las personas.
Mi lector soberanista no desea recorridos educativos diferentes en gallego y en castellano porque eso supondría una grave discriminación del sector minoritario, que sería, sin duda, como él sabe perfectamente, el que optaría por el gallego: así que, como se puede suponer, los soberanistas sueñan con que la inmensa mayoría renuncie a sus derechos lingüísticos para que la minoría no padezca ese "cruel apartheid". Contra todo pronóstico, contra toda lógica, contra todo respeto por la ciudadanía y por sus votantes, eso es lo que ya han empezado a hacer los partidos no nacionalistas gallegos.
También tiene coña que los soberanistas se lamenten de que la gente le da poco valor a la lengua gallega y que lo justifiquen en una supuesta resignación, porque en realidad, según ellos, querrían darle muchísimo valor (debe ser en su fuero interno, allá muy en su interior). Los nacionalistas ni conocen ni quieren conocer a su pueblo porque lo analizan desde parámetros ajenos; le ponen encima una plantilla que no le encaja. Los gallegos no hemos identificado nunca al idioma gallego con esa dichosa y muy hipotética nación gallega, no lo hemos mezclado nunca con asuntos políticos y desde luego no lo hemos empleado jamás como excusa soberanista. Los únicos que han hecho tal cosa son los nacionalistas, una parte absolutamente minoritaria de la sociedad.
Quizá por ello, el gallego ha atravesado la historia sin ser normativizado, sin ser empleado durante cinco siglos como lengua oficial y sin ser una lengua prestigiada por el uso artístico, tecnológico o político y aún así ha llegado, como a través de un túnel, en bastante buen estado. En muy buen estado, diría yo, tratándose de una lengua tan minoritaria y eminentemente rural como es. En realidad no le están haciendo ningún bien los que pretenden esa identificación política entre lengua y nación, pero dudo que lleguen a comprenderlo nunca.
Ni siquiera en el momento de tardío romanticismo en el que se produjo el resurgimiento literario del catalán o del gallego, los gallegos se sintieron atraído por el nacionalismo, salvo en ese pequeño número de gentes predispuestas al pensamiento mítico-político que siempre hay en toda sociedad.
Para desgracia de los nacionalistas que se apoyan en la lengua para sus tesis políticas, Galicia es una sociedad acreditadamente bilingüe que nunca jamás ha tenido un conflicto lingüístico. No digo yo que éste no se pueda promover artificialmente y sé que habrá quien abone el terreno, a ver que cae; pero si no se impone la estulticia en los representantes de los gallegos no nacionalistas, que son todos menos unos poquitos, no tiene por qué llegar a producirse. La noticia de estos días no es esperanzadora en este sentido, pero Galicia no va a dejar de ser lo que es de repente, por mucho que sus representantes políticos se vuelvan idiotas. En general, el gallego es un tipo bastante descreído del poder, acostumbrado a la lucha individual, y que ha tenido que ir por medio buscándose la vida sin que nadie viniera a sacarle las castañas del fuego. Esta saludable lejanía de los políticos no la van a vencer los nuevos caciquillos autonómicos intentando que los gallegos nos mimeticemos con los catalanes para que ellos puedan manejar a su antojo más millones extraídos de las ubres españolas con la excusa identitaria. Aún así, claro está, el juego es peligroso, las personas son personas y aunque sean tan congénitamente individualistas como los gallegos, el riesgo de un delirio colectivo nunca es cero. Recuérdese dónde acabó un pueblo tan práctico como el alemán cuando se le inoculó el virus del racismo nacionalista, valga la redundancia.
El sistema educativo público, ya que es lo que tenemos, y ya que el privado vive encadenado por Papá-Estado, debe ser el reflejo de lo que es la sociedad y debe dar satisfacción a lo que la sociedad quiere, por mucho que a los soberanistas le disgusten las preferencias del pueblo al que dicen amar tanto de boquilla, porque, en realidad, lo detestan por españolista.
A día de hoy la sola idea de una sociedad gallegohablante monolingüe, al pueblo gallego lo que le produce, lejos de curarle de esa triste resignación que ellos le adjudican, es una violenta urticaria generalizada.
Las dos lenguas pueden convivir tranquilamente, y de múltiples maneras, como de hecho hacen. No veo razón alguna para que los padres no puedan elegir la lengua de escolarización de sus hijos, ni veo por qué se ha de forzar a los niños a estudiar en un idioma que no es el idioma de su casa si sus padres no desean tal cosa.
Aún nos queda, además, la cuestión de la educación privada. El cheque escolar y una libertad amplia para desarrollar programas y métodos permitiría la existencia de empresas educativas que tendrían que moverse en las reglas de juego del mercado, por lo que habrían de satisfacer la demanda de los clientes. Estoy seguro de que, en ese caso, las instituciones más exitosas serían las bilingües, pero no de gallego y español sino de español e inglés. Lo que es seguro es que no existiría una gran demanda de educación monolingüe en gallego. Eso lo saben muy bien los soberanistas como mi amable lector y esta es la razón de que la consecución de sus fines tenga que pasar, necesariamente, por el totalitarismo fascistoide. Sin violencia cohercitiva, tanto material como intelectual (y aquí el lavado de cerebro, la desinformación, la educación mítica frente al realismo histórico, representan un papel esencial que no hay que descuidar), no hay forma de que el pueblo gallego opte voluntariamente por cambiar su razonable bilingüismo, que da preminencia al español por puro pragmatismo, por un monolingüismo gallego asentado en la idea de la lengua-nación y el soberanismo en el que no cree y que no desea.
Lo que, desde luego, no es tranquilizador, es que el PP y el PSOE contra sus bases sociales le hagan el juego a los nacionalsocialistas totalitarios.

viernes, febrero 23, 2007

Sobre la entrevista de José María García: navajas que brillan en las alturas

García, genio y figura. El Imperio del Mal acaba de colocar a uno de los suyos al frente de la radiotele pública. Y primera jugada maestra con la entrevista de José María García. La está viendo mucha gente en Internet y todo el mundo está hablando de ella. Se está convirtiendo a toda pastilla en leyenda urbana. Denle un par de semanas y la gente afirmará con toda seriedad que García desveló la verdad sobre el asesinato de Kennedy ante el Loco de la Colina, quien, por cierto, se está haciendo el loco con mucha diligencia en este asunto, lo cual no me extraña, pues no me parece que tenga madera de héroe aunque entreviste bien.
Anyway, la entrevista es interesante y aporta una información que habitualmente no posee la gente de la calle, a quien se ofrece de las alturas un mundo de joyas, coches deportivos y bellezas, oropeles para unos sátrapas estéticamente dignificados por el maquillaje del lujo, por la cosmética del Poder y del poder. Es información especialmente interesante para la gente independiente porque a los fans, a los hooligans, no les va a aportar otra cosa que razones para sus filias y sus fobias. Pero, en fin, no es esa la cuestión. Tampoco lo es la falsa acusación de que se trata de una entrevista rebosante sólo de insultos sin interés. Se veclaramente la excusa pergeñada a toda prisa.
Es, en definitiva, muy difícil ver el daño que pueden causar las palabras de García, sabiendo como sabe cualquiera que su intervención en TVE se conocería íntegramente al día siguiente. Si no se busca evitar un daño, ya imposible de evitar, sólo cabe la maquiavélica idea de una popularización forzada.
Por tanto, cabe preguntarse ¿a quién beneficia, entonces, la popularización de la entrevista? Si se acabara emitiendo en TVE habría beneficiado enormemente al PSOE, porque un periodista de la derecha dando estopa a la derecha, a su líder predilecto e, incluso, a sus líderes de opinión, es algo impagable para la progresía nacional.
Un aspecto colateral que no deja de ser interesante para quienes seguimos la vida de los medios de comunicación como un objeto en sí mismo: conocer la reacción de Federico Jiménez Losantos, por lo que pudiera revelar de la intrahistoria. Moderada, nada relevante, consecuencia, en parte, de que FJL no sale mal parado de la entrevista de García. Sale peor su amigo Luis Herrero, al que se ve obligado a defender. La acusación de García a LH de haberse vendido al PP tampoco tiene
mayor importancia en mi opinión. LH se dignifica cada día manteniendo su independencia a pesar de ser eurodiputado del PP y García no habla de una venta "material" o pecuniaria.
En definitiva el que sale verdaderamente mal parado, en el ámbito político es Aznar, del que García afirma cosas que pensamos muchos, FJL incluído.De hecho las críticas de García a Aznar por su papel en la política de medios difieren en muy poco de las que recibe de parte de FJL sobre esta materia.
Una hipótesis razonable es que el nuevo jefazo de RTVE se acaba de ganar un período de gracia por parte del PP, bien con intervención del PSOE o bien sin ella. Esto último es más que dudoso, especialmente si como dice JMG, Florentino Pérez tiene amigos íntimos sentados en el Consejo de Ministros y aledaños, puesto que alguno en el PSOE pudo haber matado dos pájaros de un tiro vendiendo el mismo favor a Aznar y a Florentino Pérez, aquel ser superior de Butragueño (qué vergüenza).
Lo malo para los conspiradores de salón es que estas zarandajas acaban teniendo siempre un efecto bumerang que no es fácil de controlar, y además generan facturas que no siempre se pueden asumir.
En cualquier caso, lo cierto es que queriendo o sin querer, JMG acaba de rendir un nuevo servicio a su país al abrir para los ciudadnos de a pie una rendijita por la que podemos observar cómo se las gastan algunos en las alturas. Navajas que brillan en las alturas.

PP y PSOE de rodillas ante el nacionalismo gallego (Y mi hija no podra estudiar en su lengua materna)

Mi hija, a la que enseño todo el gallego que puedo, como le enseño cositas en inglés y como le enseño cositas en francés, tiene como lengua materna el español. Exactamente igual que lo tuve yo y mi padre y mi madre y mis cuatro abuelos y la mayoría de mis bisabuelos. Más allá no tengo información, aunque supongo que cuanto más lejos avanzase en mi genealogía más gallegohablantes encontraría. Cosas de la historia que no deberían afectarme hoy, en el 2007.
En mi vida particular yo he conseguido tener un buen gallego y hasta lo empleo profesionalmente. Pero la lengua tengo más metida en mi ser es el español. Y lo mismo le ocurre a mi hija. Mi hija irá el próximo año al "cole de mayores", como ella misma dice. Tiene reservada una sorpresa. Allí le van a hablar en gallego al menos la mitad del tiempo, aunque nada impediría que le hablasen el 100% (nada excepto que Vigo es una ciudad muy castellanohablante, lo cual no garantiza nada, claro está, como explico en las siguienets líneas). Es decir, a mi hija le acaban de usurpar el muy elemental derecho de ser educada en su lengua materna por obra y gracia de las tres fuerzas políticas parlamentarias de la Comunidad Autónoma de Galicia.
La situación tiene diversas aristas que van desde lo ridículo a lo fascista. En primer lugar, señalaré que se produce gracias al pacto entre tres fuerzas políticas, dos de las cuales no son nacionalistas. No sólo eso: son abiertamente antinacionalistas. En Galicia hay un pequeño partido nacionalista (un conjunto de minúsculos partidos, en realidad) que, además está sobredimensionado en cuanto a representación política puesto que cuenta con un gran granero de votos juveniles que creen que es el único partido contestatario y otro gran granero de votos de carácter, digamos, regionalista, que está muy alejado de cualquier veleidad soberanista pero que, sin embargo, siente de manera acusada la mucha desconsideración con que los gobiernos nacionales han tratado a su comunidad autónoma (voto frívolo pero motivos reales).
Pero es que, por si fuera poco, esta sobredimensión de la delegación de representación por medio del voto encuentra unos insospechados amplificadores en los otros dos partidos políticos, los cuales como he dicho, han sido tradicionalmente hostiles al nacionalismo. El PSOE de Galicia ha sido especialmente hostil hasta ahora con el nacionalismo (en toda su historia autonómica cada vez que se presentaba en sus congresos una candidatura con el marchamo de "galeguista" obtenía un sonoro fracaso en su repercusión sobre la militancia). No obstante, tanto en el PP como en el PSOE, siempre ha habido una corriente "galeguista" minoritaria, hecho éste más relevante de lo pudiera parecer.
La situación, pues, es la de un pequeño grupúsculo de partidos nacionalistas con los que, primero, la población gallega juguetea frívolamente atraída por los éxitos de la presión nacionalista en Cataluña y País Vasco, a pesar de no ser ella nada nacionalista y, segundo, este pequeño partido logra influir determinantemente en las decisiones de los otros dos partidos que no son en absoluto nacionalistas.
El PP y el PSOE son, en realidad, los que han logrado inventarse un nacionalismo gallego, ya que éste por sí sólo nunca habría podido lograr nada. El PP de Fraga imitó cuanto pudo a lo que absurdamente hemos conocido como "nacionalismo moderado" en España. El PSOE, cuyo odio visceral al nacionalismo en Galicia está totalmente acreditado, acabó formando Gobierno con él, en dos ocasiones.
El producto es absurdo. El presidente de la comunidad se empeña en hablar un gallego que es sencillamente deleznable, a pesar de que la mitad, por lo menos, de los gallegos tenemos por lengua materna el castellano. Vean este ejemplo: es conocida la anécdota en la que una conselleira ante los medios de comunicación empieza a hablar en un gallego con el que no hubiese aprobado el BUP ni de broma y acaba hablando en español por que es lo que le sale de forma natural y al darse cuenta pide a los periodistas volver a empezar para poder hacerlo en ese gallego que aquí llamamos castrapo, versión del gallego en la 4 de cada 5 palabras son en español y la que queda está o mal dicha, o mal pronunciada o es un invento con apariencia gallega. Este es el gallego que hablan la mayoría de los políticos gallegos, empezando por el presidente de la Xunta y siguiente por el líder de la oposición. Es decir, tipos que se aplican a sí mismos el régimen de presión totalitaria tan querido al nacionalismo. De psiquiatra.
El nacionalismo, allá donde existe, tiene por característica esencial su pasión por esta ingeniería social, a través de la cual habrá de hacer realidad sus sueños: porque la realidad de una ciudadanía con libertad de acción es su pesadilla. En Galicia los nacionalistas siempre han sido vistos con reticencia y no caen bien a la mayoría. Esto debería facilitar las cosas, pero hete aquí que ante la falta de capacidad para poner en marcha su cirugía dictatorial sobre la población, han sido los partidos no nacionalistas los que han corrido en su ayuda para poder llevar a la práctica los sueños de recuperación de la Suevia mítica (esa que tampoco hablaba gallego, pero qué les importa eso a nuestros nacionalsocialistas) . Si le dejaran a la población hacer lo que le diera la gana, el gallego lo tendría muy mal en Galicia y como los nacionalistas prefieren su idea de Galicia (monolingüe) antes que a los gallegos reales, han decidido que éstos no van a hacer lo que les de la gana, naturalmente. No les gusta lo que hay, así que construcción nacional al canto. Su nación tiene más derechos que sus nacionales, los cuales no tienen partidos que les defiendan, porque los partidos no nacionalistas gallegos se amoldan mansamente a las exigencias de los nacionalistas. Si quieren una explicación de este fenómeno, tal vez deberíamos hacer pasar por el diván del psicoanalista a nuestro estamento político. Tiene sentido que los nacionalistas sean unos paletos energúmenos pero no encuentro explicación a que los no nacionalistas, que son más y en mejor situación, se dejen comer las papas sin presentar batalla.
El año que viene mi hija tendrá que empezar a estudiar en una lengua que no es su lengua materna y empezarán a contarle una milonga histórica y la ilustrarán con un "coñecemento do medio" en el que el río más importante del mundo será el Miño. Y no habrá ocurrido porque una parte considerable de la población haya caído presa del ensimismamiento mítico nacionalista como en el País Vasco, ni porque una parte importante de la población haya sido convencida absurdamente de que lengua y nación es lo mismo, porque aquí, en contra de lo que sucede en Cataluña, y a pesar de que la lengua gallega es muy hablada y muy querida, no sucede eso, ni siquiera porque un partido político sea utilizado por el estamento política con la excusa nacionalista para conseguir cosas más o menos dignas para su territorio o se haya constituído en lobby de presión como sucede en en Canarias. Aquí se va imponiendo poco a poco el nacionalismo gracias a la labor idiota de dos partidos no nacionalistas, con militancia y voto claramente no nacionalista, que unidos representan a un 80% de los votantes. Unos partidos cuya estupidez congénita ha permitido que los nacionalistas gallegos pasaran de no ser nada hace 20 años a tener el 18% de los votos.
Puestos a buscar explicaciones, al menos el PSOE tiene la excusa de su origen internacionalista y su poco aprecio tradicional por la nación española. Pero ¿y el PP?¿Qué puñetera excusa puede ofrecer?
Y, en fin, así es como España se entrega a sus enemigos y como mi hija se va a quedar sin estudiar en su lengua materna. Dan ganas de bajarse en la próxima.

jueves, febrero 22, 2007

Girauta en Vigo: optimismo liberal y combativo

Charla de Juan Carlos Girauta ayer, miércoles 21, en Vigo. El columnista de Libertad Digital ofreció a los asistentes un discurso divertido, mordaz, culto, optimista, combativo e inequívocamente liberal.

He estado en otras conferencias, charlas, o coloquios en los cuales los presentes pudimos asistir a constantes manifestaciones de entusiasmo y emotividad. Luis del Pino, Gotzone Mora, Pío Moa, recuerdo ahora a bote pronto, fueron constantemente interrumpidos por un público vigués ávido de hacer públicos sus sentimientos y emociones, compartirlos con otros. La era Zapatero está provocando en muchos una gran frustración, un gran deseo de "hacer algo".

Son muchos los que apenas pueden contener su enfado, que se consideran agredidos personal y colectivamente, que sienten hervir su sangre al ver como un presidente nacido para la ejemplificar la expresión "elefante en la cacharrería" arrampla con todo lo que se le pone por delante, en lo sagrado y en lo profano, en el terreno de la gestión como en el terreno de los principios. Estos muchos son los que no pueden reprimir sus aplausos, sus vivas y hasta sus lágrimas (había que ver aquel auditorio sobrecogido por las palabras de Gotzone Mora y del cual surgían por doquier gritos de "heroína" ante la actitud ciertamente heroica de la socialista vasca).

Recuerdo, por ejemplo, que el aplauso más largo de la conferencia de Luis del Pino se lo llevó una persona del público que intervino en el coloquio, que se presentó como socialista y ugetista desde la cuna hasta la muerte y español más allá de ella y que animó al periodista a no cejar en su empeño de investigar el 11-M. Es lógico porque se trataba de un público casi totalmente compuesto por personas de derechas, en cualquiera de sus corrientes, y que, fiel ejemplo de lo que ocurre en la derecha social, está verdaderamente desesperada porque la izquierda española modifique el absurdo, destructivo y muchas veces inmoral rumbo que ha tomado en los últimos tiempos, pero que comprende las dificultades a las que se enfrentan los progresistas razonables que no renuncian ni a la idea de España ni al consenso en ciertas materias con la derecha ni a la confrontación civilizada de ideas y propuestas. Se vió perfectamente, por ejemplo, este anhelo profundo de que surjan propuestas de izquierdas alejadas del zapaterismo cuando la derecha en pleno recibió entre vítores el nacimiento de Ciudadanos en Cataluña.

La conferencia de Girauta ayer en Vigo fue por otros derroteros y ni siquiera fue interrumpida una sola vez. Se trató de una exposición anclada en la ironía, muy sólida en términos intelectuales y que no acudió en ningún momento a estrategias demagógicas para hacerse con el público: y nada más fácil en la época de Zapatero que apelar a las bajas pasiones, estando como estamos todos hasta el gorro de los acontecimientos que día tras día se producen en la España de hoy.

Por ello resulta especialmente repulsivo, aunque bien ilustrativo, que hombres como Juan Carlos Girauta sean ubicados por el "Régimen" vigente en la extrema derecha (o en la derecha extrema, como dicen ahora, expresión ésta de la que nuestro conferenciante hizo divertida mofa). Este "hijo de puta" de Libertad Digital (Bardem madre, dixit, como antaño una conocida columnista de El País dijo también en referencia a los votantes del PP) hizo una charla muy divertida, cordial, sin dramatismos, sin apelaciones a lo mítico o a lo sentimentalista: una charla inequívocamente liberal.

Bastaban quince minutos de conferencia para comprender la razón del odio con que distinguen a Girauta como a todo el nuevo liberalismo español empezando por su líder intelectual, Federico Jiménez Losantos, nuestros progres nacionales. En realidad bastaba un minuto, que es el tiempo necesario para apreciar que este nuevo liberalismo español está desplazando a la derecha vergonzante, mientras surge como una derecha orgullosa de sí misma. Una derecha que está plantando batalla en el terreno de las ideas con el nada sorprendente resultado de dejar en evidencia a un supuesto "progresismo" que lleva mucho tiempo sin hacer una sola propuesta que pueda servir para algo, o que, por lo menos, sea susceptible de ser discutida, lo que ya de por sí la dignificaría. Como puso de relevancia Girauta en su conferencia, se hace muy evidente que el liberalismo tiene propuestas, que serán más o menos acertadas pero que existen, con las que tratar de abordar los problemas a los que se enfrenta este mundo globalizado que es extremadamente complejo. De hecho, se hace tan evidente como el vacío intelectual de nuestros progres. Las recetas de éstos oscilan entre las manifestaciones grandilocuentes y el autoconvencimiento de su superioridad moral: otro mundo mejor es posible; la culpa de los males del mundo es de EE.UU e Israel y las multinacionales que destruyen el planeta y esclavizan a los pueblos, además de provocar un cambio climático que acabará con la vida sobre la Tierra; la energía nuclear es muy mala; y si los países ricos quisieran acabarían con el hambre y comeríamos perdices y seríamos muy felices. Nunca se escuchará a un progre explicar cómo sería posible, por ejemplo, acabar con el hambre en el mundo ni qué propone en lugar de lo que ellos llaman capitalismo salvaje.

Así que es normal que la respuesta ante este Girauta como ante cualquier otro Girauta sea siempre y en todo momento la de llamarle llamarle alguna de las cuatro cosas que tienen siempre preparadas en la lengua nuestros comprometidos (?) habitantes de la comprometida (?) progrelandia.

Pero para una persona desprejuiciada resulta totalmente imposible encontrar algún parecido entre este intelectual divertido, culto y profundo que no esconde ni sus principios ni sus ideas con un Ynestrillas, un Blas Piñar y ya no digamos un Franco o un Pinochet. Pretender que existe alguna remota semejanza es una memez que no se creen ni quienes lo afirman dejando un señal inequívoca de su desconcierto y su incapacidad.

Como decía no hubo grandísimas emociones en la conferencia pero sí hubo una curiosa reacción en el público: un constante murmullo de asentimiento. Porque es imposible que no nos sintamos identificados unos con otros cuando todos somos enfrentados de la misma manera al intentar exponer nuestras ideas en el ámbito de nuestras amistades, en el familiar, en el laboral o en la blogosfera. Todos somos ese "hijo de puta de Libertad Digital"; todos somos los condecorados con un "cordón sanitario" a nuestro alrededor; todos somos los rechazados por Carnicero cuando le ofrecen un debate con un periodista de LD porque "él sólo debate con personas"; todos somos constatemente calificados de fachas, de casposos, de antidemocráticos, de pro-imperialistas, de xenófobos, de cavernícolas, de defender un sistema injusto, ah, y también de anticatalanes, antivascos o antigallegos, aunque uno sea catalán, vasco o gallego.

Me divirtió mucho ver al público, a jóvenes y mayores, a los vestidos al más clásico modo o a los que llevan pendiente y zapatos rojos, a los de habla cultivada y a los de expresión indocta pero no idiota, asentir, sonreír, comentar con el de al lado "lo que a mí, lo que a mí" cuando Girauta como buen intelecual sacaba punta a las anécdotas para llegar a la categoría, a sus conclusiones generales.

Ayer Girauta no removió los sentimientos de nadie ni forzó a un auditorio a levantarse en armas. Pero sí que logró que un grupo de personas que pertenece a otro grupo mayor cada vez más inclinado a la melancolía por los acontecimientos, se levantase con una sonrisa de oreja a oreja y con la convicción de que se puede resistir en una rebeldía cívica aunque los acontecimientos se pongan muy en contra si los principios son firmes y si se tiene la razón: pero sobre todo si uno se esfuerza en tener los argumentos mejores y adopta una postura combativa intelectual e ideológicamente hablando en la misma cotidianeidad.

Y la gente se fue con ganas de reírse en la cara del primero que abra la boca para decir facha: "ya te estás esforzando para explicar por qué soy facha, amigo, porque a mí el facha me lo pareces tú". Algo así es lo que ha puesto Libertad Digital sobre el tapete sociopolítico de España, con tipos brillantes como Girauta en primera línea. Y los "progres", algo bastante distinto de un izquierdista cabal, lo cual escasea, como nuestro analista político no se cansó de repetir ante su público de derechas, alucinan ante lo que es un radical cambio de circunstancias.

En definitiva, un magnífico discurso optimista por la razón cívica frente a la sinrazón del sentimentalismo, por el Estado de Derecho frente a la arbitrariedad sectaria, por la profundidad ante la complejidad frente a las explicaciones omnicomprensivas, por el argumento fino frente al cliché de brocha gorda, por el liberalismo frente al totalitarismo, por la confrontación de ideas frente al discurso declarativo, por el orgullo frente al complejo. Y por la España de la ciudadanía frente a la Confederación Cantonal de la ingeniería social.